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lunes, 17 de agosto de 2026

¿Qué Hay De La Ira De Dios?

 Inspiración De Gracia


Al día siguiente vio a Jesús que venía hacia él, y dijo: “He ahí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.”  Juan 1:29

Cuando estaba creciendo en el Señor, yo solía imaginar a Dios como un anciano, serio, con cabello blanco, cejas blancas y una barba blanca.  Solía verlo sosteniendo un gran mazo, esperando para golpearme en la cabeza tan pronto como yo fallara o cometiera un error.  Por supuesto, cuando crecí en mi comprensión de Dios, yo comencé a verlo sin ese gran mazo amenazador, pero Él aún no tenía una sonrisa y aún me parecía muy viejo.

Todavía recuerdo cómo, siendo un adolescente, yo estaba orando un día cuando escuché la voz de Dios que me decía: “Hijo, ¿por qué Me imaginas así, como un anciano?”  Yo con toda confianza le respondí: “Bueno, Tú eres un Padre y así es como se ven los padres, ¿cierto?”  Él respondió: “Hijo, ¿sabías que envejecer es parte de la maldición que vino sobre la tierra debido al pecado de Adán?  En el cielo no hay maldición.  Nosotros somos jóvenes por siempre.”

Cuando lo escuché decir eso, de pronto, yo comencé a ver a Dios como el mismo Dios que habló con Abraham como un amigo debajo de los árboles de terebinto y le mostró las estrellas, el mismo Dios que partió el Mar Rojo y liberó a los hijos de Israel de la esclavitud, el mismo Dios cuya mano de favor hizo a un joven pastor rey sobre todo Israel.  Así es como yo veo a mi Dios hoy.  ¡Él es joven por siempre, fuerte y amoroso!  Él no está empuñando un mazo, listo para castigarme.  Sus brazos están completamente abiertos, listos para abrazarme.

Amigo, ¿estás viendo a Dios como un juez anciano o como un Padre amoroso de aspecto joven?  ¿Ves hoy a un Dios enojado o a un Dios que está sonriendo, listo para abrazarte?  Debido a la obra terminada de Jesús, yo finalmente llegué a ver que nosotros ya no estamos bajo el pacto de la ley donde Dios está feliz contigo a veces y enojado contigo en otras ocasiones.  Hoy, Él nunca se enojará contigo, sino que siempre te aceptará, te amará y te favorecerá debido a Jesucristo.

Hace años, un hombre de aspecto muy perturbado se me acercó corriendo después de que prediqué un sermón y me dijo: “Pastor, usted habló sobre el amor de Dios, ¡pero la Biblia también dice que Dios es ira!”  Yo le expliqué que aunque Dios tiene ira, la Biblia nunca define a Dios como ira.  En cambio, según la definición de la Biblia, Dios es amor. (1 Juan 4:8)  Luego él exclamó: “¡Pero Pastor Prince, yo algunas veces veo en la Biblia a Dios estando enojado!”

Le expliqué: “Cuando nosotros vemos a Dios estando enojado en el Antiguo Testamento y en el libro de Apocalipsis, Su enojo es hacia aquellos que lo han rechazado a Él y a Jesús.  Pero para ti y para mí, creyentes en el nuevo pacto, nosotros nunca seremos castigados porque nosotros ya recibimos a Jesús.  Como creyentes, Dios no está enojado con nosotros porque toda Su ira por nuestros pecados cayó sobre Jesús en la cruz.  Jesús se convirtió en el Cordero de Dios que quitó todos nuestros pecados.  En la cruz, Él clamó: “Dios Mío, Dios Mío, ¿por qué Me has abandonado?”  ¿Por qué crees que Él exclamó eso?  Él exclamó eso a gran voz para que todos nosotros supiéramos específicamente que en ese momento, la ira de Dios cayó sobre Él.  Él se convirtió en nuestra ofrenda por el pecado y el fuego de la ira de Dios lo castigó por completo.  El que no conoció pecado se convirtió en nuestro pecado, para que tú y yo, que ya somos creyentes, nunca experimentemos la ira de Dios.”

 Después de haberle explicado esto, este precioso hermano me dio las gracias.  La mirada perturbada que estaba arrugando su rostro había dado paso a una sonrisa.  Yo creo que mientras él se alejaba, había paz y certeza en su corazón de que Dios no estaba enojado con él porque sus pecados ya habían sido completamente juzgados en la cruz del Calvario.  ¡Aleluya!

