recibe pequeños mensajes de gracia todos los días

sábado, 16 de mayo de 2026

Habla La Palabra

 Inspiración De Gracia


Pero teniendo el mismo espíritu de fe, según lo que está escrito: “Creí, por tanto hablé,” nosotros también creemos, por lo cual también hablamos.  2 Corintios 4:13

Amado, no es suficiente con que solo sepas la Palabra en tu corazón.  Tú debes hablarla.  Es así como el poder latente se convierte en poder real.  Cuando nuestro Señor Jesús fue tentado en el desierto, Él no solo pensó en las Escrituras.  Él las habló en voz alta.

Tú puedes memorizar miles de escrituras, pero si no aprendes a decir: “Escrito está” y liberas la Palabra, no habrá poder.  El poder de Dios está allí, pero está dormido dentro de ti.

En el momento en que tú lo hablas, es como si Dios estuviera hablando.  La Palabra de Dios en tu boca es como Dios hablando.  ¡Amén!

El temor no es algo que tú puedas razonar o analizar.  El temor es irracional.  Hay algunos temores que vienen a tu vida y tú puedes pensar para ti mismo: Vamos, ¿cuáles son las posibilidades de que eso suceda? o Es tan tonto temer esto.

Pero, ¿has notado que esos temores todavía se quedan ahí rondando?  Nosotros estamos en una guerra, amigo, y la única manera de vencer el temor es hablar la Palabra de Dios a cualquier temor que tengas, diciendo: “Escrito está.”

Escrito está —“Porque no nos ha dado Dios espíritu de temor, sino de poder, de amor y de dominio propio.” (2 Timoteo 1: 7)

Quiero que memorices esto.  Este es un poderoso versículo de las Escrituras.

Ahora, quiero que digas esto en voz alta: Escrito está —“Porque no nos ha dado Dios espíritu de temor, sino de poder, de amor y de dominio propio.”  ¿Sientes el poder que viene al decir esto en voz alta?

Esta es la verdad: Dios no nos ha dado espíritu de temor, sino de poder, de amor y de dominio propio.  No importa con qué tipo de temores estés luchando —temor a envejecer, temor a contraer esta o aquella enfermedad, temor a perder tu trabajo, temor al fracaso.  Cualquiera que sea el temor que ha venido contra ti, declara: “Escrito está.”

¿Y si el temor vuelve?  ¡Entonces dilo de nuevo!  A veces, yo hablo las Escrituras sobre mi situación por la mañana, por la tarde y por la noche.  Siempre que el temor vuelve, yo hablo la Palabra de Dios.

Si el diablo quiere pelea, ¡dale pelea!  Saca la espada del Espíritu y él entenderá tu punto cada vez.  Hay muchas escrituras que tú puedes memorizar.  ¡Escribe las Escrituras que cubran tus áreas de necesidad y ármate con ellas!

Viendo a través de los ojos de la fe,

Joseph Prince

viernes, 15 de mayo de 2026

No Consideres Tu Propio Cuerpo

 Inspiración De Gracia


Y [Abraham] no se enflaqueció en la fe, ni consideró su cuerpo ya muerto (siendo ya de casi cien años), ni la matriz muerta de Sara.  Romanos 4:19, RVA

¿Qué debes hacer cuando sigues enfrentándote a los síntomas o incluso cuando el enemigo te sigue recordando de una y otra persona que no fueron sanados?  Continúa participando de la comunión de la Santa Cena y agradeciendo al Señor porque todo lo que necesitas para tu sanidad ya ha sido provisto para ti por medio de la cruz.

La Escritura nos dice que Cristo ya te ha redimido de la maldición de toda enfermedad y dolor. (Gálatas 3:13)  Cuando nuestro Señor Jesús instituyó la comunión de la Santa Cena, Él tomó la copa y “dio gracias”. (Mateo 26:27)  La palabra griega para dar gracias es eucharisteo, que significa “expresar gratitud”.

Por eso, la Santa Cena también se conoce como Eucaristía.  Tú das gracias por algo que ya está hecho, algo que ya has recibido.  Así que, incluso si los síntomas todavía están en tu cuerpo, tú puedes dar gracias y llamarte a ti mismo sanado, porque Su Palabra declara que “por Sus llagas fuimos nosotros sanados.” (Isaías 53:5)

No intentes “obtener” sanidad para ti o tu ser querido.  ¡La sanidad ya es tuya!  El enemigo ha sido despojado. (Colosenses 2:15)  Jesús ya te ha dado salud divina.  Recuerda esto siempre: como creyente, tú no luchas por la victoria; tú luchas desde la victoria.

