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viernes, 30 de octubre de 2026

La Ley Pide, La Gracia Da

 Inspiración De Gracia


Dios los salvó por Su gracia cuando creyeron.  Ustedes no tienen ningún mérito en eso; es un regalo de Dios.  La salvación no es un premio por las cosas buenas que hayamos hecho, así que ninguno de nosotros puede jactarse de ser salvo.  Efesios 2:8-9, NTV

En Lucas 18, leemos acerca de un joven rico que se acercó a Jesús y le dijo: “Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?” (Lucas 18:18)  Yo creo que a través de esta historia, el Señor quiere ayudarnos a comprender que nosotros podemos ser justificados solo por la fe y no por nuestras obras.

La justificación por la fe produce esperanza, paz y gozo, y un corazón para Jesús que resulta en buenos frutos.  Intentar ser justificado por las obras produce temor, ansiedad e incapacidad para producir frutos duraderos.

Cuando el joven rico llegó queriendo ser justificado por sus obras, el Señor le dio la ley para llevarlo hasta el fondo de sí mismo.  Jesús le dijo al joven rico que pensaba que había guardado todas las leyes: “Te falta todavía una cosa; vende todo lo que tienes y reparte entre los pobres, y tendrás tesoro en los cielos; y ven, sígueme.”

Al joven rico le faltaba una cosa.  El primer mandamiento es: “No tendrás otros dioses delante de Mí.” (Éxodo 20:3)  Sin embargo, el dinero era su dios —él se alejó muy triste cuando el Señor le pidió que vendiera todo lo que tenía. (Lucas 18:20-23)

No hay constancia de que él haya dado siquiera un centavo a los pobres.  Pero mira lo que sucedió cuando Jesús se invitó a Sí mismo a la casa de Zaqueo.  Ni un solo mandamiento fue dado, solo pura gracia.  ¡Y esto resultó en que Zaqueo dio la mitad de su riqueza a los pobres y se comprometió públicamente a devolver cuatro veces más a todos los que les había robado!

La ley pide, la gracia da.

La ley pide y esto resulta en temor, culpa y tristeza.  La gracia da y esto produce generosidad, santidad y transformación interior del corazón.

Ahora, dime, ¿qué evangelio debemos predicar?  ¿La justificación por obras por medio de la ley?  ¿O la justificación por la fe mediante el poder de la gracia de Dios?

Desafortunadamente, hay muchos creyentes que, después de ser salvos, son enseñados y creen, como el joven rico, que ellos pueden ser justificados ante Dios solo por sus obras.  Ellos terminan conscientes de estarle fallando a Él y con una expectativa aterradora del castigo y el juicio de Dios.

Cada cosa mala que les sucede refuerza ese temor.  Incluso cuando las cosas van bien, ellos temen perder las bendiciones o la protección de Dios debido a un error que acaban de cometer.

¿El resultado?  Inseguridad, pavor, ansiedad y todo tipo de temores se convierten en compañeros constantes que les roban la alegría de vivir, y mucho menos vivir la vida con confianza y esperanza.

Amado, ningún hombre puede cumplir con las demandas de la ley y ser justificado.  Nosotros solo podemos ser justificados por la fe en la sangre del Cordero.  Si tú no estás anclado en esta verdad y si tu conciencia no está lavada por la sangre del Cordero, tú siempre estarás temeroso.

Nuestra justificación es por fe y para fe, no por fe en la obras.  ¡Esto “se logra del principio al fin por medio de la fe” y solo por la fe! (Romanos 1:17, NTV)

Viendo a través de los ojos de la fe,

Joseph Prince

jueves, 29 de octubre de 2026

Una Persona Bajo La Gracia Ve Y Aprecia Sus Bendiciones

 Inspiración De Gracia


Maldito el hombre que en el hombre confía, y hace de la carne su fortaleza… Será como arbusto en el yermo y no verá el bien cuando venga.  Jeremías 17:5-6

Una de las cosas más tristes sobre una persona que confía en sus fortalezas y sus propios esfuerzos —“que... hace de la carne su fortaleza”— es que ella no puede ver el bien cuando este se le presenta.

Como pastor, he visto, a lo largo de los años a personas que no ponen su confianza en el Señor cuando se trata de sus matrimonios, sus finanzas y otras áreas débiles.   Ellos están decididos a confiar en sus propios esfuerzos, y tienden a ser bastante arrogantes y frustrados con las personas que los rodean.

Muchas veces, cuando observas a personas así, te das cuenta de que ellos no pueden ver las cosas buenas que tienen justo delante de sus narices.  Ellos no aprecian a sus cónyuges, descuidan a sus hijos e incluso cuando reciben otras bendiciones, ¡ellos se las pierden!

¿Por qué ellos no ven el bien cuando este llega?  Es porque las personas que confían en sus propios esfuerzos no tienen la capacidad de ver y recibir las bendiciones del Señor.

Ellos solo creen en el “bien” que proviene de sus propios esfuerzos.  Eso es lo que los hace estar orgullosos.  Tú probablemente notarás que esas personas no dicen “gracias” muy a menudo a las personas que las rodean.

Ellos sienten que tienen derecho y merecen todo lo que reciben.  Rara vez están agradecidos o son apreciativos, y es por eso que dan por sentado a sus cónyuges en lugar de verlos como una bendición del Señor.

En contraste, las personas que viven bajo la gracia y que confían en el favor inmerecido del Señor están constantemente agradecidas, alabando a Dios y dando gracias a Jesús.  Ellos están agradecidos y aprecian a las personas que los rodean.