Es hora de poner fin a la confusión acerca de la ira de Dios y comenzar a ver a Dios por quien Él realmente es.  Dios es (tiempo presente) amor.  Cree que Jesús, el Cordero de Dios, quitó todos tus pecados y que Su gracia está brillando sobre ti.  ¡Tú eres Su hijo amado, en quien Él se complace!

Viendo a través de los ojos de la fe,

Joseph Prince

domingo, 16 de agosto de 2026

Él Quiere

 Inspiración De Gracia


Y cuando bajó del monte, grandes multitudes le seguían.  Y he aquí, se le acercó un leproso y se postró ante Él, diciendo: “Señor, si quieres, puedes limpiarme.”  Y extendiendo Jesús la mano, lo tocó, diciendo: “Quiero; sé limpio.”  Y al instante quedó limpio de su lepra.  Mateo 8:1-3

Si has tenido dudas sobre la voluntad de Jesús de sanarte, debido a tus pecados y defectos, quiero mostrarle cómo Jesús sanó a alguien que estaba descalificado y considerado impuro según la ley levítica.  Mateo 8 se desarrolla en el Monte de las Bienaventuranzas justo después de que Jesús predicó el Sermón del Monte, y comienza con los versículos mencionados anteriormente.

Uno de mis lugares favoritos para visitar en Israel es el Monte de las Bienaventuranzas.  Hace algunos años, yo subí hasta donde Jesús podría haberse sentado mientras Él predicaba a las multitudes que estaban abajo, luego caminé por un camino que me di cuenta que conducía hasta Capernaúm.

Yo siempre me había imaginado a Jesús bajando de la montaña hacia la multitud, pero me di cuenta de que si Él lo hubiera hecho, entonces no diría “grandes multitudes le seguían.”  Es muy probable que Él haya tenido que bajar por el otro lado de la montaña hacia Capernaúm para que las multitudes lo siguieran.  Solo un versículo después de que Jesús sanó al hombre con lepra, la Biblia nos dice que Él entró en Capernaúm (Mateo 8:5), así que eso tiene sentido para mí.

Mientras caminaba por ese camino, llegué a un enorme cúmulo de rocas a un lado y noté otras losas de piedra esparcidas cerca.  De repente, sentí que el Señor me detuvo y comenzó a darme una visión interior.  Yo vi cómo el hombre con lepra pudo haberse escondido detrás de esas rocas para poder escuchar a Jesús predicar sin ser visto por las multitudes.  Si lo hubieran visto, siendo inmundo a causa de su lepra, las personas que repugnaban su condición podrían haberle arrojado piedras para ahuyentarlo.

Yo vi la angustia del hombre cuyo cuerpo estaba cubierto de llagas leprosas y carne viva expuesta, y que también se había visto obligado a aislarse y separarse de sus seres queridos para no contaminarlos ni deshonrarlos. (Levítico 13:45-46)  Yo vi la desesperación del hombre que se arrojó ante Jesús, adorándolo mientras decía: “Señor, si quieres, puedes limpiarme.”  Y vi la belleza y la majestad de nuestro Señor Jesús cuando Él tocó al hombre con lepra y dijo: “Quiero; sé limpio.”

En ese momento, el Señor no solo restauró la salud del hombre, Él también restauró su humanidad.

Que Jesús tocara a un leproso es asombroso.  Según la ley, cuando el limpio toca al inmundo, el limpio se vuelve inmundo.  Nuestro Señor Jesús estaba mostrando que bajo la gracia, cuando el limpio (Jesús) toca al inmundo, ¡el inmundo se vuelve limpio!  Jesús no se contaminó al tocar al hombre con lepra —Él la desterró.  Amado, Él hará lo mismo por ti.

Viendo a través de los ojos de la fe,

Joseph Prince

sábado, 15 de agosto de 2026

Confesión De Pecados

 Inspiración De Gracia


Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonarnos los pecados y para limpiarnos de toda maldad.  1 Juan 1:9

Una pregunta que me hacen a menudo sobre el perdón total de los pecados es: ¿Qué pasa con la confesión de pecados de la que se habla en 1 Juan 1:9?  ¿No tenemos que confesar nuestros pecados para ser perdonados y limpiados de toda maldad?

