recibe pequeños mensajes de gracia todos los días

Mostrando entradas con la etiqueta extendió Su mano. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta extendió Su mano. Mostrar todas las entradas

miércoles, 24 de enero de 2018

Ignora Los Vientos Y Las Olas

Pero viendo la fuerza del viento tuvo miedo, y empezando a hundirse gritó, diciendo: ¡Señor, sálvame!
Mateo 14:30

Pedro bajó de la barca y caminó sobre el agua a la orden del Señor.  Pero al sentir los vientos turbulentos, tuvo pánico, empezó a hundirse y gritó: “¡Señor, sálvame!”  Inmediatamente, el Señor le extendió Su mano y lo salvó.
Déjame preguntarte esto: ¿Si los vientos no hubieran sido turbulentos esa noche, habría sido capaz Pedro de caminar sobre el agua?  ¡Por supuesto que no!  La hazaña de Pedro no tenía nada que ver con la intensidad de los vientos, ni de las olas.  Ésta tenía todo que ver con Jesús.  Mientras mantuvo sus ojos en Jesús, Pedro fue capaz de hacer lo que él vio al Señor haciendo.
De la misma manera, amigo, cuando los vientos turbulentos de los síntomas de dolor o informes médicos adversos gritan por tu atención, recuerda que recibir tu sanidad no tiene nada que ver con lo malos que estos sean.  Tiene todo que ver con que Cristo ya ha pagado el precio por tu sanidad y salud.  Tiene todo que ver con cómo está Él ahora, por encima de todas las enfermedades que pueden afectar a tu cuerpo.  Así que, mantén tus ojos en Jesús, ¡y camina en Su fuerza, sanidad y vida!
Lo mismo puede decirse sobre recibir la provisión del Señor.  ¿Realmente depende de lo bien que la economía esté marchando?  Así que, ¿por qué prestar atención a los reportes adversos y preocuparse?  Mantén tus ojos en Jesús, ¡y camina en Su provisión abundante!
Mi amigo, no dejes que los vientos de tormenta y las olas de sus retos te distraigan.  No tienen nada que ver con que tú camines victorioso sobre tus situaciones o no.  Sólo mantén tus ojos en Jesús –¡y recibe tu milagro! 
Viendo a través de los ojos de la fe,

Joseph Prince


sábado, 15 de abril de 2017

¡Jesús Quiere!

Y he aquí vino un leproso y se postró ante Él, diciendo: “Señor, si quieres, puedes limpiarme.”  Jesús extendió la mano y le tocó, diciendo: “Quiero; sé limpio.” Y al instante su lepra desapareció.
Mateo 8:2-3


Tú crees que Dios puede.  Pero ¿crees que Él quiere?
El leproso que vino a Jesús para que lo sanara dijo: “Señor, si quieres, puedes limpiarme.”  El leproso no dudaba de la habilidad de Jesús para sanarlo, pero no estaba seguro de si Jesús quería sanarlo a él.  En otras palabras, él creía en la omnipotencia de Dios, pero no estaba seguro de si el corazón de Dios tenía amor y favor inmerecido para él.
Mi amigo, no seas como ese leproso que malinterpretó completamente a Jesús.  Mateo 8:3  registra que “Jesús extendió la mano y le tocó, diciendo: ‘Quiero; sé limpio.’”  Jesús estaba más que dispuesto.  De hecho, ¿puedes ver cuán personal es el ministerio de Jesús?  Jesús extendió la mano y tocó al leproso con ternura.  Yo creo que Jesús hizo esto para sanarlo no solo de su lepra, sino también de las heridas emocionales que él tenía tras años de rechazo.
Jesús es el mismo ayer, hoy y por siempre. (Hebreos 13:8)  Cualquiera que sea la liberación por la que estás creyéndole a Él, Él te dice: “YO QUIERO.”  No dudes más del amor que Su corazón tiene para ti.  ¡Deja de estar ocupado en descalificarte y se completamente absorbido por Su amor y gracia para ti!
Viendo a través de los ojos de la fe,   
Joseph Prince


