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jueves, 23 de abril de 2026

Todas Tus Necesidades Cubiertas

 Inspiración De Gracia



El Señor es mi pastor, nada me faltará.  Salmos 23:1

Una bien conocida imagen de Dios como nuestro Pastor y sanador es articulada en el hermoso Salmo 23.  Este fue escrito por David, un pastor que vio al Señor como su Pastor.  Toma un momento y lee este salmo en tu Biblia.

Cuando tú veas al Señor como tu Pastor, nada te faltará, y eso incluye que no te hará falta salud.  Cualesquiera que sean las necesidades que tú tengas, nada te faltará porque tu Buen Pastor las cubre.

No es necesario que te hagas cargo de ti mismo tratando de encargarte de todo y vivir como si no tuvieras a Dios.  Cualquiera que sea la condición médica que estás enfrentando, mantente cerca del Pastor y permite que Él provea para ti.

¿Y notaste lo primero que el Pastor hace?  El salmista escribió: “En lugares de verdes pastos me hace descansar.” (Salmos 23:2)

Cuando tú le permites a Él ser tu Buen Pastor, Él te lleva a lugares de verdes pastos y te hace descansar.  Tú puedes descansar, porque Él provee para ti.  Él te lleva junto a aguas de reposo, donde tú puedes beber y refrescarte.  La palabra hebrea para “reposo” es manuka, que significa “descanso.”  Él te quiere en el lugar donde puedes descansar en la victoria que Él ya ganó en la cruz.

No es una coincidencia que muchos de los milagros de sanidad de Jesús tuvieran lugar en el día de reposo.  Él sanó a un hombre que tenía una mano seca (Mateo 12:10-13), a una mujer que estuvo encorvada durante dieciocho años (Lucas 13:10-13), a un hombre hidrópico (Lucas 14:2-4) y a otro hombre que tenía una enfermedad desde hacía treinta y ocho años, en el estanque de Betesda (Juan 5:2-9), todo en el día de reposo.

Dios le dijo a Su pueblo que guardaran el día de reposo como un día de descanso. (Éxodo 20:8-11)  Cuando nosotros descansamos, Dios trabaja; cuando nosotros trabajamos, Dios descansa.  No sé ustedes, ¡pero yo no puedo permitirme no tener a Dios trabajando en cada área de mi vida!

Quizás tú o tus seres queridos hayan estado lidiando con una enfermedad crónica.  Permíteme explicarte que “descansar” no significa que no hagas lo que tus médicos te han recomendado o que no realices los ejercicios de fisioterapia que te prescribieron, y que simplemente te sientes en tu casa en negación.  El descanso no es inactividad; es una actividad dirigida por el Espíritu en la que tú le permites al Espíritu Santo que te guíe en lo que debes hacer, y lo haces sin preocuparte porque sabes que Él tiene el control.

¿Quieres saber el resultado de permitir que el Señor nos dé descanso?

Déjame mostrarte lo que dijo el rey Salomón:

“Mas ahora el Señor mi Dios me ha dado reposo por todas partes; no hay adversario ni mal encuentro.”  —1 Reyes 5:4

¿No te encanta?  Oro para que tú experimentes esto en el nombre de Jesús —llegar a un lugar en donde no hay adversario ni un mal encuentro en tu vida.   ¡Amén!

Viendo a través de los ojos de la fe,

Joseph Prince

miércoles, 22 de abril de 2026

Recupera Tu Vida

 Inspiración De Gracia


Y toda la multitud procuraba tocarle, porque de Él salía un poder que a todos sanaba.  Lucas 6:19

Temblando ante la idea de ser visto y apedreado por la multitud, el hombre leproso se agachó detrás de una de las muchas losas de piedra que conformaban las laderas de las pintorescas colinas que enmarcaban el Mar de Galilea.  Él había venido a ver al hombre al que llamaban Jesús, quien según había escuchado, era un sanador.

La gente había estado hablando de cómo Jesús sanaba —de cómo todos los que se habían acercado a Él para ser sanados recibieron su sanidad.  Él no rechazó a nadie.  Cualquiera que fuera su condición —fiebre, parálisis, oídos sordos u opresión demoníaca— Él los sanó a todos.