He compartido en varias ocasiones sobre mi propia lucha pasada con 1 Juan 1:9, hasta el punto de obsesionarme al tratar de confesar cada pecado y vivir tan consciente de pecado que creí que había perdido mi salvación.  Por ahora, quiero compartir con ustedes una revelación fresca y poderosa a la que el Señor abrió mis ojos al momento de escribir esta lectura.  En mi estudio, Él me pidió que examinara la palabra “pecados” en 1 Juan 1:9 y que viera si es un sustantivo o un verbo en el texto griego original.  ¿Estás listo para esto?

En los dos casos en los que vemos la palabra “pecados” en 1 Juan 1:9, se usa el sustantivo griego hamartia.  Según el conocido erudito bíblico William Vine, hamartia (“una falta de marca”) indica “un principio o fuente de acción, o un elemento interno que produce actos... un principio o poder que gobierna.”  En otras palabras, se refiere al principio del pecado o nuestro estado pecaminoso debido al pecado de Adán.  Al usar la forma sustantiva de esta palabra, Juan claramente no se estaba refiriendo a nuestra comisión de actos individuales de pecado, o habría usado la forma verbal, hamartano.

A la luz de esto, ¿puedes ver cómo 1 Juan 1:9 no está hablando sobre confesar nuestros pecados cada vez que pecamos en pensamiento o en hechos?  Juan estaba hablando de la necesidad de reconocer y confesarle a Dios que somos pecadores debido al pecado de Adán, así como de recibir el perdón total de todos nuestros pecados a través de la obra terminada de Jesús.

¿Con qué frecuencia necesitamos hacer esto?  Sólo UNA vez.  Es por eso que 1 Juan 1:9 es principalmente un versículo de salvación, uno que anima al pecador a reconocer y confesar su estado pecaminoso o “pecaminosidad”, nacer de nuevo por la fe en nuestro Señor Jesucristo y tener su estado pecaminoso a través de Adán reemplazado con el nuevo estado de justificado a través de Cristo.

En el primer capítulo de 1 Juan, el apóstol Juan se estaba dirigiendo a la doctrina gnóstica herética que no se suscribía a la creencia en el estado pecaminoso del hombre.  Juan estaba animando a los gnósticos a confesar su estado pecaminoso, y recibir el perdón completo del Señor y la total limpieza de toda su injusticia a través de Su obra terminada en la cruz.

Ahora, ¿qué dice Juan entonces, acerca de que cometemos pecados después de convertirnos en creyentes?  Solo dos versículos más adelante en el segundo capítulo de 1 Juan, Juan responde esta pregunta al comenzar su discurso a los creyentes“Hijitos míos, os escribo estas cosas para que no pequéis.  Y si alguno peca, Abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo.” (1 Juan 2:1)  Esta vez, las palabras “pequéis” y “peca” son el verbo griego hamartano.  Juan ahora se está refiriendo a los creyentes que cometen pecados —sus pensamientos y acciones pecaminosas.  ¿Qué dice Juan al respecto?  Él nos recuerda que cuando nosotros fallamos, como creyentes, tenemos un Abogado para con el Padre —Jesucristo.

Gracias a nuestro Señor Jesús y lo que Él logró en la cruz, nosotros tenemos perdón y seguimos siendo justos ante Dios, incluso cuando hemos fallado.  Como el apóstol Pablo les recordó a los creyentes corintios que habían fallado, que ellos aún eran templo del Espíritu Santo, Juan nos recuerda a nosotros quiénes somos en Cristo y a quién tenemos representándonos a la diestra de Dios.

¿Puedes ver que la respuesta de la Biblia para vencer el pecado siempre es recordar a los creyentes su identidad de justos en Cristo?  Esto no es para animarnos a pecar, sino para animarnos a mirar a nuestro Señor Jesús, para ver nuestros pecados castigados en la cruz, y a vivir victoriosa y gloriosamente para Él.  Recuerda, eso es de lo que se trata el verdadero arrepentimiento —¡volverse a la cruz y regresar a Su gracia!

Cuando falles hoy, tú debes saber que puedes hablar con Dios honestamente sobre tus fallas, pero hazlo con la revelación de la cruz de nuestro Señor Jesús.  Mira tus pecados castigados en Su cuerpo, y recibe nuevamente Su perdón y Su favor inmerecido para reinar sobre tus pecados.

Viendo a través de los ojos de la fe,

Joseph Prince