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jueves, 6 de febrero de 2020

Presume De La Gracia De Dios Para Ti


Inspiración de Gracia
… “El que se gloría, que se gloríe en el Señor.”  (1 Corintios 1:31)
Si alguien te pregunta: “¿Qué debo hacer para heredar la vida eterna?”  Tú probablemente le dirías: “Cree en el Señor Jesús y serás salvo”, ¿no?
Pues un gobernante joven y rico le hizo la misma pregunta a Jesús, pero en lugar de decirle que creyera en Él, Jesús le dio la ley. (Ver Marcos 10:17–22)
Jesús vio que el joven gobernante vivía su vida sintiéndose orgulloso de la habilidad que tenía de guardar la ley a fin de ganar la salvación y el favor de Dios.  Pero movido por Su amor hacia él, Jesús tuvo que mostrarle que aquellos que viven conforme a la ley deben darse cuenta de que sus esfuerzos propios no pueden salvarlos.
Por lo tanto, le recordó: “Tú sabes los mandamientos: ‘No mates, no cometas adulterio, no hurtes…Honra a tu padre y a tu madre.’”  Entonces el joven gobernante demostró que su confianza estaba en cómo guardaba la ley, cuando respondió: “Maestro, todo esto lo he guardado desde mi juventud.”
Así que Jesús tuvo que decirle: “Una cosa te falta: ve y vende cuanto tienes y da a los pobres… y ven, sígueme.”  Cuando el joven gobernante escuchó esto, se fue triste.
Cuando nosotros presumimos de haber cumplido la ley, esto siempre apuntará hacia algo que nos hace falta o que hemos fallado en obedecer.  La ley es tan santa y perfecta que si nosotros no guardamos incluso una pizca de ella, ésta no tiene más remedio que juzgarnos y maldecirnos. (Ver Gálatas 3:10)  Fue para eso que la ley fue diseñada.
Dios no quiere que nosotros presumamos nuestras habilidades para guardar la ley.  Si vamos a tener confianza en algo, si debemos presumir de algo, que sea de la gracia de Dios.  Solo Su gracia puede guardarnos, salvarnos, sanarnos, liberarnos y bendecirnos completamente.
Así que no presumamos de lo que hemos hecho o somos capaces de hacer, sino de Su gracia para con nosotros —de que Él es nuestra fuerza, salud, favor, provisión, sabiduría, esperanza, salvación y gloria.  ¡Así es como vamos a disfrutar de nuestra herencia de vida abundante!
Viendo a través de los ojos de la fe,
Joseph Prince

miércoles, 11 de septiembre de 2019

Comienza Tu Día Con Jesús


Medita En
Bueno es dar gracias al Señor, y cantar alabanzas a Tu nombre, oh Altísimo; anunciar por la mañana Tu bondad, y Tu fidelidad por las noches.  (Salmos 92:1–2)
Es sorprendente la cantidad de personas que se levantan por la mañana y lo primero que hacen es leer el periódico, el cual a menudo trae malas noticias acerca de guerras, disturbios, desastres, colapsos financieros, violencia, desempleo, hambruna y nuevas cepas de virus mortales.
Por favor, comprende que no estoy en contra de leer o ver las noticias, pero quiero invitarte a que comiences tu día con Jesús, practicando Su presencia, reconociéndolo a Él, encomendando tus planes a Él y confiando en Él por Su favor inmerecido, sabiduría y fuerza para el día.  Recuerda ser como José de la Biblia.  ¡El Señor estaba con José y él era un hombre exitoso!  Tu éxito no viene como resultado de que estés al día sobre los virus más recientes o de que te hayas informado respecto al último desastre.  ¡No, tu éxito vendrá como resultado de que estés sintonizado con la presencia de Jesús en tu vida!
Hay muchas personas en mi iglesia que comienzan el día cada mañana tomando la Santa Cena, no como un ritual, sino como un tiempo para recordar a Jesús y el poder de Su cruz.  Mientras toman el pan, ellos buscan a Jesús por Su fuerza, recibiendo Su vida divina para sus cuerpos físicos.  Mientras toman la copa, ellos renuevan su conciencia acerca del regalo gratuito de la justicia, comprada por la sangre de Jesús en la cruz,. ¡qué manera de comenzar el día!
Viendo a través de los ojos de la fe,
Joseph Prince