Todos.  Esa pequeña palabra le dio la esperanza de que tal vez incluso él pudiera ser sanado.  Cuando llegó a las colinas, una gran multitud se había reunido en las laderas para escuchar las enseñanzas de Jesús.  Este pobre hombre enfermo no podía ver a Jesús desde donde se escondía atemorizado, pero debido a la acústica única de las colinas, él podía escuchar cada palabra que Jesús estaba hablando a la multitud:

«¿Y por qué preocuparse por la ropa? Miren cómo crecen los lirios del campo.  No trabajan ni cosen su ropa; sin embargo, ni Salomón con toda su gloria se vistió tan hermoso como ellos.  Si Dios cuida de manera tan maravillosa a las flores silvestres que hoy están y mañana se echan al fuego, tengan por seguro que cuidará de ustedes.  ¿Por qué tienen tan poca fe?» (Mateo 6:28-30, NTV)

Él escuchaba atentamente —el timbre de la voz de Jesús y cada palabra que Él hablaba, tenían una profundidad inconmensurable de entendimiento y empatía sobre sus temores cotidianos.  Las brasas de la esperanza que él había pensado que hacía mucho tiempo se habían apagado, de repente cobraron vida, avivadas por la autoridad de las palabras de Jesús.  Mientras que inicialmente él temblaba por el temor a ser expuesto, ahora había comenzado a temblar a causa de una emoción diferente que lo hacía escuchar aún más fervientemente.

Cuando entendió el significado de las palabras de Jesús, el leproso comenzó a llorar.  Por primera vez en años, él se preguntaba: ¿Es esto posible?  ¿Que Dios quiere ser un Padre para mí?  ¿Un Padre celestial que me vestirá mejor que a los lirios, que se visten mejor que Salomón en toda su gloria, si yo pongo mi confianza en Él?  ¿Es posible que Dios se acerque a mí con bondad, aceptación y amor, y me invite a probar y a recibir Su bondad?  Después de todos los años de ser rechazado y vivir como un paria, algo en lo profundo de su corazón se rompió ante estos nuevos pensamientos y provocó un torrente fresco de lágrimas.

Recubierto por la inconfundible compasión en la voz de Jesús que hizo que la esperanza recorriera todos los nervios aún intactos de su cuerpo, el hombre salió gateando de su escondite improvisado en el momento en que Jesús terminó de hablar.  Todos los pensamientos sobre permanecer escondido se habían ido.  Todo lo que él quería hacer era ir hacia Jesús y pedirle que le quitara su enfermedad.

Cuando comenzó a caminar hacia Jesús, allí, bajando la colina, un hombre que caminaba un poco por delante de algunos de los otros, captó su atención.  Él Se dio cuenta de que era Jesús, que venía directamente hacia él.

En lugar de haber ido directamente a la multitud después de predicarles, el Señor había tomado otro camino para ir hacia el hombre afligido y solitario, como si Él hubiera sabido ya todo acerca de la necesidad del hombre y dónde se encontraba.  Incapaz de contener sus sentimientos, el hombre se postró a los pies de Jesús y lo adoró.

Con una voz aún ahogada por las lágrimas, él susurró: “Señor, si quieres, puedes limpiarme.”  Sin dudarlo, Jesús se acercó y lo tocó.  Quiero,” dijo, con la misma compasión y calidez que el hombre había escuchado antes en Su voz.  Sé limpio.” (Mateo 8:2-3)

Al sentir el toque de las cálidas manos de Jesús, el hombre cerró sus ojos involuntariamente y su cuerpo se estremeció bajo ese toque.  Había pasado tanto tiempodesde que él había sentido el toque de otro ser humano, y mucho menos un toque cálido y amoroso.

Luego abrió sus ojos para ver a Jesús y lo encontró sonriéndole, Sus ojos llenos de amor.  Sintiendo que algo era diferente en su cuerpo, el hombre bajó la mirada a sus manos, que hacía un momento estaban cubiertas de llagas abiertas y terminaban en muñones por dedos.  Sus ojos contemplaban manos sanas con dedos completamente formados y piel totalmente perfecta.

Como en un sueño, él comenzó a levantarse las mangas y el dobladillo de su túnica y observó con asombro cómo la tela se enrollaba hacia arriba para revelar una piel suave y sin manchas que cubría sus brazos, piernas y pies.  ¡Él estaba limpio!  El poder de Jesús, en un instante, se había tragado su inmundicia.

Él miró hacia el rostro de Aquel que lo había sanado, abrumado por la gratitud.  Incluso cuando se volvió para irse, el hombre sabía que nunca olvidaría la compasión y la determinación que había visto en el rostro de nuestro Señor Jesús, ni Su toque cálido de afirmación.

Él no solo me ha sanado y limpiado, pensaba el hombre eufórico mientras se alejaba maravillado.  ¡Él me ha devuelto la vida!

