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martes, 13 de octubre de 2026

Presentando Al Dios Real

 Inspiración De Gracia


Y cuando bajó del monte, grandes multitudes le seguían.  Y he aquí, se le acercó un leproso y se postró ante Él, diciendo: “Señor, si quieres, puedes limpiarme”.  Y extendiendo Jesús la mano, lo tocó, diciendo: “Quiero; sé limpio”.  Y al instante quedó limpio de su lepra.  Mateo 8:1-3

Hoy en día hay muchas creencias erróneas acerca de quién es Jesús.  Yo te pido que deseches toda idea, concepto e imagen que puedas tener de un Jesús “religioso”, y me permitas presentarte al verdadero Jesús, porque aquí es donde todo comienza.

No estoy hablando del Jesús religioso del que quizá hayas oído hablar mientras crecías, sino del verdadero Jesús, quien caminó por las polvorientas calles de Jerusalén y sobre las embravecidas aguas de Galilea.

Él era Aquel a quien los enfermos, los pobres, los pecadores, los desamparados y los marginados se sentían atraídos instintivamente y con quien se sentían cómodos.  Él era Dios encarnado y Él manifestaba el amor tangible de Dios.

En Su presencia, los que eran imperfectos no se sentían atemorizados, ni se sentían juzgados o condenados de Su parte.  A aquellos que lo buscaban porque necesitaban sanidad, restauración y provisión —sin importar su pasado o su trasfondo— Él siempre les extendió Su corazón y Su mano llenos de amor y compasión, y proveyó abundantemente para sus necesidades.

Al contrario de lo que mucha gente piensa, tú no necesitas ser “religioso” para tener acceso a Dios y a Su ayuda.  De hecho, cuanto menos “religioso” seas, mejor.  El verdadero Jesús no vino para traer una nueva religión.  No vino para que lo sirvieran ni lo atendieran.  No, Él vino a servir y servir fue lo que Él hizo.

El verdadero Jesús creó el universo con una orden y orquestó los caminos de cada planeta para que ninguno chocara.  Él tenía todo el derecho de exigir servicio de aquellos a quienes Él creó, sin embargo, Él entregó Su servicio.

Él se inclinó y con Sus propias manos lavó la mugre y la suciedad de los pies de Sus discípulos.  Más tarde, esas mismas manos fueron traspasadas con unos ásperos clavos en la cruz, y Él con Su propia sangre nos lavó de la mugre y la inmundicia de todos nuestros pecados al tomarlos sobre Su propio cuerpo.  ¡Qué lejano del Dios que condena, juzga y critica, que muchos han descrito que Él es!

Este es el verdadero Jesús —totalmente diferente a lo que a muchos de nosotros se nos ha enseñado acerca de Dios.  Él quiere y tiene el poder para satisfacer tus necesidades hoy, y amarte en plenitud.

Viendo a través de los ojos de la fe,

Joseph Prince

lunes, 12 de octubre de 2026

¿Qué Hay De La Confesión De Pecados?

 Inspiración De Gracia


En Él tenemos redención mediante Su sangre, el perdón de nuestros pecados según las riquezas de Su gracia.  Efesios 1:7

Cuando era un joven creyente, me enseñaron que a menos que confesara todos mis pecados, yo no sería completamente perdonado por Dios.  Incluso me dijeron que si alguien muere sin haber confesado todos sus pecados, esta persona terminará en el infierno.

Bueno, esa enseñanza me puso bajo una fuerte atadura.  Yo realmente creía que tenía que confesar todo lo que pensaba que había hecho mal, incluidas las preocupaciones, los temores y las dudas, porque sabía que “todo lo que no procede de fe, es pecado.” (Romanos 14:23)

Si tú realmente crees que necesitas confesar todos tus pecados para ser completamente perdonado por Dios, ¡estarás confesando tus pecados todo el tiempo y donde quiera que vayas!  ¡Yo lo intenté y fue imposible!  ¡Hacer eso casi me vuelve loco!

Pero Pastor Prince, ¿está diciendo que no tenemos que confesar nuestros pecados?  Entonces, ¿qué hay de 1 Juan 1:9, que dice: “Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonarnos los pecados y para limpiarnos de toda maldad”?

Escucha con atención: los cristianos han sacado este versículo de contexto y han construido una doctrina completa de confesión de pecados alrededor de él, cuando en realidad, el capítulo 1 de 1 Juan fue escrito para abordar a los gnósticos y sus herejías que se habían infiltrado en la iglesia.

Los gnósticos eran no creyentes que sostenían que ellos no tenían pecado. (1 Juan 1:8)  Entonces Juan estaba diciendo que si ellos confesaban que tenían pecado y, por lo tanto, veían su necesidad del Salvador, Dios sería fiel y justo para limpiarlos de toda maldad.

¿Puedes ver ahora cómo esto no se aplica al creyente que ya ha reconocido que es un pecador y ha aceptado a Jesús?  Nosotros no debemos vivir de confesión en confesión, sino de fe en fe en Jesucristo y Su obra terminada.

