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viernes, 1 de julio de 2016

Jesús Sigue Siendo Jehová Rapha

… Yo, el Señor, Soy tu sanador.
Éxodo 15:26

¿Sabías que el primer nombre compuesto que el Señor le reveló a los israelitas después de que salieron de Egipto fue Jehová Rapha, el Señor tu sanador?  Fue como si les estuviera diciendo, que mientras ellos comenzaban su nueva vida con Él, Él ya los había sanado de todas las enfermedades y dolores que sufrieron cuando estuvieron cautivos en Egipto.  De hecho, cuando Él los sacó de Egipto, “no hubo en sus tribus enfermo” (Salmos 105:27, RVR60).
Hoy, así como los israelitas fueron liberados de su cautividad en Egipto, y de la esclavitud de Faraón, tú también has sido liberado de la cautividad del pecado y la enfermedad, y de la esclavitud del diablo, por la sangre del Cordero.  Y el Señor, quien es el mismo ayer, hoy y para siempre, continua diciéndote: “Yo, el Señor, Soy tu sanador.”
Una miembro de la iglesia, que estaba experimentando dolor en su vientre durante varios meses, vio a Jesús como su sanador incluso cuando fue al médico, quien le realizó un estudio de ultrasonido en el vientre.  Cuando éste le dijo que tenía dos tumores grandes y varios quistes de sangre en su vientre, ella continuó viendo a Jesús como su sanador.  El doctor había examinado su sangre para saber si los tumores eran cancerígenos.
Tres días después, ella vio al doctor nuevamente, quien le dijo que los tumores no eran cancerígenos.  Y no solo eso, sino un segundo estudio de ultrasonido mostró además que todos los quistes y uno de los tumores, ¡habían desaparecido completamente!  El otro tumor también se había encogido.  A pesar de que ella había tomado medicamentos, el doctor le dijo que basado en el tamaño original del tumor, debían haber pasado meses para que se redujera tanto.  Él le comentó que esta había sido la sanidad más rápida que él había visto.
Amado, si el doctor te ha dado un reporte médico malo en cuanto a tu salud, no te desesperes.  Mira a Jesús y espera la sanidad para tu cuerpo.  Él es el mismo ayer, hoy y para siempre.  Él sigue siendo Jehová Rapha —¡el Señor tu sanador!
Viendo a través de los ojos de la fe,
Joseph Prince

Pensamiento Del Día

Mira a Jesús y espera la sanidad para tu cuerpo.  ¡Él sigue siendo el Señor tu sanador!


sábado, 10 de octubre de 2015

¡Declárate Limpio!

Mateo 8:3
Y extendiendo Jesús la mano, lo tocó, diciendo: “Quiero; sé limpio.”  Y al instante quedó limpio de su lepra.
Muchos de nosotros estamos familiarizados con la sanidad del leproso en Mateo 8.  Es un hermoso relato de la voluntad de Dios de tocar y sanar a los enfermos, sin importar lo impuros que puedan estar.  Cuando dudemos de la voluntad de Dios para sanarnos, debemos escuchar las palabras de Jesús de nuevo: “Quiero; sé limpio.”  ¡Él es el mismo ayer, hoy y para siempre!
Ya que la Biblia es clara acerca de la voluntad de Dios de sanar, ¿por qué todavía tenemos problemas con nuestra salud?  ¿Por qué todavía experimentamos síntomas en nuestros cuerpos?
Creo que la respuesta se encuentra en lo que Jesús le dijo al leproso que hiciera a continuación.  Él le dijo que fuera y se presentara ante el sacerdote (Mateo 8:4).  Esta era la ley en ese tiempo para leprosos que eran sanados (Levítico 14:2-3).  Y él debía escuchar que el sacerdote declarara la palabra “limpio” sobre él (Levítico 14: 7).
Verás, como creyentes, cuando nosotros recibimos a Jesús, Su sangre nos limpia de pecado y de enfermedad (Isaías 53:4-5).  Pero seguimos escuchando a la gente declarar pecado, enfermedad, pobreza y muerte sobre nosotros.  Seguimos escuchando a la gente decirnos que somos impuros, indignos, pobres, débiles, y que es natural que nos hagamos viejos y enfermizos, y muramos.
¡Dios está esperando por un sacerdocio que se levante y declare a Su pueblo limpio!
“Pero Pastor Prince, ¿en dónde puedo encontrar a estos sacerdotes?”
¿Quiénes son los sacerdotes hoy?  ¡Tú y yo!  De hecho, tenemos más autoridad para declarar cosas buenas, que los sacerdotes levitas del Antiguo Testamento.  Ellos eran solamente sacerdotes.  ¡Pero nosotros somos reyes-sacerdotes por la sangre de Jesús! (Apocalipsis 1:5-6).  En dónde hay palabra del rey, hay poder (Eclesiastés 8:4).  Y por la palabra de un sacerdote, se resolverá toda disputa y toda ofensa (Deuteronomio 21:5).
Amado, Dios te ha limpiado, ¡así que declárate limpio!  En este momento, pon tu mano sobre tu corazón y declara cosas buenas sobre ti mismo.  Di: “¡Yo me declaro a mí mismo limpio, justo, sano, completo y con abundante provisión, por la sangre de Jesús!”  ¡Por tus palabras como rey-sacerdote, toda ofensa contra ti deberá ser resuelta!
Pensamiento Del Día


Ya que tú eres un rey-sacerdote por la sangre de Jesús, ¡tú puedes declarar cosas buenas sobre ti mismo y ver que estas sucedan!