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martes, 27 de noviembre de 2018

¡Declárate Limpio!


Y extendiendo Jesús la mano, lo tocó, diciendo: “Quiero; sé limpio.”  Y al instante quedó limpio de su lepra.
Mateo 8:3
Muchos de nosotros estamos familiarizados con la sanidad del leproso en Mateo 8.  Es un hermoso relato de la voluntad de Dios de tocar y sanar a los enfermos, sin importar lo impuros que puedan estar.  Cuando dudemos de la voluntad de Dios para sanarnos, debemos escuchar las palabras de Jesús de nuevo: “Quiero; sé limpio.”  ¡Él es el mismo ayer, hoy y para siempre!
Ya que la Biblia es clara acerca de la voluntad de Dios de sanar, ¿por qué todavía tenemos problemas con nuestra salud?  ¿Por qué todavía experimentamos síntomas en nuestros cuerpos?
Creo que la respuesta se encuentra en lo que Jesús le dijo al leproso que hiciera después.  Él le dijo que fuera y se presentara ante el sacerdote. (Mateo 8:4)  Esta era la ley en ese tiempo para los leprosos que eran sanados. (Levítico 14:2-3)  Y él debía escuchar que el sacerdote declarara la palabra “limpio” sobre él. (Levítico 14: 7)
Verás, como creyentes, cuando nosotros recibimos a Jesús, Su sangre nos limpia de pecado y de enfermedad. (Isaías 53:4-5)  Pero seguimos escuchando a la gente declarar pecado, enfermedad, pobreza y muerte sobre nosotros.  Seguimos escuchando a la gente decirnos que somos impuros, indignos, pobres, débiles y que es natural que nos hagamos viejos y enfermizos, y muramos.
¡Dios está esperando por un sacerdocio que se levante y declare a Su pueblo limpio!
“Pero Pastor Prince, ¿en dónde puedo encontrar a estos sacerdotes?”
¿Quiénes son los sacerdotes hoy?  ¡Tú y yo!  De hecho, tenemos más autoridad para declarar cosas buenas, que los sacerdotes levitas del Antiguo Testamento.  Ellos eran solamente sacerdotes.  ¡Pero nosotros somos sacerdotes reales por la sangre de Jesús! (Apocalipsis 1:5-6)  En dónde hay palabra de rey, hay poder. (Eclesiastés 8:4)  Y por la palabra de un sacerdote, se resolverá toda disputa y toda ofensa. (Deuteronomio 21:5)
Amado, Dios te ha limpiado, ¡así que declárate limpio!  En este momento, pon tu mano sobre tu corazón y declara cosas buenas sobre ti mismo.  Di: “¡Yo me declaro a mí mismo limpio, justo, sano, completo y con provisión abundante, por la sangre de Jesús!”  ¡Por tus palabras como sacerdote real, toda ofensa contra ti deberá ser resuelta!
Viendo a través de los ojos de la fe,                      
Joseph Prince

viernes, 11 de mayo de 2018

¡Jesús Quiere; Se Sano!


“Y extendiendo Jesús la mano, lo tocó, diciendo: Quiero; sé limpio…”
Mateo 8:3
¿Sabías que es la voluntad de Dios para ti que seas sano?  De hecho, Jesús siempre sanó a los enfermos que se acercaron a Él.  El ciego, el cojo, el manco, el mudo, el sordo y el poseído por demonios —¡Él los sanó a todos!  (Mateo 8:16)
La Biblia nos dice que aquel que ha visto a Jesús, ha visto al Padre. (Juan 14:9)  ¿Quieres ver cómo es Dios?  ¡Mira a Jesús!  Él nunca le dio enfermedad a nadie.  Nunca vamos a encontrar que Jesús viendo a una persona en buena condición, le dijera: “Ven acá.  Estás muy saludable.  Recibe un poco de lepra.”  De hecho, cuando un leproso vino a Él por sanidad, Jesús, lleno de compasión le dijo: “¡Quiero; sé limpio!”
Desafortunadamente, hay algunos cristianos que dicen: “Es la voluntad de Dios para mí que esté enfermo.  Dios tiene algún propósito, un propósito misterioso para mi situación.  Todo es parte de Su plan divino y poco a poco sabremos el por qué.”  Pero estas mismas personas van al doctor para mejorar.  Toman sus medicamentos y descansan.  ¿Por qué hacen eso si ellos realmente creen que Dios los quiere enfermos?  ¿No tiene sentido, verdad?
Vamos, lo que si tiene sentido, perfectamente, es esto: Dios te quiere saludable.  Él te quiere completo, íntegro.  ¡Su voluntad para ti es que seas sano!  De hecho, ¡Él lo desea tanto, que llevó todas tus enfermedades y tus dolores sobre Su propio cuerpo, para que tú no tengas que llevarlos hoy!  Él permitió que se le golpeara y se le azotara, ¡para que por Sus llagas —por Sus heridas— tú seas sano!  (Isaías 53:5)  Ya que Él ha llevado la enfermedad en tu nombre, ¿por qué deberías llevarla tú hoy?
Así que, mi amigo, si estás enfermo, debes saber que Dios no te dio la enfermedad.  Lee cada milagro de sanidad que Jesús hizo en los Evangelios, y mira cómo Jesús es el Señor tu sanador. (Éxodo 15:26)  Escucha Sus palabras llenas de gracia: “¡Quiero; se sano!” y comprende que son para ti hoy, tanto como fueron para el leproso. 
Viendo a través de los ojos de la fe,
Joseph Prince