Además, nuestro amoroso Padre celestial no nos perdona a plazos dependiendo de cuán diligentes somos en confesar nuestros pecados.  La comunión con Él no se rompe porque nuestro perdón no depende de lo que nosotros hacemos.  Nuestro perdón depende de la obra terminada de Jesús.

Ahora bien, esto no significa que nosotros no podamos ser honestos con Dios y reconocer el mal que hemos hecho.  Después de todo, es una relación.

Pero nosotros no confesamos nuestros pecados con el fin de ser perdonados.  Nosotros confesamos nuestros pecados o hablamos abiertamente con nuestro Padre misericordioso porque ya fuimos perdonados.  Yo no voy ante Él suplicando perdón.  No, yo hablo con Él porque sé que yo ya tengo Su perdón, como dice la escritura de hoy.  Yo sé que puedo acercarme a Él con confianza —Él es mi Dios, mi Papá Dios.

Entonces, la confesión en el nuevo pacto es simplemente ser honesto acerca de tus faltas y tu humanidad, y tener una relación íntima con Dios.  Este es el resultado de ser perdonado y no algo que haces para ser perdonado, para mantener tu salvación y para ser salvo al final.

Si la confesión de pecados es vital para nuestro perdón, entonces el apóstol Pablo, quien escribió dos tercios de las epístolas del Nuevo Testamento, ha cometido una gran injusticia contra nosotros porque él no lo mencionó ni una sola vez en ninguna de sus cartas a las iglesias.

Por ejemplo, cuando había personas en la iglesia de Corinto viviendo en pecado y todos en la iglesia lo sabían, él no dijo: “Ve y confiesa tus pecados.”  En cambio, él les recordó su justificación, diciendo: “¿No se dan cuenta de que su cuerpo es el templo del Espíritu Santo, quien vive en ustedes?” (1 Corintios 6:19, NTV)  A pesar de sus pecados, Pablo todavía los consideraba templos del Espíritu Santo y les recordó esta verdad.

Amigo, esta es la confianza que tú puedes tener hoy: el día en que reconociste que eras un pecador y confesaste a Cristo como tu Señor y Salvador, tú “confesaste todos tus pecados” de una vez por todas.  Y Dios fue fiel y justo para limpiarte de toda maldad.

Toda la injusticia de tu vida entera fue limpiada en ese momento y por medio del regalo de la justicia en Cristo Jesús, ¡tú fuiste establecido para reinar en la vida!

Viendo a través de los ojos de la fe,

Joseph Prince

domingo, 11 de octubre de 2026

Cómo Ser Guardado En Perfecta Paz

 Inspiración De Gracia


Al de firme propósito guardarás en perfecta paz, porque en Ti confía.  Isaías 26:3

Tú necesitas la verdad de la Palabra de Dios para desarraigar cualquier creencia que sea errónea.  Por eso es tan importante entrar en Su Palabra y tomarte el tiempo para meditar en los versículos que revelan el firme e inquebrantable amor de Dios por ti.

Por ejemplo, si notas que tu mente se va a la deriva en pensamientos ansiosos acerca de las más pequeñas cosas, te animo a que memorices y cites las Escrituras de hoy: “Al de firme propósito guardarás en perfecta paz, porque en Ti confía.” (Isaías 26:3)

Siempre que me siento estresado o preocupado por algo, yo me alejo del ajetreo y el bullicio de la vida y simplemente medito en las promesas de Dios.  Algunas veces me gusta conducir hacia un parque tranquilo, y mientras en mi auto suena música ungida suave, yo me alimento de Su Palabra y la hablo, permitiendo que esta penetre en mi espíritu: “La Palabra de Dios declara: ‘Al de firme propósito guardarás en perfecta paz.”

Y le digo al Señor: “Sí, Señor, eres Tú quien me guardará en perfecta paz.  La paz perfecta viene de Ti.  Yo solo necesito descansar en Tu gracia y mantener mi mente en Ti.  Yo no necesito pensar en qué hacer con este problema.  Mientras yo confío en Ti y guardo mi mente en Ti, Tú me dirigirás y me guiarás.  Mi confianza no está en mi propia fuerza, sino en Ti y solo en Ti, Jesús.”

¿Qué estoy haciendo con esto?  En lugar de permitir que el estrés y la preocupación me atrapen, yo entreno mi corazón para que vea como Dios ve mis problemas.

Cuanto más grande se vuelve Dios en mi corazón, más pequeños se vuelven mis problemas.  De hecho, muchas veces cuando me relajo y guardo mi mente en el Señor, Su paz y sabiduría comienzan a fluir en mí, y el problema que antes me preocupaba se vuelve diminuto e intrascendente ante la presencia del Dios Todopoderoso.

¿Estás enfrentando hoy a una circunstancia insuperable?  Aprende a ver lo que Dios ve, meditando en Su Palabra, y deja que Su paz eche fuera tu ansiedad.  Deja que Su sabiduría dirija tus caminos.

Viendo a través de los ojos de la fe,

Joseph Prince