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domingo, 26 de marzo de 2017

Desarrolla Hábitos Piadosos

Siete veces al día te alabo, a causa de Tus justas ordenanzas.
Salmo 119:164

David tenía el hábito de alabar a Dios siete veces al día.  Daniel tenía el hábito desde su juventud, de orar a Dios tres veces al día.  Jesús tenía el hábito de ir a la sinagoga cada sábado para leer la Palabra.  Y la iglesia primitiva tenía el hábito de reunirse con frecuencia y partir el pan.
Amigo, ya sea que se trate de meditar en la Palabra, orar o alabar a Dios, te animo a cultivar esos hábitos piadosos.  Estas no sólo son prácticas a través de las cuales podrás disfrutar de la presencia de Dios, sino que también te equiparán para cada batalla en la vida.  Van a sostenerte y librarte en tiempos de angustia.
Basta con ver a Daniel.  Cuando una nueva ley le prohibió orar, no entró en pánico o confusión, en vez de ello, como era su costumbre, continuó orando a Dios.  Más tarde, personalmente muy cerca de un grupo de leones hambrientos, este hábito hizo a Daniel estar tan consciente de la presencia de Dios en el foso, ¡que los leones no pudieron tocarle!  Le hizo ser tan firme, que el rey fue movido a sacar a Daniel de allí y lanzar a sus enemigos a los leones en su lugar.
Amado, permite que los hábitos piadosos profundicen tu relación con Jesús –y supera cada desafío con una fuerte conciencia de Su presencia y amor.
Viendo a través de los ojos de la fe,

Joseph Prince


jueves, 27 de febrero de 2014

Desarrolla Hábitos Piadosos

Medita En

Siete veces al día Te alabo, a causa de Tus justos juicios.
Salmo 119:164


David tenía el hábito de alabar a Dios siete veces al día.  Daniel desde joven tenía el hábito de orar a Dios tres veces al día.  Jesús tenía el hábito de asistir a la sinagoga cada Sabbath para leer la Palabra.  Y la iglesia primitiva tenía el hábito de reunirse frecuentemente y compartir el pan.

Mi amigo, bien sea meditar en la Palabra, orar o alabar a Dios, te animo a cultivar estos hábitos piadosos.  Estas no son sólo formas a través de las cuales podrás disfrutar de la presencia de Dios, sino que también te van a equipar para todas las batallas de la vida.  Estas van a sostenerte y a librarte en los tiempos de angustia.

Solo mira a Daniel.  Cuando una nueva ley de prohibía orar, él no entró en pánico, ni se mortificó, sino como era su costumbre, continuó orando a Dios.  Más tarde, en un encuentro cercano y personal con un grupo de leones hambrientos, este hábito hizo a Daniel muy consciente de la presencia de Dios en el lugar, tanto que los leones no pudieron tocarlo!  Hizo esto con tanta firmeza que el rey fue movido a sacar de ahí a Daniel y lanzar a sus enemigos a los leones en su lugar.

Amado, permite que los hábitos piadosos hagan más profunda tu relación con Jesús –y triunfa sobre cada problema con la fuerte conciencia de Su presencia y Su amor!

Bendiciones,

Joseph Prince