domingo, 11 de marzo de 2018

Jesús Llevó Tus Enfermedades


Ciertamente El llevó nuestras enfermedades, y cargó con nuestros dolores...
Isaías 53:4
Imagina la terrible enfermedad de la lepra comiéndose a un hombre en vida.  El pobre leproso de Mateo 8:2 ya no podía soportar su sufrimiento, así que salió a la luz pública buscando a Jesús.  Él necesitaba saber si Jesús estaba dispuesto a sanarlo.  Y cuando vio a Jesús, cayó a Sus pies y dijo: “Señor, si quieres, puedes limpiarme”. (Mateo 8:2)  El Hijo de Dios miró a este hombre marginado con Sus ojos llenos de amor, le extendió Su mano, lo tocó y dijo: “Quiero, se limpio”. (Mateo 8:3)
Puede ser que estés sufriendo alguna enfermedad y te preguntes ¿si Dios quiere sanarte?  No estás seguro si Él quiere hacerlo porque así como has visto a personas ser sanadas, también has visto a personas no serlo.  Mi amigo, no te fijes en la experiencia de otras personas.  ¡Mira a la cruz!  ¡Tan cierto como que Jesús llevó nuestros pecados, también cargó nuestros dolores!
Quiero darte hoy un fundamento sólido para que creer en esta verdad.  En Isaías 53, el capítulo sobre la crucifixión de nuestro Señor, se menciona en el verso cuatro: “Ciertamente Él llevó nuestras enfermedades, y cargó con nuestros dolores”.  Así que, desde el texto hebreo original Isaías se estaba refiriendo a sanidad física.
Una vez le pedí a un amigo judío que me leyera este verso en su Biblia Hebrea y me dijera ¿qué significaba?  Él me dijo que su Biblia decía claramente que Jesús había llevado nuestras enfermedades y cargado nuestros dolores. 
Si esto no es suficiente, mira Mateo 8:16-17: “… Trajeron a Él muchos endemoniados; y con la palabra echó fuera a los demonios, y sanó a todos los enfermos;  para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo: ‘Él mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias.’”  Mateo cita Isaías 53:4, diciendo que Jesús tomó nuestras “enfermedades” y cargó nuestros “dolores”.  Aquí el contexto también se refiere a sanidad física.
Mi amigo, si tan solo crees esta verdad, tus días de enfermedad habrán terminado.  Tú caminarás en mayor sanidad porque Aquel que ciertamente llevó tus enfermedades y cargó tus dolores, te dice: “¡Quiero, se limpio!”
Viendo a través de los ojos de la fe,
Joseph  Prince

lunes, 26 de junio de 2017

Mira Al Jesús Real

Las noticias acerca de Él corrieron y llegaron tan lejos como Siria, y pronto la gente comenzó a llevarle a todo el que estuviera enfermo.  Y Él los sanaba a todos, cualquiera fuera la enfermedad o el dolor que tuvieran, o si estaban poseídos por demonios, o eran epilépticos o paralíticos.
Mateo 4:24, NTV

