recibe pequeños mensajes de gracia todos los días

viernes, 8 de mayo de 2026

Tú Estás Calificado

 Inspiración De Gracia


Dando gracias al Padre que nos ha capacitado para compartir la herencia de los santos en luz.  Porque Él nos libró del dominio de las tinieblas y nos trasladó al reino de Su Hijo amado, en quien tenemos redención: el perdón de los pecados.  Colosenses 1:12-14

Hace años, cuando comencé a predicar, uno de mis héroes espirituales en ese entonces dijo: “No hay nada malo en Dios y nada malo en Su Palabra.  Cuando tú no recibes de Dios, es que algo anda mal contigo.”  Así que, eso fue lo que yo también le enseñé a mi iglesia.  Yo quería que mi gente fuera sanada y restaurada, y por eso les enseñé una lista de razones por las que ellos no estaban recibiendo sus sanidades, pero esa lista solo seguía creciendo.

Un día, yo escuché la voz del Espíritu Santo en mi interior diciendo: “¡Deja de descalificar a Mi gente!”

Le respondí: “Pero Señor, yo no los estoy descalificando.  Estoy tratando de que califiquen para recibir Tu sanidad.”

Mientras decía eso, mis ojos fueron abiertos y me arrepentí.  Yo no puedo hacer que alguien califique para recibir sanidad, y tampoco necesito intentarlo.  Dios ya nos ha hecho estar calificados por medio de la sangre de Su Hijo.  La Palabra de Dios dice esto muy claramente en los versículos anteriores.

Hoy, tú y yo podemos dar gracias al Padre, quien ya nos hizo estar calificados.  Nosotros ya estamos calificadospara ser partícipes de cada bendición.  Y no solo eso, Él ya nos ha liberado del poder de las tinieblas y nos ha llevado al reino del Hijo de Su amor.  Eso significa que el diablo ya no tiene control sobre nosotros.  Él no tiene poder sobre nosotros.  Él no tiene autoridad para robarnos nuestra salud.

Sea cual sea el pecado que tú hayas cometido, cuales quiera que sean las faltas que hayas cometido, deja de descalificarte.  Tal vez tú no creas que mereces ser sanado debido a toda la comida chatarra que has comido durante años o porque no has hecho ejercicio.  Nada de lo que tú puedas hacer es tan poderoso que pueda borrar la obra terminada de Cristo.

Sí, debemos comer de manera saludable y cuidar nuestro cuerpo.  Pero lo que estoy diciendo es que incluso si has cometido errores, tú no tienes que descalificarte.  De eso se trata la gracia —¡la gracia es para los que no la merecen!

No hay nada malo con Dios, nada malo con Su Palabra y definitivamente no hay nada malo contigo porque Jesús ya quitó de manera efectiva y perfecta todos tus pecados por medio de Su sangre.  Él ya te ha calificado para que recibas Su sanidad con libertad.  Tú puedes declarar con confianza “Sí” y “Amén” a esta promesa de Dios en Cristo. (2 Corintios 1:20)  ¡Ahora recibe tu sanidad!

Viendo a través de los ojos de la fe,

Joseph Prince

jueves, 7 de mayo de 2026

Personaliza El Favor De Dios En Tu Vida

 Inspiración De Gracia


Pedro, volviéndose, vio que les seguía el discípulo a quien Jesús amaba, el que en la cena se había recostado sobre el pecho de Jesús y había dicho: “Señor, ¿quién es el que te va a entregar?”  Juan 21:20

Yo solía ​​pensar que entre los 12 discípulos de Jesús, Juan era el discípulo favorito del Señor y el más cercano a Él porque la Biblia llama a Juan “el discípulo a quien Jesús amaba.”  Yo tenía la impresión de que Juan tenía un favor especial con Jesús, y siempre me pregunté qué lo hacía tan especial que se le identificaba diferente a los otros discípulos.  ¿No quieres que te conozcan como el discípulo a quien Jesús ama?  ¡Yo sí!

Entonces, un día, mientras leía la Palabra de Dios, el secreto del favor de Juan vino a mí.  ¡El Señor abrió mis ojos y me mostró que la frase “el discípulo a quien Jesús amaba”, en realidad se encuentra solo en el libro del mismo Juan!  Compruébalo por ti mismo.  Tú no encontrarás que esta frase se use en los Evangelios de Mateo, Marcos y Lucas.  Esta se encuentra solo en el Evangelio de Juan.  ¡Es una frase que Juan usó para describirse a sí mismo!

Ahora, ¿qué estaba haciendo Juan?  Él estaba practicando y personalizando el amor que Jesús le tenía.  Todos nosotros somos los favoritos de Dios, pero Juan conocía el secreto de acceder al favor inmerecido de Jesús para sí mismo.  Es tu privilegio el verte a ti mismo como el discípulo a quien Jesús ama, ¡y llamarte de esta manera!

Cuando yo comencé a enseñar que el secreto del favor de Juan radicaba en su personalización del amor de Dios, la gente de mi iglesia literalmente entró en una nueva dimensión para experimentar el favor inmerecido de Dios en sus vidas.  He visto cómo algunos de ellos realmente tomaron esta revelación y corrieron con ella.  Algunos de ellos personalizaron los fondos de pantalla de sus teléfonos celulares para que digan “El discípulo a quien Jesús ama”, mientras que otros firmaron sus mensajes de texto y correos electrónicos con esta frase.