miércoles, 14 de agosto de 2019

Él Te Sacia Con Larga Vida


Medita En
“Lo saciaré de larga vida, y le haré ver Mi Salvación”.  (Salmos 91:16)
¡Este es el versículo más importante del Salmo 91!  Si alguna vez has dudado que Dios desea que tú vivas una larga vida buena, deja que este versículo sea tu respuesta.  Puede ser que estés luchando con una condición de salud en este momento, pero por fe te invito a aferrarnos juntos a este versículo.  En el poderoso nombre de Jesús, te veo sano, saludable y con plenitud.  Te veo fuerte en Cristo y listo para enfrentar a cualquier gigante que se ponga delante de ti.
Una de mis imágenes favoritas de larga vida se encuentra en el personaje bíblico Caleb.  Cuando él tenía ochenta y cinco años, dijo: “He aquí, ahora tengo ochenta y cinco años. Todavía estoy tan fuerte como el día en que Moisés me envió; como era entonces mi fuerza, así es ahora mi fuerza para la guerra, y para salir y para entrar”. (Jos. 14:10–11)  La imagen de fe de la larga vida aquí, no es solo en términos de cantidad —el número de días— sino también de calidad —salud y fortaleza.  Caleb se mantuvo tan fuerte a los ochenta y cinco años como cuando tenía cuarenta y cinco.  Lo que significa que en los últimos cuarenta años en el áspero desierto, su fuerza, juventud y vigor no disminuyeron.  ¡No hubo fuga, ni retroceso y no se desvaneció su fuerza!
Si tal vez piensas que Caleb solo estaba hablando en grande, mira lo que dijo después: “Ahora pues, dame esta región montañosa de la cual el Señor habló aquel día, porque tú oíste aquel día que allí había anaceos con grandes ciudades fortificadas; tal vez el Señor esté conmigo y los expulsaré como el Señor ha dicho.” (Jos. 14:12)
¡A los ochenta y cinco años, Caleb estaba listo para pelear contra gigantes para tomar posesión de una montaña!  ¡Y Caleb hizo lo que dijo!  Lee la evidencia por ti mismo: “Por tanto, Hebrón vino a ser hasta hoy heredad de Caleb, hijo de Jefone cenezeo, porque siguió plenamente al Señor, Dios de Israel”. (Jos. 14:14)
¿Te impresionó que un pastor adolescente peleara contra un gigante llamado Goliat?  ¡Deberíamos estar totalmente impresionados por este hombre de ochenta y cinco años que tomó una montaña llena de gigantes!  Caleb era celoso de la gloria del Señor.  En cuanto a él, había asuntos pendientes respecto a ello porque el Señor les había prometido esa montaña hacía cuarenta años.  Mi creencia personal es que su reloj biológico dejó de funcionar y él básicamente dejó de envejecer porque mantuvo sus ojos no en sí mismo, sino en las promesas del Señor.  Mientras meditas en ello y encuentras fortaleza en las promesas de Dios, ¡esto mismo puede suceder para ti!
Viendo a través de los ojos de la fe,
Joseph Prince