La Biblia dice que si quieres saber cómo es Dios, simplemente veas a Jesús.  Si quieres saber lo que el Padre siente en relación a sanar a los enfermos, ¡solamente mira a Jesús!  Jesús SIEMPRE sanó a los enfermos que se acercaron a Él.  A los ciegos, cojos, mudos, sordos y poseídos por demonios –¡Él los sanó a TODOS!
Jesús nunca le dio enfermedad a nadie.  Encontramos a Jesús sanando a los leprosos mientras estuvo en la tierra, pero nunca le encontramos llamando a alguien para decirle: “Tú estás muy saludable y te ves muy bien.  Recibe un poco de lepra para que aprendas a ser humilde.”  No, cuando un leproso se acercó a Él, desconfiando de que Jesús quisiera sanarle, Jesús, lleno de compasión, le dijo con firmeza: “¡Quiero. Se sano!”
Ese es tu Jesús.  Ese es tu Dios.  ¡Acércate confiadamente a Jesús, el Señor que te sana –ahora y siempre! (Éxodo 15:26) 
Viendo a través de los ojos de la fe,

Joseph Prince


sábado, 15 de abril de 2017

¡Jesús Quiere!

Y he aquí vino un leproso y se postró ante Él, diciendo: “Señor, si quieres, puedes limpiarme.”  Jesús extendió la mano y le tocó, diciendo: “Quiero; sé limpio.” Y al instante su lepra desapareció.
Mateo 8:2-3


Tú crees que Dios puede.  Pero ¿crees que Él quiere?
El leproso que vino a Jesús para que lo sanara dijo: “Señor, si quieres, puedes limpiarme.”  El leproso no dudaba de la habilidad de Jesús para sanarlo, pero no estaba seguro de si Jesús quería sanarlo a él.  En otras palabras, él creía en la omnipotencia de Dios, pero no estaba seguro de si el corazón de Dios tenía amor y favor inmerecido para él.
Mi amigo, no seas como ese leproso que malinterpretó completamente a Jesús.  Mateo 8:3  registra que “Jesús extendió la mano y le tocó, diciendo: ‘Quiero; sé limpio.’”  Jesús estaba más que dispuesto.  De hecho, ¿puedes ver cuán personal es el ministerio de Jesús?  Jesús extendió la mano y tocó al leproso con ternura.  Yo creo que Jesús hizo esto para sanarlo no solo de su lepra, sino también de las heridas emocionales que él tenía tras años de rechazo.
Jesús es el mismo ayer, hoy y por siempre. (Hebreos 13:8)  Cualquiera que sea la liberación por la que estás creyéndole a Él, Él te dice: “YO QUIERO.”  No dudes más del amor que Su corazón tiene para ti.  ¡Deja de estar ocupado en descalificarte y se completamente absorbido por Su amor y gracia para ti!
Viendo a través de los ojos de la fe,   
Joseph Prince


miércoles, 5 de octubre de 2016

¡Declárate Limpio!

Y extendiendo Jesús la mano, lo tocó, diciendo: “Quiero; sé limpio.”  Y al instante quedó limpio de su lepra.
Mateo 8:3