Amigo, seamos como Abraham, que estaba convencido de que Dios podía hacer lo que Él había prometido.  Incluso aunque Abraham era ya de edad muy avanzada, él creyó la promesa de Dios de que Él lo haría padre de muchas naciones y no consideró su propio cuerpo, ni la matriz muerta de su esposa Sara.

Y ustedes conocen la historia: Isaac le nació a Abraham cuando él ya tenía cien años (Génesis 21:5) y cuando Sara tenía unos noventa.  En lo natural, eso era imposible ya que ambos habían pasado la edad natural para tener hijos.

Pero Abraham no consideró la muerte de su propio cuerpo; él consideró la promesa de Dios.  Romanos 4:20–21 nos dice que “respecto a la promesa de Dios, Abraham no titubeó con incredulidad, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios, y estando plenamente convencido de que lo que Dios había prometido, poderoso era también para cumplirlo.”

De la misma manera, quiero animarte a ser como Abraham.  No consideres los síntomas de la enfermedad en tu cuerpo.  En cambio, fija tus ojos en nuestro Señor Jesús y considera la promesa en la Palabra de Dios, que declara que por las llagas de Jesús tú ya estás sano.  Sigue tomando la Santa Cena con fe, agradeciendo a Jesús que Su cuerpo fue destruido para que el tuyo esté sano.  Y mientras la tomas, tal como los hijos de Israel, prepárate y sigue esperando tu liberación física.

Viendo a través de los ojos de la fe,

Joseph Prince

jueves, 14 de mayo de 2026

Tu Respuesta Se Encuentra En Una Persona

 Inspiración De Gracia


¡Miserable de mí!  ¿Quién me libertará de este cuerpo de muerte?  Gracias a Dios, por Jesucristo Señor nuestro.  Romanos 7:24-25

La carne en nosotros puede producir toda una gama de emociones y pensamientos, desde derrota, celos, codicia y lujuria hasta ira, inferioridad, condenación y arrogancia.  Mientras estemos en este cuerpo físico, la carne está activa en nosotros.

Pero podemos regocijarnos porque cuando Jesús murió en la cruz, la Palabra de Dios nos dice que Él “condenó al pecado en la carne.” (Romanos 8:3)  Todos los pensamientos negativos y las emociones tóxicas de la carne ya han sido juzgados y castigados en la cruz.  Hoy nosotros podemos experimentar la victoria sobre la carne a través del poder de la cruz.

Puedes leer todo acerca de la lucha del apóstol Pablo con la carne en Romanos 7:18-19: “Porque yo sé que en , es decir, en mi carne, no habita nada bueno; porque el querer está presente en , pero el hacer el bien, no.  Pues no hago el bien que deseo, sino que el mal que no quiero, eso practico.”

¿Notaste cuántas veces las palabras “yo”, “mí” y “mi” son mencionadas en los dos versículos anteriores?  Estoy seguro de que puedes identificarte con el apóstol Pablo aquí, en su lucha con la carne.

Esta es la lucha que todos enfrentamos cuando estamos ocupados con nosotros mismos y peleamos con la carne que llevamos dentro.  Es una vida de aflicción, angustia, derrota y desesperación.

No es allí donde Dios quiere que vivas, amigo.  Un creyente no vive en el capítulo 7 de Romanos.  Por medio de Cristo Jesús, nosotros deberíamos estar viviendo en el capítulo 8 de Romanos.  Sigamos leyendo y descubramos cómo Pablo se liberó de esa esclavitud del yo.

Solo unos pocos versículos después, Pablo clama: “¡Miserable de mí!  ¿Quién me libertará de este cuerpo de muerte?” (Romanos 7:24)  La respuesta, amigo, se encuentra en una persona, y Pablo nos dice que esta persona es Jesús“Gracias a Dios, por Jesucristo Señor nuestro.” (Romanos 7:25)

Solamente nuestro hermoso Salvador, Jesucristo, puede librarnos de la carne.  Y en Cristo nosotros podemos entrar en el primer versículo del capítulo 8 de Romanos, el cual proclama: “Por consiguiente, no hay ahora condenación para los que están en Cristo Jesús.”

Es aquí en donde nosotros, como creyentes del nuevo pacto, debemos vivir.  No en el dominio de la lucha constante y la desesperación, sino en el dominio de la no condenación y la victoria.

Viendo a través de los ojos de la fe,

Joseph Prince