Viendo a través de los ojos de la fe,

Joseph Prince

martes, 21 de abril de 2026

La Imagen De Un Hombre Bendecido

Inspiración De Gracia


Bendito es el hombre que confía en el Señor, cuya confianza es el Señor. Será como árbol plantado junto al agua, que extiende sus raíces junto a la corriente; no temerá cuando venga el calor, y sus hojas estarán verdes; en año de sequía no se angustiará ni cesará de dar fruto.  Jeremías 17:7-8

Veamos algunas de las imágenes que la Biblia pinta para nosotros en Jeremías 17.  La Palabra de Dios es asombrosa.  Él nos habla en la Biblia a través de imágenes narradas y metáforas.

Por ejemplo, Jeremías 17:5–6 nos pinta la imagen de un hombre maldito —“una zarza en el desierto.”  ¡Qué deprimente imagen para un hombre!  Una persona que está siempre confiando en sí misma es como un arbusto seco o una zarza, con aspecto viejo, cansado y demacrado.

Pero gracias a Dios, la Biblia no se detuvo en la descripción del hombre maldito.  Ésta continúa pintando una hermosa imagen de un hombre bendecido: “Bendito es el hombre que confía en el Señor, cuya confianza es el Señor. Será como árbol plantado junto al agua, que extiende sus raíces junto a la corriente; no temerá cuando venga el calor, y sus hojas estarán verdes; en año de sequía no se angustiará ni cesará de dar fruto.

¡Wow!  Yo sé qué hombre prefiero ser.  ¡En verdad, una imagen vale más que mil palabras!  ¡Quiero que hoy te veas a ti mismo como ese árbol plantado junto a las aguas!

Cuando estaba de vacaciones con mi esposa, Wendy, en las impresionantes Montañas Rocosas de Canadá, pasamos mucho tiempo recorriendo y sumergiéndonos en el esplendor de la creación de nuestro Padre celestial.  Mientras caminábamos por la orilla de un río muy tranquilo con el que nos topamos, encontramos un árbol majestuoso anclado al borde del agua.  Su tronco era robusto y fuerte, y sus ramas se extendían para formar un pabellón perfecto sobre él.  En contraste con los otros árboles que estaban más lejos del río, sus hojas eran refrescantemente verdes y suculentas.  Esto se debía a que el río alimentaba constantemente al árbol.

Mirando este árbol hermoso e impresionante, yo no pude evitar recordar al hombre bendito que se describe en Jeremías 17, y recuerdo que me dije a mí mismo: “¡Yo soy como este árbol en el nombre de Jesús!”  Cuando tú dependes y confías en el Señor, tú también eres como este árbol.

Jesús hará que seas una imagen robusta de fuerza, vitalidad y buen éxito.  Mírate a ti mismo como un hermoso árbol plantado junto a las aguas.  La Palabra de Dios dice que incluso cuando llegue el calor, ¡tú no temerás!

¿Notaste la diferencia crucial entre el hombre bendito y el hombre maldito?  Mientras que el hombre maldito no puede ver el bien cuando llega (Jer. 17:6), ¡el hombre bendito no temerá, incluso cuando venga el calor!

La versión King James de la Biblia dice que el hombre bendito no verá cuando venga el calor.”  Esto es sorprendente.  Significa que el calor llega incluso al hombre bendito, pero él no está consciente de las temporadas de calor, sino que sigue siendo fuerte y sigue floreciendo.  Él será como un árbol cuya hoja continúa siendo verde.

¡Cuando tú eres como el hombre bendito, tú vas a estar siempre verde!  Esto significa que vas a disfrutar de salud divina, juventud, vitalidad y dinamismo.

Cuando eres bendecido, tu cuerpo se llena de vida a medida que el Señor renueva tu juventud y tu vigor.  Tu salud no te fallará ni perderás tu juventud.  No habrá estrés, miedo, ni ataques de pánico, porque el hombre bendito “en año de sequía no se angustiará ni cesará de dar fruto.”

El año de sequía habla de una hambruna severa y en nuestra lengua vernácula moderna, esto no sería diferente al colapso financiero global, la crisis de las hipotecas de alto riesgo, el colapso de los bancos de inversión global, los mercados de valores volátiles y el aumento de la inflación.  Si bien estas pueden ser malas noticias para el mundo, el hombre bendito puede permanecer en descanso y no sentirse ansioso porque Dios ha prometido que, incluso en medio de una crisis, él “no cesará de dar fruto.”

Amado, ¡sé el hombre bendito que pone su confianza en el Señor y esto también te sucederá a ti!

Viendo a través de los ojos de la fe,

Joseph Prince