Muchos de nosotros estamos familiarizados con la sanidad del leproso en Mateo 8.  Es un hermoso relato de la voluntad de Dios de tocar y sanar a los enfermos, sin importar lo impuros que puedan estar.  Cuando dudemos de la voluntad de Dios para sanarnos, debemos escuchar las palabras de Jesús de nuevo: “Quiero; sé limpio.”  ¡Él es el mismo ayer, hoy y para siempre!
Ya que la Biblia es clara acerca de la voluntad de Dios de sanar, ¿por qué todavía tenemos problemas con nuestra salud?  ¿Por qué todavía experimentamos síntomas en nuestros cuerpos?
Creo que la respuesta se encuentra en lo que Jesús le dijo al leproso que hiciera a continuación.  Él le dijo que fuera y se presentara ante el sacerdote. (Mateo 8:4)  Esta era la ley en ese tiempo para los leprosos que eran sanados. (Levítico 14:2-3)  Y él debía escuchar que el sacerdote declarara la palabra “limpio” sobre él. (Levítico 14: 7)
Verás, como creyentes, cuando nosotros recibimos a Jesús, Su sangre nos limpia de pecado y de enfermedad. (Isaías 53:4-5)  Pero seguimos escuchando a la gente declarar pecado, enfermedad, pobreza y muerte sobre nosotros.  Seguimos escuchando a la gente decirnos que somos impuros, indignos, pobres, débiles, y que es natural que nos hagamos viejos y enfermizos, y muramos.
¡Dios está esperando por un sacerdocio que se levante y declare a Su pueblo limpio!
“Pero Pastor Prince, ¿en dónde puedo encontrar a estos sacerdotes?”
¿Quiénes son los sacerdotes hoy?  ¡Tú y yo!  De hecho, tenemos más autoridad para declarar cosas buenas, que los sacerdotes levitas del Antiguo Testamento.  Ellos eran solamente sacerdotes.  ¡Pero nosotros somos sacerdotes reales por la sangre de Jesús! (Apocalipsis 1:5-6)  En dónde hay palabra del rey, hay poder. (Eclesiastés 8:4)  Y por la palabra de un sacerdote, se resolverá toda disputa y toda ofensa. (Deuteronomio 21:5)
Amado, Dios te ha limpiado, ¡así que declárate limpio!  En este momento, pon tu mano sobre tu corazón y declara cosas buenas sobre ti mismo.  Di: “¡Yo me declaro a mí mismo limpio, justo, sano, completo y con provisión abundante, por la sangre de Jesús!”  ¡Por tus palabras como sacerdote real, toda ofensa contra ti deberá ser resuelta!
Viendo a través de los ojos de la fe,                         
Joseph Prince

Pensamiento Del Día

Ya que tú eres un sacerdote real por la sangre de Jesús, ¡tú puedes declarar cosas buenas sobre ti mismo y ver que estas sucedan!


sábado, 24 de septiembre de 2016

El Señor Es Poderoso Y Está Más Que Dispuesto

 Y extendiendo Jesús la mano, lo tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y al instante quedó limpio de su lepra.
Mateo 8:3

Cuando ves a alguien que recibe sanidad o libertad financiera de forma milagrosa, te preguntas: “¿Qué hay de mi, Señor?”  Yo creo que el leproso que vino a Jesús debe haberse hecho la misma pregunta.
Él debe de haber escuchado o visto desde la distancia, ya que la ley no le permitía estar en lugares públicos, cómo Jesús había sanado a los enfermos.  Así que, él no tenía ninguna duda de que Jesús podía curarlo, pero no estaba seguro de si Jesús lo haría.  Él le dijo a Jesús: “Señor, si quieres, puedes limpiarme” (Mateo 8: 2).  Él tenía confianza en el poder de Dios, pero no el amor de Dios por él.
Como el leproso, tal vez tú no tengas problema creyendo que Dios puede darte tu milagro, ya que Él es Dios Todopoderoso.  Pero te estás preguntando, ¿si Él lo hará por ti?  Mi amigo, dejemos que las acciones de Jesús y Su respuesta a los leprosos resuelvan este cuestionamiento de una vez por todas.  Él extendió Su mano, tocó al leproso y le dijo: “Quiero; sé limpio.”  Y de inmediato, el leproso fue sanado.
Quiero que te des cuenta de que Jesús tocó al leproso.  Él podía haberlo sanado desde la distancia con sólo hablar una palabra.  Él había sanado a otros de esta manera, como en el caso del siervo del centurión y la hija de la mujer siro-fenicia.  Así que, ¿por qué Él tocó al leproso?
Jesús sabía que durante muchos años, el leproso había sido separado de su familia y de la sociedad, por lo que debe haberse estado sintiendo deshumanizado.  Creo que Jesús lo tocó para hacer que él se sintiera un ser humano otra vez, para hacer que se sintiera amado y aceptado otra vez.  Tocarlo fue Su lenguaje de amor para el leproso.
¿Puedes ver el corazón amoroso de Dios aquí?  ¿Puedes ver lo mucho que Él amaba al leproso?  ¡Así es lo mucho que Él te ama!  El día en que te acerques a conocer el corazón amoroso de Dios y creas que Él quiere que seas bendecido más de lo que tú mismo lo deseas, ¡ese será el día en el que recibas tu milagro!
Amado, echa un vistazo al corazón amoroso de Dios, ¡y vas a creer que Él no sólo es poderoso, sino también quiere formarte a plenitud!
Viendo a través de los ojos de la fe,
Joseph Prince

Pensamiento Del Día

¡Dios no sólo es poderoso, sino también está dispuesto a formarte a plenitud!


miércoles, 9 de marzo de 2016

¡Jesús Quiere; Se Sano!

