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martes, 26 de septiembre de 2023

Conoce El Corazón De Tu Padre

Inspiración De Gracia


En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó a nosotros y envió a Su Hijo como propiciación por nuestros pecados.  1 Juan 4:10

Hoy, quiero que vuelvas a leer la parábola del padre del hijo pródigo. (Lucas 15:11–32)  Mientras lees, ten en cuenta que este hijo rechazó a su padre decididamente, y lo humilló y deshonró por completo, luego solo regresó a casa cuando recordó que incluso los sirvientes contratados por su padre tenían más comida que él.  No fue el amor del hijo por su padre lo que lo llevó a regresar a casa; fue su estómago.  En su propio orgullo, ensimismado, él quería ganarse su propio sustento como siervo asalariado en lugar de recibir la provisión de su padre por gracia o favor inmerecido.

Dios quiere que nosotros sepamos que incluso cuando nuestras motivaciones no son las correctas, incluso cuando tenemos una agenda oculta (generalmente egocéntrica) y nuestras intenciones no son completamente puras, aun así, Él corre hacia nosotros en nuestro momento de necesidad y derrama sobre nosotros Su favor inmerecido, que no hemos ganado y del cual no somos dignos.

¡Oh, cuán inescrutables son las profundidades de Su amor y gracia para nosotros!  Nunca se tratará de nuestro amor por Dios.  Siempre se tratará de Su magnífico amor por nosotros.  La Biblia deja esto claro: “En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó a nosotros y envió a Su Hijo como propiciación por nuestros pecados.” (1 Juan 4:10)

Algunas personas piensan que la comunión con Dios solo se puede restaurar cuando tú estás perfectamente contrito y has confesado perfectamente todos tus pecados.  Sin embargo, en esta parábola, vemos que fue el padre el que inició, era el padre quien había extrañado a su hijo, quien ya lo estaba esperando y quien ya lo había perdonado.

Antes de que el hijo pudiera pronunciar una sola palabra de su disculpa ensayada, el padre ya había corrido hacia él, lo había abrazado y le había dado la bienvenida a casa.  ¿Puedes ver cómo todo se trata del corazón lleno de gracia, perdón y amor de nuestro Padre?  Nuestro Padre Dios se traga todas nuestras imperfecciones y el verdadero arrepentimiento viene a nosotros debido a Su bondad.

¿Que si le digo a Dios “lo siento” confesando mis pecados cuando no obro bien y le fallo?  Por supuesto que sí.  Pero no lo hago para ser perdonado porque yo sé que ya fui perdonado por medio de la obra terminada de Jesús.   La confesión proviene del desbordamiento de mi corazón debido a que he experimentado Su bondad y gracia, y porque yo sé que, como Su hijo, yo soy justo para siempre por medio de la sangre de Jesús.  Esto surge al ser consciente de la justicia, no consciente del pecado; de ser consciente del perdón, no consciente del juicio.  Hay una diferencia enorme.

Si tú comprendes esto y comienzas a practicarlo, comenzarás a experimentar nuevas dimensiones en tu amoroso caminar con el Padre.  Te darás cuenta de que tu papá Dios está completamente interesado en las relaciones y no en el protocolo religioso.  A Él le encanta estar contigo.  Bajo la gracia, Él no demanda de ti perfección; Él te provee perfección por medio de la obra terminada de Su Hijo, Jesucristo.

Así que no importa cuántas faltas tú hayas cometido, no tengas miedo de Él.  Él te ama.  ¡Tu Padre está corriendo hacia ti para abrazarte!

Viendo a través de los ojos de la fe,

Joseph Prince

lunes, 25 de septiembre de 2023

¿Cuál Es Tu Respuesta A La Voz De La Acusación?

Inspiración De Gracia


En justicia serás establecida.  Estarás lejos de la opresión, pues no temerás, y del terror, pues no se acerará a ti.  Isaías 54:14

Es importante que tú estés establecido en la justicia de Cristo, porque esto determinará cómo responderás a la voz de la acusación cuando estés esperando en Dios por cosas grandes y confiando en Él la respuesta a tus oraciones.

“¿Quién te crees que eres?”

“¿No recuerdas cómo le gritaste a tu cónyuge esta mañana?  ¿Por qué debería Dios darte gracia hoy en esa presentación importante en tu oficina?”

“Mira con qué facilidad pierdes la calma en la carretera.  ¿Cómo puedes tener el descaro de esperar que te sucedan cosas buenas?”

“¿Te llamas a ti mismo un cristiano?  ¿Cuándo fue la última vez que leíste tu Biblia?  ¿Qué has hecho para Dios?  ¿Por qué debería Dios sanar a tu hijo?”

¿Te suenan horrorosamente familiares estas acusaciones?  Ahora, la forma en que respondas a esta voz de acusación expondrá lo que tú realmente crees.  Esta es la prueba de fuego de lo que tú crees.  ¡Es aquí donde las ruedas se topan con el camino!

Una persona podría pensar: “Sí, tienes razón.  No lo merezco.  ¿Cómo podría esperar que el favor de Dios esté conmigo durante mi presentación en la oficina cuando fui tan duro con mi esposa esta mañana?”  Ahora, esa es la respuesta de alguien que cree que necesita ganarse su propia justicia y su lugar de aceptación delante de Dios.  Esta persona cree que solo puede esperar recibir algo bueno de Dios cuando su conducta es buena y su propia lista de verificación de requisitos autoimpuestos son cumplidos perfectamente.