miércoles, 3 de abril de 2019

Cuando Dios Puede Usarte


Medita En
Dios los ha unido a ustedes con Cristo Jesús. Dios hizo que Él fuera la sabiduría misma para nuestro beneficio. Cristo nos hizo justos ante Dios; nos hizo puros y santos y nos liberó del pecado. Por lo tanto, como dicen las Escrituras: «Si alguien quiere jactarse, que se jacte solamente del Señor».  (1 Corintios 1:30–31, NTV)
Es Jesús, Su sabiduría en tu vida, Su justificación y Su perfecta obra redentora en la cruz los que te dan el éxito.  Así que, cuando presumes de tu éxito, puedes hacerlo solamente de Jesús.  Sin Jesús, tú no tienes nada de qué presumir.  Pero con Jesús en tu vida, tú puedes presumir de Él y solamente de Él por cada éxito y bendición que recibes a través de Su favor inmerecido.  Si tú eres fuerte, poderoso y sabio en ti mismo, entonces el favor inmerecido de Dios no puede fluir.  Pero cuando te das cuenta de tus debilidades y tu insensatez, y dependes de Jesús, ahí es cuando Su favor inmerecido puede fluir libremente en tu vida.
Vemos esto en la historia de Moisés.  En sus primeros 40 años como príncipe egipcio que era visto hacia arriba y admirado, él pensó que lo sabía todo.  La Biblia dice que en estos primeros 40 años, Moisés fue “un hombre poderoso en palabras y en hechos.”  (Hechos 7:22), pero Dios no pudo usarlo.  Sin embargo, en los siguientes 40 años, algo le sucedió a Moisés.  Él había huido de Egipto después de matar a un egipcio que golpeaba a un hebreo y fue a habitar en el desierto de Madián.  Allí se convirtió en pastor y ya no se le consideraba poderoso en palabras, ni en hechos.  A decir verdad, él incluso se había convertido en tartamudo (ver Éxodo 4:10).  Y en este punto de su vida, cuando él probablemente pensaba que era un ser insignificante en comparación con lo que había sido, y que sus días de gloria estaban detrás de él, Dios se le apareció y le dijo: “Te enviaré a Faraón, para que saques a Mi pueblo… de Egipto”.  (Éxodo 3:10)
Cuarenta años antes, en el apogeo de su fuerza, Moisés ni siquiera pudo enterrar adecuadamente a un egipcio al que había matado —él fue descubierto y forzado a huir. (Éxodo 2:11–15)  Pero ahora, despojado de su dependencia a su fuerza humana y consciente de sus debilidades, él entró a su llamado, dependiente únicamente del favor inmerecido de Dios.  Y esta vez, cuando Moisés agitó Su vara sobre el mar, el mar cubrió perfectamente a decenas de millares de egipcios. (Éxodo 14:26-28)
La Biblia nos dice que “Dios resiste a los soberbios, pero da gracia [favor inmerecido] a los humildes”. (1 Pedro 5:5)  Amado, Dios no impondrá Su favor inmerecido en nosotros.  Cuando queramos depender de nosotros mismos y de nuestra sabiduría, Él nos permitirá hacerlo.  Su favor inmerecido es dado a aquellos que humildemente reconocen que no pueden tener éxito en sus propias fuerzas y habilidades.  ¡Cuando nosotros soltamos y dependemos de Su favor inmerecido, Él asume el control y hace por nosotros lo que no podemos hacer por nosotros mismos!
Viendo a través de los ojos de la fe,
Joseph Prince

miércoles, 6 de marzo de 2019

El Enemigo Está Debajo De Tus Pies

Medita En
Los setenta regresaron con gozo, diciendo: “Señor, hasta los demonios se nos sujetan en Tu nombre.” Y Él les dijo: “Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Mirad, os he dado autoridad para hollar sobre serpientes y escorpiones, y sobre todo el poder del enemigo, y nada os hará daño.”  (Lucas 10:17–19)
Nuestro Señor Jesús envió a setenta discípulos contra el reino de las tinieblas, como “corderos en medio de lobos”.  Mira en los versículos de hoy el intercambio entre los setenta discípulos y el Señor Jesús cuando regresaron.  ¡Mi amigo, el poder y la autoridad que nuestro Señor Jesús les dio a ellos para operar es el poder y la autoridad que tenemos hoy como creyentes!
Romanos 16:20 declara que “el Dios de paz, ¡aplastará pronto a Satanás debajo de nuestros pies!”  Él es un enemigo derrotado.  La Biblia es muy consistente y siempre pone al diablo debajo de tus pies. (Ver Gén. 3:15, Efesios 1:22)  Tú no estás a merced de los ataques del enemigo.  No lo pongas a él en un pedestal, como si tuviera poder y dominio sobre ti.  Recuerda que en Cristo, tú estás: “muy por encima de todo principado, autoridad, poder y dominio” (Efe. 1:21), ¡y a todo león y serpiente los pisotearás bajo tus pies!
Hoy, como creyentes, ejercemos nuestra autoridad cuando nos lanzamos a la ofensiva en contra del enemigo.  ¿Cómo se hace esto?  ¡Empuñando en nuestras manos la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios!  Nuestra autoridad, nuestra fuerza y nuestra victoria se encuentran en Su Palabra.
Mira cómo la Biblia describe la armadura de Dios: “Estad, pués, firmes, ceñida vuestra cintura con la verdad, revestidos con la coraza de la justicia, y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz, en todo, tomando el escudo de la fe con el que podréis apagar todos los dardos encendidos del maligno. Tomad también el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu que es la palabra de Dios.”(Efesios 6: 14–17).
¿Notaste que la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios, es la única pieza de la armadura que es ofensiva?  Es por eso que en cada ataque que el diablo lanzó a nuestro Señor Jesús, Él se defendió con la espada del Espíritu —Él usó la Palabra de Dios escrita.
Cuando oramos la oración de protección del Salmo 91, estamos orando de acuerdo con la Palabra de Dios y estamos empuñando con nuestras manos la espada del Espíritu.  Así que, no importa qué situación esté rugiendo contra ti, aunque se trate de un diagnóstico médico, un informe del banco o una noticia en los medios de comunicación, toma tu lugar de autoridad y echa mano de las Escrituras para esa situación.  ¡Contraataca con la Palabra de Dios!
Viendo a través de los ojos de la fe,
Joseph Prince