“Y extendiendo Jesús la mano, lo tocó, diciendo: Quiero; sé limpio…”
Mateo 8:3

¿Sabías que es la voluntad de Dios para ti que seas sano?  De hecho, Jesús siempre sanó a los enfermos que se acercaron a Él.  El ciego, el cojo, el manco, el mudo, el sordo y el poseído por demonios —¡Él los sanó a todos!  (Mateo 8:16).
La Biblia nos dice que aquel que ha visto a Jesús, ha visto al Padre (Juan 14:9).  ¿Quieres ver cómo es Dios?  ¡Mira a Jesús!  Él nunca le dio enfermedad a nadie.  Nunca vamos a encontrar que Jesús viendo a una persona en buena condición, le dijera: “Ven acá.  Estás muy saludable.  Recibe un poco de lepra.”  De hecho, cuando un leproso vino a Él por sanidad, Jesús, lleno de compasión le dijo: “¡Quiero; sé limpio!”
Desafortunadamente, hay algunos cristianos que dicen: “Es la voluntad de Dios para mí que esté enfermo.  Dios tiene algún propósito, un propósito misterioso para mi situación.  Todo es parte de Su plan divino y poco a poco sabremos el por qué.”  Pero estas mismas personas van al doctor para mejorar.  Toman sus medicamentos y descansan.  ¿Por qué hacen eso si ellos realmente creen que Dios los quiere enfermos?  ¿No tiene sentido, verdad?
Vamos, lo que si tiene sentido, perfectamente, es esto: Dios te quiere saludable.  Él te quiere completo, íntegro.  ¡Su voluntad para ti es que seas sano!  De hecho, ¡Él lo desea tanto, que llevó todas tus enfermedades y tus dolores sobre Su propio cuerpo, para que tú no tengas que llevarlos hoy!  Él permitió que se le golpeara y se le azotara, ¡para que por Sus llagas —por Sus heridas— tú seas sano!  (Isaías 53:5).  Ya que Él ha llevado la enfermedad en tu nombre, ¿por qué deberías llevarla tú hoy?
Así que, mi amigo, si estás enfermo, debes saber que Dios no te dio la enfermedad.  Lee cada milagro de sanidad que Jesús hizo en los Evangelios, y mira cómo Jesús es el Señor tu sanador (Éxodo 15:26).  Escucha Sus palabras llenas de gracia: “¡Quiero; se sano!”, y conoce que son para ti hoy, tanto como fueron para el leproso. 
Viendo a través de los ojos de la fe,
Joseph Prince

Pensamiento Del Día

¡Jesús llevó todas tus enfermedades y tus dolores sobre Su propio cuerpo, para que tú no tengas que llevarlos hoy!


martes, 9 de febrero de 2016

Jesús Llevó Tus Enfermedades

Ciertamente El llevó nuestras enfermedades, y cargó con nuestros dolores...
Isaías 53:4