miércoles, 14 de enero de 2015

Jesús Llevó Tus Enfermedades

Isaías 53:4
Ciertamente El llevó nuestras enfermedades, y cargó con nuestros dolores...
Imagina la terrible enfermedad de la lepra comiéndose a un hombre en vida.  El pobre leproso de Mateo 8:2 ya no podía soportar su sufrimiento, así que salió a la luz pública buscando a Jesús.  Él necesitaba saber si Jesús estaba dispuesto a sanarlo.  Y cuando vio a Jesús, cayó a Sus pies y dijo: “Señor, si quieres, puedes limpiarme” (Mateo 8:2).  El Hijo de Dios miró a este hombre marginado con Sus ojos llenos de amor, le extendió Su mano, lo tocó y dijo: “Quiero, se limpio” (Mateo 8:3).
Puede ser que estés sufriendo alguna enfermedad y preguntándote ¿si Dios quiere sanarte?  No estás seguro si Él quiere hacerlo porque así como has visto a personas ser sanadas, también has visto a personas que no lo son.  Mi amigo, no te fijes en la experiencia de otras personas.  ¡Mira a la cruz!  ¡Tan cierto como que Jesús llevó nuestros pecados, también cargó nuestros dolores!
Quiero darte hoy un fundamento sólido para que creer en esta verdad.  En Isaías 53, el capítulo sobre la crucifixión de nuestro Señor, se menciona en el verso cuatro: “Ciertamente Él llevó nuestras enfermedades, y cargó con nuestros dolores”.  Así que, desde el texto hebreo original Isaías se estaba refiriendo a sanidad física.
Una vez le pedí a un amigo judío que me leyera este verso en su Biblia Hebrea y me dijera ¿qué significaba?  Él me dijo que su Biblia decía claramente que Jesús había llevado nuestras enfermedades y cargado nuestros dolores. 
Si esto no es suficiente, mira Mateo 8:16-17: “… Trajeron a Él muchos endemoniados; y con la palabra echó fuera a los demonios, y sanó a todos los enfermos;  para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo: ‘Él mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias.’”  Mateo cita Isaías 53:4, diciendo que Jesús tomó nuestras “enfermedades” y cargó nuestros “dolores”.  Aquí el contexto también se refiere a sanidad física.
Mi amigo, si tan solo crees esta verdad, tus días de enfermedad habrán acabado.  Tú caminarás en mayor sanidad porque Aquel que ciertamente llevó tus enfermedades y cargó tus dolores, te dice: “¡Quiero, se limpio”!

Pensamiento Del Día


¡Tan cierto como que Jesús apartó de ti tus pecados, Él también apartó de ti tus enfermedades!


viernes, 21 de diciembre de 2012

Ignore A Los Vientos Y Las Olas



Medite En

Pero viendo la fuerza del viento tuvo miedo, y empezando a hundirse gritó, diciendo: ¡Señor, sálvame!
Mateo 14:30


Pedro bajó de la barca y caminó sobre el agua al mandato del Señor. Pero al sentir los vientos turbulentos, tuvo pánico, empezó a hundirse y gritó: “¡Señor, sálvame!”  Inmediatamente, el Señor le extendió Su mano y lo salvó.
Déjeme preguntarle esto: ¿Si los vientos no hubieran sido turbulentos esa noche, habría sido capaz Pedro de caminar sobre el agua?  Por supuesto que no!  La hazaña de Pedro no tenía nada que ver con la intensidad de los vientos o las olas.  Tenía todo que ver con Jesús.  Mientras mantuvo sus ojos en Jesús, Pedro fue capaz de hacer lo que él vio al Señor haciendo.
De la misma forma, amigo, cuando los vientos turbulentos de los síntomas de dolor o malos informes médicos llaman por su atención, recuerde que recibir su sanidad no tiene nada que ver con lo malos que estos sean.  Tiene todo que ver con que Cristo ya ha pagado el precio por su sanidad y salud.  Tiene todo que ver con cómo está Él ahora, por encima de todas las enfermedades que pueden afectar a su cuerpo.  Así que mantenga sus ojos en Jesús y camine en Su fuerza, sanidad y vida!
Lo mismo puede decirse sobre recibir la provisión del Señor.  ¿Realmente depende de lo bien que la economía esté funcionando? Así que, ¿por qué prestar atención a los malos reportes y preocuparse?  Mantenga sus ojos en Jesús y camine en Su provisión abundante!
Amigo, no deje que los vientos de tormenta y las olas de sus retos le distraigan.  No tienen nada que ver con que usted camine victorioso sobre sus circunstancias o no.  Sólo mantenga sus ojos en Jesús –y reciba su milagro! 

Bendiciones,
Joseph Prince