lunes, 11 de febrero de 2019

Una Ayuda Segura

Medita En
Dios es nuestro amparo y nuestra fortaleza, nuestra ayuda segura en momentos de angustia. Por eso, no temeremos aunque se desmorone la tierra y las montañas se hundan en el fondo del mar; aunque rujan y se encrespen sus aguas, y ante su furia retiemblen los montes.  (Salmos 46:1–3)
¡Qué poderosa promesa del Salmo 46!  ¡No necesitamos tener miedo porque incluso en tiempos de confusión y problemas, Dios es nuestra ayuda segura, nuestro refugio y nuestra fuerza!  Nuestra parte es clamar a Él y Él nos responderá y nos liberará.  Melinda, una señora de nuestra iglesia, experimentó esto por sí misma y me escribió para compartir su testimonio:
Mientras conducía para llevar a mi hijo de seis años a la escuela, salí de la autopista y me acerqué a un cruce de semáforos.  En ese momento, estábamos escuchando un CD con un sermón del pastor Prince en el auto y me sorprendió cómo Dios había salvado a Noé y a su familia de la inundación.  De repente, escuché un sonido fuerte cuando algo golpeó la parte trasera de mi auto.  Lo siguiente que supe fue que mi auto fue lanzado por el aire.  Se volcó, aterrizó sobre el techo y giró una buena distancia hasta que paró.
Mientras el auto giraba, comencé a gritar “¡Jesús!”  Al menos cinco veces hasta que el auto finalmente se detuvo.  A pesar de que habíamos girado boca abajo y mi hijo solo tenía un cinturón de seguridad que ataba su cuerpo, él había sido milagrosamente retenido en el contorno del asiento.  Su cabeza y sus piernas no colgaban de su asiento.  Su cuello podría haberse roto por el impacto del choque, pero estaba bien.
Mi hijo y yo salimos del accidente sin un rasguño, ni una lesión de columna.  Nos paramos a un lado de la carretera y muchos transeúntes acudieron en nuestra ayuda.  Después de salir del accidente, la imagen de Jesús sangrando en la cruz seguía destellando en mi mente.  Sabía que mi hijo y yo no tuvimos que sangrar en la carretera esa mañana porque Jesús había derramado Su sangre por nosotros.
Cuando mi esposo vino a buscarnos, nos compartió que él también iba manejando para el trabajo en el momento de nuestro accidente y cómo se sintió impulsado por el Espíritu Santo a apagar la radio y orar en lenguas.  Él también declaró el favor del Señor sobre nuestras vidas, algo que habíamos aprendido en la iglesia el día anterior.
Jesús convirtió un accidente posiblemente trágico en un desenlace de victoria.  ¡Ninguna cantidad de seguridad al manejar podría haber salvado nuestras vidas, solo Jesús y nada más!
¡Alabado sea el Señor!  En su tiempo de problemas, Melinda clamó al nombre de Jesús y Él le respondió.  No importa en qué situación te encuentras, ¡el Señor está contigo y con seguridad te liberará cuando invoques Su nombre!
Viendo a través de los ojos de la fe,
Joseph Prince