Imagina la terrible enfermedad de la lepra comiéndose a un hombre en vida.  El pobre leproso de Mateo 8:2 ya no podía soportar su sufrimiento, así que salió a la luz pública buscando a Jesús.  Él necesitaba saber si Jesús estaba dispuesto a sanarlo.  Y cuando vio a Jesús, cayó a Sus pies y dijo: “Señor, si quieres, puedes limpiarme” (Mateo 8:2).  El Hijo de Dios miró a este hombre marginado con Sus ojos llenos de amor, le extendió Su mano, lo tocó y dijo: “Quiero, se limpio” (Mateo 8:3).
Puede ser que estés sufriendo alguna enfermedad y preguntándote ¿si Dios quiere sanarte?  No estás seguro si Él quiere hacerlo porque así como has visto a personas ser sanadas, también has visto a personas no serlo.  Mi amigo, no te fijes en la experiencia de otras personas.  ¡Mira a la cruz!  ¡Tan cierto como que Jesús llevó nuestros pecados, también cargó nuestros dolores!
Quiero darte hoy un fundamento sólido para que creer en esta verdad.  En Isaías 53, el capítulo sobre la crucifixión de nuestro Señor, se menciona en el verso cuatro: “Ciertamente Él llevó nuestras enfermedades, y cargó con nuestros dolores”.  Así que, desde el texto hebreo original Isaías se estaba refiriendo a sanidad física.
Una vez le pedí a un amigo judío que me leyera este verso en su Biblia Hebrea y me dijera ¿qué significaba?  Él me dijo que su Biblia decía claramente que Jesús había llevado nuestras enfermedades y cargado nuestros dolores. 
Si esto no es suficiente, mira Mateo 8:16-17: “… Trajeron a Él muchos endemoniados; y con la palabra echó fuera a los demonios, y sanó a todos los enfermos;  para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo: ‘Él mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias.’”  Mateo cita Isaías 53:4, diciendo que Jesús tomó nuestras “enfermedades” y cargó nuestros “dolores”.  Aquí el contexto también se refiere a sanidad física.
Mi amigo, si tan solo crees esta verdad, tus días de enfermedad habrán terminado.  Tú caminarás en mayor sanidad porque Aquel que ciertamente llevó tus enfermedades y cargó tus dolores, te dice: “¡Quiero, se limpio!”
Viendo a través de los ojos de la fe,
Joseph  Prince

Pensamiento Del Día


¡Tan cierto como que Jesús apartó de ti tus pecados, Él también apartó de ti tus enfermedades!


sábado, 10 de octubre de 2015

¡Declárate Limpio!

Mateo 8:3
Y extendiendo Jesús la mano, lo tocó, diciendo: “Quiero; sé limpio.”  Y al instante quedó limpio de su lepra.
Muchos de nosotros estamos familiarizados con la sanidad del leproso en Mateo 8.  Es un hermoso relato de la voluntad de Dios de tocar y sanar a los enfermos, sin importar lo impuros que puedan estar.  Cuando dudemos de la voluntad de Dios para sanarnos, debemos escuchar las palabras de Jesús de nuevo: “Quiero; sé limpio.”  ¡Él es el mismo ayer, hoy y para siempre!
Ya que la Biblia es clara acerca de la voluntad de Dios de sanar, ¿por qué todavía tenemos problemas con nuestra salud?  ¿Por qué todavía experimentamos síntomas en nuestros cuerpos?
Creo que la respuesta se encuentra en lo que Jesús le dijo al leproso que hiciera a continuación.  Él le dijo que fuera y se presentara ante el sacerdote (Mateo 8:4).  Esta era la ley en ese tiempo para leprosos que eran sanados (Levítico 14:2-3).  Y él debía escuchar que el sacerdote declarara la palabra “limpio” sobre él (Levítico 14: 7).
Verás, como creyentes, cuando nosotros recibimos a Jesús, Su sangre nos limpia de pecado y de enfermedad (Isaías 53:4-5).  Pero seguimos escuchando a la gente declarar pecado, enfermedad, pobreza y muerte sobre nosotros.  Seguimos escuchando a la gente decirnos que somos impuros, indignos, pobres, débiles, y que es natural que nos hagamos viejos y enfermizos, y muramos.
¡Dios está esperando por un sacerdocio que se levante y declare a Su pueblo limpio!
“Pero Pastor Prince, ¿en dónde puedo encontrar a estos sacerdotes?”
¿Quiénes son los sacerdotes hoy?  ¡Tú y yo!  De hecho, tenemos más autoridad para declarar cosas buenas, que los sacerdotes levitas del Antiguo Testamento.  Ellos eran solamente sacerdotes.  ¡Pero nosotros somos reyes-sacerdotes por la sangre de Jesús! (Apocalipsis 1:5-6).  En dónde hay palabra del rey, hay poder (Eclesiastés 8:4).  Y por la palabra de un sacerdote, se resolverá toda disputa y toda ofensa (Deuteronomio 21:5).
Amado, Dios te ha limpiado, ¡así que declárate limpio!  En este momento, pon tu mano sobre tu corazón y declara cosas buenas sobre ti mismo.  Di: “¡Yo me declaro a mí mismo limpio, justo, sano, completo y con abundante provisión, por la sangre de Jesús!”  ¡Por tus palabras como rey-sacerdote, toda ofensa contra ti deberá ser resuelta!
Pensamiento Del Día


Ya que tú eres un rey-sacerdote por la sangre de Jesús, ¡tú puedes declarar cosas buenas sobre ti mismo y ver que estas sucedan!


jueves, 12 de febrero de 2015

¡Jesús Quiere; Se Sano!