Él probablemente llegaría a su oficina, todavía furioso con su esposa.  Lo peor de todo, él se sentiría apartado de la presencia de Jesús debido a su enojo y pensaría que no califica para pedir el favor de Dios para su presentación.  Entraría en la sala de juntas desaliñado y desorganizado.  Olvidaría sus puntos y balbucearía, haciendo que su empresa perdiera esa cuenta importante.  Sus jefes estarían decepcionados de él y lo reprenderían grandemente.

Frustrado y avergonzado, él conduciría a casa como loco, haciendo sonar la bocina a cada automóvil que no se mueva en el mismo instante en que los semáforos se ponen en verde.  Cuando llegara a casa, él estaría aún más molesto con su esposa porque la culparía a ella de ponerlo de mal humor en la mañana, por su terrible presentación y por haber perdido esa cuenta tan importante.  ¡Todo es culpa de ELLA!

Ahora, observa la diferencia si esta persona pensara: “Sí, tienes razón.  No merezco tener el favor de Dios en absoluto porque perdí los estribos con mi esposa esta mañana.  ¿Pero sabes qué?  Yo no estoy pidiendo lo que merezco.  Yo estoy pidiendo lo que Jesús se merece.  Incluso ahora mismo, Jesús, te doy gracias porque Tú me ves perfectamente justo.  Debido a la cruz y a Tu sacrificio perfecto, yo puedo esperar tener el favor inmerecido de Dios en mi presentación.  Cada uno de mis defectos, incluso el tono que usé esta mañana con mi esposa, está cubierto por Tu justificación.  ¡Yo puedo esperar cosas buenas no porque yo sea bueno, sino porque TÚ eres bueno!  ¡Amén!”

¿Ves que diferencia tan asombrosa?  Esta persona está establecida en la justicia de Jesús y no en sus propias buenas acciones o su buen comportamiento.  Él va a trabajar dependiendo del favor inmerecido de Jesús, logra hacer una muy buena presentación y consigue una gran cuenta para su empresa.  Sus jefes están impresionados por su desempeño y lo registran para los próximos ascensos.  Él conduce a casa con paz y alegría, sintiendo el amor y el favor del Padre con él.  En consecuencia, es más paciente con los otros conductores.

Ahora, ¿significa esto que él escondió todas sus fallas debajo de la alfombra y ahora finge que nunca sucedieron?  ¡De ninguna manera!  Este hombre, totalmente consciente de que el Señor está con él, encontrará en Cristo la fuerza para disculparse con su esposa por el tono que usó con ella anteriormente.  Verás, un corazón que ha sido tocado por el favor inmerecido no puede aferrarse a la falta de perdón, la ira y la amargura.

¿Cuál de los relatos anteriores demuestra la verdadera santidad?  Por supuesto, el segundo relato.  Depender del favor de Dios resulta en una vida de santidad práctica.  ¡Creer correctamente siempre conduce a vivir correctamente!

Viendo a través de los ojos de la fe,

Joseph Prince

domingo, 24 de septiembre de 2023

El Enemigo Está Debajo De Tus Pies

Inspiración De Gracia


Los setenta regresaron con gozo, diciendo: “Señor, hasta los demonios se nos sujetan en Tu nombre.”  Y Él les dijo: “Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo.  Mirad, os he dado autoridad para hollar sobre serpientes y escorpiones, y sobre todo el poder del enemigo, y nada os hará daño.”  Lucas 10:17-19

En Lucas 10, vemos a nuestro Señor Jesús enviando a setenta discípulos contra el reino de las tinieblas, “como corderos en medio de lobos.”  Mira en la escritura de hoy el intercambio entre los setenta discípulos y el Señor Jesús cuando regresaron.  Amigo, ¡el poder y la autoridad que nuestro Señor Jesús les dio para operar, es el poder y la autoridad que como creyentes nosotros tenemos hoy!

Romanos 16:20 declara que, ¡el Dios de paz aplastará pronto a Satanás debajo de nuestros pies!  Él es un enemigo derrotado.  La Biblia es muy consistente y siempre pone al diablo debajo de tus pies. (Génesis 3:15, Efesios 1:22)  Tú no estás a merced de los ataques del enemigo.  No lo pongas en un pedestal, como si él tuviera poder y dominio sobre ti.  Recuérdate a ti mismo que en Cristo, tú estás “muy por encima de todo principado, autoridad, poder y dominio” (Efesios 1:21), ¡y hollarás a todo león y serpiente!

Nosotros ejercemos hoy nuestra autoridad como creyentes cuando salimos a la ofensiva en contra el enemigo.  ¿Cómo hacemos eso?  ¡Manejando la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios!  Nuestra autoridad, nuestra fuerza y ​​nuestra victoria se encuentran en Su Palabra.

Mira cómo la Biblia describe la armadura de Dios: “Estad, pues, firmes, ceñida vuestra cintura con la verdad, revestidos con la coraza de la justicia, y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz; en todo, tomando el escudo de la fe con el que podréis apagar todos los dardos encendidos del maligno.  Tomad también el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios.” (Efesios 6:14-17)

¿Ves que la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios, es la única pieza de la armadura que es ofensiva?  Es por eso que, por cada ronda de ataque que el diablo lanzó contra nuestro Señor Jesús, Él peleó con la espada del Espíritu —Él usó la Palabra escrita de Dios.

Cuando nosotros oramos la Oración de Protección del Salmo 91, estamos orando de acuerdo con la Palabra de Dios y empuñando la espada del Espíritu.  Así que, no importa qué tipo de informe está rugiendo contra ti, ya sea de médicos, banqueros o de los medios de comunicación, toma tu lugar de autoridad y echa mano de las escrituras para tu situación.  ¡Pelea con la Palabra de Dios!

Viendo a través de los ojos de la fe,

Joseph Prince