Mientras ellos se mantuvieron recordándose a sí mismos que ellos son el discípulo a quien Jesús ama, comenzaron a crecer en la conciencia del amor del Señor por ellos.  Al mismo tiempo, ¡ellos comenzaron a crecer en ser conscientes del favor!  Tengo pilas de reportes de agradecimiento sobre cómo miembros de nuestra congregación han sido tan bendecidos con el simple hecho de ser conscientes del favor de Jesús en sus vidas.  Algunos de ellos han sido promovidos, otros han recibido incrementos espectaculares en sus sueldos y muchos han ganado varios premios en eventos de la empresa y en otros concursos, incluidas vacaciones con todos los gastos pagados.

Un hermano de mi iglesia se registró para cierta tarjeta de crédito durante una promoción especial en la que los nuevos solicitantes podían ganar una variedad de premios.  Probablemente hubo cientos de miles de personas que participaron en esta promoción, pero este joven simplemente creía que él era altamente favorecido y debido a eso, él ganaría el premio mayor.

Llegó el día del sorteo y, en efecto, este joven ganó el premio mayor —¡un impresionante Lamborghini Gallardo negro!  Cuando él escribió a la iglesia para compartir su testimonio, él adjuntó una foto de sí mismo sonriendo de oreja a oreja, posando con su nuevo Lamborghini.

Él dijo que sabía que había ganado el automóvil debido al favor inmerecido de Dios, y después de haber vendido el automóvil, él llevó su diezmo a la iglesia, dando toda la gloria y el honor a Jesús.  El mundo llama a esto “suerte”, pero para el creyente, no existe tal cosa como la suerte.  ¡Existe solamente el favor inmerecido de Jesús!

Viendo a través de los ojos de la fe,

Joseph Prince

miércoles, 6 de mayo de 2026

Una Sola Cosa Es Necesaria

 Inspiración De Gracia


Y ella tenía una hermana que se llamaba María, que sentada a los pies del Señor, escuchaba Su palabra.  Lucas 10:39

Si has seguido mi ministerio, sabrás que uno de mis versículos favoritos es Romanos 5:17: “Mucho más reinarán en vida por medio de uno, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y el don (regalo) de la justicia.”

Desafortunadamente, hay personas que se burlan de lo que dice la Palabra de Dios, pensando que recibir es demasiado simplista e insustancial.  Su enfoque está en hacer, en el deber, en lo que es responsabilidad del hombre.

Querido lector, nunca subestimes el poder de recibir.  ¡La mayor obra del hombre —su mayor deber y responsabilidad— es humillarse a sí mismo para recibir del Señor Jesús!

Mira lo que hizo María —ella se sentó a los pies de nuestro Señor y simplemente haló, tomó y recibió de su Salvador.   Pero Marta se acercó y se quejó con Jesús, diciendo: “Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues, que me ayude.” (Lucas 10:40)

¿Qué estaba consumiendo a Marta?  ¡El deber, la responsabilidad, el servicio y la acción!

Yo creo que los creyentes tipo Marta que tenemos hoy, que están constantemente quejándose en contra de los creyentes como María, son preciosos, amados y profundamente sinceros.  Pero ellos pueden estar tan comprometidos con sus deberes que se olvidan de la persona de quien se trata todo.  Marta estaba entusiasmada sirviendo al Señor, pero terminó enfadada con su hermana e incluso reprendió al Señor.

María miró más allá del exterior y vio en el Señor una plenitud de la cual podía tomar.  Marta, por otro lado, vio al Señor en lo natural, como necesitado de su servicio.  ¿Qué hermana crees que hizo que el Señor se sintiera como Dios?  ¿Con quién estaba más complacido el Señor?

¿Puedes ver cómo Marta perdió completamente el sentido de todo su servicio?  Ella estaba completamente consumida por su deber y se estaba perdiendo de la deidad divina, el Señor Jesús mismo, ¡que estaba sentado en la sala de su casa!

Y escucha la respuesta de nuestro Señor (y yo creo que Él lo dijo con ternura y con una sonrisa amorosa): “Marta, Marta, tú estás preocupada y molesta por tantas cosas; pero una sola cosa es necesaria, y María ha escogido la parte buena, la cual no le será quitada.” (Lucas 10:41–42)

Creo que cuando Marta escuchó eso, ella tuvo una revelación de inmediato.  En lugar de correr por todos lados, y enojarse con el Señor y con su hermana, ella dejó de lado sus ollas y sartenes, se quitó el delantal y se sentó con su hermana para recibir del Señor.  Nunca subestimes el poder de recibir de nuestro Señor.

Cuanto más recibas tú la abundancia de la gracia y el regalo de la justicia, más reinarás, más llevaras a cabo, más responsable serás, más glorificarás al Señor y más cumplirás tu llamado, tu deber y tu destino.  Debido a que María hizo la única cosa que era necesaria y se enfocó en recibir del Señor, ella terminó prestando el servicio correcto para Él.

Leemos en Juan 12:1–8 que ella ungió al Señor con un aceite fragante muy costoso para Su sepultura.  Todas las otras mujeres que querían ungirlo para Su entierro llegaron demasiado tarde en la mañana de la resurrección. (Lucas 24:1-3)  María pudo hacerlo en el momento correcto, porque ella mantuvo su corazón centrado en recibir del Señor.

Así que, mantente recibiendo de Jesús.  Todos los días, recibe Su Palabra, Su gracia y el regalo de Su justicia.  Y permanece confesando tu justicia en Él —esto resultará en que tú harás las cosas correctas en el momento correcto.

Viendo a través de los ojos de la fe,

Joseph Prince