Mateo 8:3
“Y extendiendo Jesús la mano, lo tocó, diciendo: Quiero; sé limpio…”
¿Sabías que es la voluntad de Dios para ti que seas sano?  De hecho, Jesús siempre sanó a los enfermos que se acercaron a Él.  El ciego, el cojo, el manco, el mudo, el sordo y el poseído por demonios —¡Él los sanó a todos!  (Mateo 8:16).
La Biblia nos dice que aquel que ha visto a Jesús, ha visto al Padre (Juan 14:9).  ¿Quieres ver cómo es Dios?  ¡Mira a Jesús!  Él nunca le dio enfermedad a nadie.  Nunca vamos a encontrar que Jesús viendo a una persona en buena condición, le dijera: “Ven acá.  Estás muy saludable.  Recibe un poco de lepra.”  De hecho, cuando un leproso vino a Él por sanidad, Jesús, lleno de compasión le dijo: “Quiero; sé limpio!”
Desafortunadamente, hay algunos cristianos que dicen: “Es la voluntad de Dios para mí que esté enfermo.  Dios tiene algún propósito, un propósito misterioso para mi situación.  Todo es parte de Su plan divino y poco a poco sabremos el por qué.”  Pero estas mismas personas van al doctor para mejorar.  Toman sus medicamentos y descansan.  ¿Por qué hacen eso si ellos realmente creen que Dios los quiere enfermos?  ¿No tiene sentido, verdad?
Vamos, lo que si tiene sentido, perfectamente, es esto: Dios te quiere saludable.  Él te quiere completo, pleno.  ¡Su voluntad para ti es que seas sano!  De hecho, ¡Él lo desea tanto, que llevó todas tus enfermedades y tus dolores sobre Su propio cuerpo, para que tú no tengas que llevarlos hoy!  Él permitió que se le golpeara y se le azotara, ¡para que por Sus llagas —por Sus heridas— tú seas sano!  (Isaías 53:5).  Ya que Él ha llevado la enfermedad en tu nombre, ¿por qué deberías llevarla tú hoy?
Así que, mi amigo, si estás enfermo, debes saber que Dios no te dio la enfermedad.  Lee cada milagro de sanidad que Jesús hizo en los Evangelios, y mira cómo Jesús es el Señor tu sanador (Éxodo 15:26).  Escucha Sus palabras llenas de gracia: “¡Quiero; se sano!”, y conoce que son para ti hoy, tanto como fueron para el leproso. 
Pensamiento Del Día

¡Jesús llevó todas tus enfermedades y tus dolores sobre Su propio cuerpo, para que tú no tengas que llevarlos hoy!


miércoles, 14 de enero de 2015

Jesús Llevó Tus Enfermedades

Isaías 53:4
Ciertamente El llevó nuestras enfermedades, y cargó con nuestros dolores...
Imagina la terrible enfermedad de la lepra comiéndose a un hombre en vida.  El pobre leproso de Mateo 8:2 ya no podía soportar su sufrimiento, así que salió a la luz pública buscando a Jesús.  Él necesitaba saber si Jesús estaba dispuesto a sanarlo.  Y cuando vio a Jesús, cayó a Sus pies y dijo: “Señor, si quieres, puedes limpiarme” (Mateo 8:2).  El Hijo de Dios miró a este hombre marginado con Sus ojos llenos de amor, le extendió Su mano, lo tocó y dijo: “Quiero, se limpio” (Mateo 8:3).
Puede ser que estés sufriendo alguna enfermedad y preguntándote ¿si Dios quiere sanarte?  No estás seguro si Él quiere hacerlo porque así como has visto a personas ser sanadas, también has visto a personas que no lo son.  Mi amigo, no te fijes en la experiencia de otras personas.  ¡Mira a la cruz!  ¡Tan cierto como que Jesús llevó nuestros pecados, también cargó nuestros dolores!
Quiero darte hoy un fundamento sólido para que creer en esta verdad.  En Isaías 53, el capítulo sobre la crucifixión de nuestro Señor, se menciona en el verso cuatro: “Ciertamente Él llevó nuestras enfermedades, y cargó con nuestros dolores”.  Así que, desde el texto hebreo original Isaías se estaba refiriendo a sanidad física.
Una vez le pedí a un amigo judío que me leyera este verso en su Biblia Hebrea y me dijera ¿qué significaba?  Él me dijo que su Biblia decía claramente que Jesús había llevado nuestras enfermedades y cargado nuestros dolores. 
Si esto no es suficiente, mira Mateo 8:16-17: “… Trajeron a Él muchos endemoniados; y con la palabra echó fuera a los demonios, y sanó a todos los enfermos;  para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo: ‘Él mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias.’”  Mateo cita Isaías 53:4, diciendo que Jesús tomó nuestras “enfermedades” y cargó nuestros “dolores”.  Aquí el contexto también se refiere a sanidad física.
Mi amigo, si tan solo crees esta verdad, tus días de enfermedad habrán acabado.  Tú caminarás en mayor sanidad porque Aquel que ciertamente llevó tus enfermedades y cargó tus dolores, te dice: “¡Quiero, se limpio”!