Cuando aún era soltero, yo tenía una idea del tipo de esposa que quería y llevé mi petición al Señor.  ¿Pero sabes qué?  ¡Él se excedió en la respuesta a mi oración y me dio a Wendy!  Estoy realmente agradecido con el Señor por Wendy y sé que se debe al favor inmerecido de Jesús.

Cuando miro a mi hija Jessica, sé que no merezco una hija tan hermosa y, sin embargo, el Señor me dio a esta preciosa hija.  Verás, amigo, yo no hice nada para merecerlo, pero el Señor me bendijo con una familia maravillosa.

Cuando tú vives bajo la gracia, realmente puedes disfrutar de las bendiciones que te rodean porque sabes que estas son inmerecidas.  Mira la familia, los amigos y otras bendiciones que Dios te ha dado hoy.  Mira cómo Él te ha bendecido con ellos porque Él te ama.  ¡Y cuando los veas como bendiciones, ellos enriquecerán tu vida! (Proverbios 10:22)

Viendo a través de los ojos de la fe,

Joseph Prince

miércoles, 28 de octubre de 2026

Mucho Más Abundantemente

 Inspiración De Gracia


Y a Aquel que es poderoso para hacer todo mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que obra en nosotros, a Él sea la gloria en la iglesia y en Cristo Jesús por todas las generaciones, por los siglos de los siglos. Amén.  Efesios 3:20-21

En Efesios 3:18-19, vemos que cuando nosotros conocemos el amor de Cristo, ¡somos llenos hasta la medida de toda la plenitud de Dios!   ¡Esto es increíble!  Pero observa en la escritura de hoy que Pablo no se detuvo allí.

Dios se vuelve grande en tu vida cuando tú conoces Su amor.  ¡Él te dará no solo  más, no solo abundantemente, sino mucho más abundantementede lo que tú pidas o entiendas!

Así que, cuando tú conoces Su amor por ti, tú puedes pedir en grande y pensar en grande, ¡y Dios aún superará todo lo que tú pidas o entiendas!  Se trata totalmente de Su amor por ti y por mí.  Sin embargo, hay personas que aún hoy continúan jactándose de su amor por Dios, creyendo que Él las bendecirá junto con sus buenas obras.

En mi propia vida, había algunas cosas por las que yo había estado esperando en Dios, pero por años nada sucedía, hasta que me di cuenta de lo mucho que Dios me ama.  Cuando me di cuenta de lo mucho que Él me ama, fue como si, de repente, la compuerta de Sus bendiciones se abrió de par en par y todo tipo de cosas buenas comenzaron a suceder para mí, en mí y alrededor de mí.

Una de esas ocasiones fue cuando mi hija, Jessica, tenía unos dos años y estaba sufriendo un ataque viral que los médicos no pudieron calmar.  Ella lloró todo el día y toda la noche.  Yo probé todo lo que sabía.  Estuve atando y desatando, estuve confesando la Palabra de Dios, estuve gritando, estuve imponiendo manos... todo fue en vano.

Luego el Señor me llevó a Génesis 22, donde Dios le dijo a Abraham que le ofreciera a su hijo, Isaac, como un holocausto para Él —una sombra de Dios sacrificando a Su propio Hijo, Jesús.

Mientras leía el pasaje, me di cuenta de cuánto Dios me amaba.  Él me amaba tanto que no negó a Su Hijo, Su único Hijo, el Hijo a quien Él amaba, por mí.

Comencé a llorar por el sentimiento profundo e íntimo del inmenso amor de Dios por mí.  En ese momento, yo sentí Su amor sobre mí.

Y justo allí, en ese momento, mi hija dejó de llorar en la otra habitación.  ¡De ese momento en adelante, ella fue completamente sanada!  Mientras yo experimentaba una nueva revelación de Su amor por mí, ¡el milagro para mi hija sucedió!

Permíteme compartirte otro testimonio.  Bill, un hermano de California, me escribió para agradecerme por mis enseñanzas sobre nuestra herencia como hijos amados de Dios cuando creemos lo que es correcto.  Él compartió que previo a su luna de miel en Cancún, se había pronosticado lluvias y tormentas eléctricas para el 80 a 90 por ciento de la duración de su viaje.

Una mañana, durante su tiempo a solas con Dios, se le ocurrió que debido a que Dios los amaba a él y a su esposa, él podía orar a Dios para que cambiara el clima para su luna de miel, porque seguramente esto no era un gran problema para el Dios del Universo.  Así que, tres días antes de su viaje, él oró precisamente eso.

Este es el testimonio de Bill: “El sol brillaba con nubes de tormenta a la distancia en todos los lugares a los que fuimos durante nuestra luna de miel de seis días.  Las tormentas fueron magníficas pero siempre desde lejos.  La lluvia solo caía tarde en la noche después de que nos habíamos acostado.  A pesar de que varias tormentas feroces habían sido pronosticadas a lo largo de la costa, nosotros despertamos todas las mañanas con el sol y la hermosa naturaleza recién regada.  Algunos se burlarán y llamarán a esto una coincidencia, y algunos simplemente no creerán que Dios cambió el clima por uno de los Suyos.  ¡Pero yo creo que eso es exactamente lo que Él hizo!”

Permíteme decir esto nuevamente: cuando tú conoces Su amor por ti, puedes pedir en grande y pensar en grande, ¡y Dios aún superará todo lo que pidas o pienses!

¡Cuando tú crees correctamente, las compuertas de las bendiciones se abren!  Nada es imposible cuando tú crees correctamente en la persona de Jesús y en Su amor y Su bondad.  ¡Alabado sea el Señor!

Viendo a través de los ojos de la fe,

Joseph Prince