Pensamiento Del Día


¡Tan cierto como que Jesús apartó de ti tus pecados, Él también apartó de ti tus enfermedades!


miércoles, 28 de mayo de 2014

Mira Al Jesús Real

Medita En

Las noticias acerca de Él corrieron y llegaron tan lejos como Siria, y pronto la gente comenzó a llevarle a todo el que estuviera enfermo. Y Él los sanaba a todos, cualquiera fuera la enfermedad o el dolor que tuvieran, o si estaban poseídos por demonios, o eran epilépticos o paralíticos.
Mateo 4:24, NTV

La Biblia dice que si quieres saber cómo es Dios, simplemente veas a Jesús.  Si quieres saber lo que el Padre siente en relación a sanar a los enfermos, solamente mira a Jesús!  Jesús SIEMPRE sanó a los enfermos que se acercaron a Él.  A los ciegos, cojos, mudos, sordos y poseídos por demonios –Él los sanó a TODOS!
Jesús nunca le dio enfermedad a nadie.  Encontramos a Jesús sanando a los leprosos mientras estuvo en la tierra, pero nunca le encontramos llamando a alguien para decirle: “Tú estás muy saludable y te ves muy bien.  Recibe un poco de lepra para que aprendas a ser humilde.”  No, cuando un leproso se acercó a Él, desconfiando de que Jesús quisiera sanarle, Jesús, lleno de compasión, le dijo con firmeza: “¡Quiero. Se sano!”
Ese es tu Jesús.  Ese es tu Dios.  Acércate confiadamente a Jesús, el Señor que te sana –ahora y siempre (Éxodo 15:26)! 
Bendiciones,

Joseph Prince


miércoles, 16 de abril de 2014

Más Allá De Toda Expectativa

Medita En
Y cuando bajó del monte, grandes multitudes le seguían. Y he aquí, se le acercó un leproso y se postró ante El, diciendo: “Señor, si quieres, puedes limpiarme.” Y extendiendo Jesús la mano, lo tocó, diciendo: “Quiero; sé limpio.” Y al instante quedó limpio de su lepra.
Mateo 8:1-3

Cuando el Señor te bendice, Él te bendice más allá de lo que tú esperas.  En la sanidad del leproso, Jesús extendió la mano y tocó al leproso, diciendo: “Quiero; sé limpio.”  Y al instante, el hombre fue sano.
¿Te diste cuenta que Jesús tocó al leproso primero, antes de sanarlo?  ¡Me encantan estos pequeños gestos de Jesús!  Ese simple toque le restauró el sentido de humanidad y dignidad a este hombre que no había sido tocado durante mucho tiempo.  Debido a su condición de impureza y físicamente repulsiva, ninguno quería estar cerca de él, mucho menos tocarlo.
Jesús sabía que el leproso necesitaba más que solo sanidad física, así que Él le dio por encima y más allá de lo que el leproso había deseado.  Amado, ¡este es el amor y la sobre provisión de gracia de nuestro Salvador!  ¿Cuál es tu carencia el día de hoy?  Mientras meditas en la amplitud de Su gracia para ti, ¡cree sin lugar a dudas que la provisión de Jesús excederá todas tus expectativas!
Bendiciones,

Joseph Prince