viernes, 1 de febrero de 2019

Tus Temores Y Ansiedades Se Disipan En La Presencia De Dios

Medita En
Como cera se derritieron los montes ante la presencia del Señor, ante la presencia del Señor de toda la tierra.  (Salmos 97:5)
No importa dónde estés, el Señor está contigo.  Incluso en medio de tus temores, mientras estás solo en tu habitación, Él está contigo.  En el momento en que comiences a notar Su presencia y a cultivar Su presencia, todos tus miedos, ansiedades y preocupaciones van a derretirse como mantequilla en un día caluroso, o como dice el salmista David: “Como cera se derritieron los montes ante la presencia del Señor”.
No puedes mentalizarte para terminar con tu temor, ni mentalizarte para terminar con tu preocupación.  No puedes simplemente decirte a ti mismo: “Vamos, deja de preocuparte.  No hay nada de qué preocuparse.”  Eso simplemente no funciona.  La deuda seguirá viéndote a la cara y tus problemas seguirán siendo tan insuperables como siempre, sin importar cuánto te esfuerces por mentalizarte para animarte a ti mismo.  Eso es lo que el mundo está tratando de hacer, pero no funciona.  Se necesita la presencia del Señor para mantenerte libre de las preocupaciones.
Jesús no te está pidiendo que te mentalices para animarte y vivas en un estado de negación.  ¡De ninguna manera!  Él te está diciendo: “En medio de tu aflicción, Yo Soy tu escudo.  Yo Soy tu defensor.  Yo Soy tu fortaleza.  Yo Soy tu refugio.  Yo Soy tu provisión.  Yo Soy tu sanación.  Yo Soy tu proveedor.  Yo Soy tu paz.  Yo Soy tu alegría.  Yo Soy tu sabiduría.  Yo Soy tu fuerza.  ¡Yo Soy tu gloria y el que levanta tu cabeza!” (Salmos 3:3)  ¡Amén!  Él no te está pidiendo que finjas que los hechos no están allí.  ¡Él quiere que te des cuenta que EL ESTÁ ALLÍ CONTIGO!
Cuando sepas que Él está contigo y para ti, y pongas tus problemas en Sus poderosas manos, vas a comenzar a tener una estimación más precisa de cuán “grandes” son tus problemas.  Cuando estuvieron en tus manos, el peso y la carga de tus problemas pueden haberte aplastado.  ¡Pero cuando involucras a Jesús, los problemas que antes eran monumentales, se vuelven microscópicos contra la grandeza de Su amor y bondad hacia ti!
Hoy, al considerar todo lo que necesitas hacer y las expectativas puestas sobre ti, mira a Jesús allí contigo.  Él es tu provisión, sabiduría, paz y fortaleza.
Viendo a través de los ojos de la fe,
Joseph Prince

sábado, 12 de mayo de 2018

El Amor De Dios Te Hace Fuerte


 “… conocer el amor de Cristo  que sobrepasa el conocimiento, para que seáis llenos hasta la medida de toda la plenitud de Dios.”
Efesios 3:19
Si tuvieras que dar gracias a Dios por algo hoy, ¿qué sería?  Para mí, sería dar gracias a Dios por darme a Jesús.  Porque cuando veo a Jesús en la cruz, veo el amor de Dios superando todo por mí.  Esto me provoca decir: “¡Gracias Jesús!  ¡Te amo Jesús! ¡Te adoro Jesús!  ¡Bendito seas Jesús!  ¡Aleluya!”
Y mientras adoramos y celebramos el amor de Jesús en nuestras vidas, vamos a hallar que somos transformados, y vamos a ver el gran poder de Dios manifestándose para nosotros y por medio de nosotros.
Este fue el caso en la vida de David.  Sus tiempos personales de adoración, estando absorto en el amor de Dios por él, lo transformaron de un sencillo pastor de ovejas, a un asesino de leones, asesino de osos, asesino de gigantes, y finalmente a ser rey sobre Israel.
Ahora, ninguna persona sobre la tierra, sin importar lo fuerte que sea, y mucho menos siendo joven, puede venir en contra de un león, tomarlo por la quijada y abrir su boca para rescatar la oveja que se había llevado, a menos que la unción de Dios estuviera con él.  Y esto era en efecto lo que pasaba con David el pastor de ovejas que iba tras el león, lo tomaba por la barba, lo golpeaba y lo mataba, y así liberaba a la oveja de sus fauces. (1 Samuel 17:34-37)
Mi amigo, ningún hombre puede realmente disfrutar vivir en este mundo sin la fuerza de Dios en su vida, sin el favor de Dios en su trabajo y sus relaciones, sin la protección de Dios sobre él y su familia, sin el crecimiento de Dios en sus finanzas, y sin la salud de Dios en su cuerpo.  De igual manera, ninguna mujer puede sobrevivir emocionalmente, socialmente, ni físicamente, sin el toque tierno de Dios, Su presencia amorosa, Su dulce afirmación y Sus palabras de vida en tiempos de necesidad.
Amado, mientras te alimentas del amor de Dios por ti, vas a ser lleno con la plenitud de Dios.  Así como David, la unción de Dios comenzará a obrar poderosamente en tu vida.  Y cuando encuentres leones espirituales, incluso al mismo diablo —cuando él venga como un león rugiente en contra tuya, tus seres amados o tus posesiones— ¡tú vas a tomarlo por la boca y lo vas a despedazar!
Viendo a través de los ojos de la fe,
Joseph Prince

domingo, 22 de abril de 2018

El Regalo De La No Condenación


… “Yo tampoco te condeno. Vete; desde ahora no peques más.”
Juan 8:11
Cuando Jesús estaba en la tierra, una mujer sorprendida en adulterio fue llevada delante de Él por los escribas y los fariseos, la mafia religiosa de esos días.  Ellos intentaban atraparle planteándole una pregunta difícil de responder: “En la ley, Moisés nos ordenó apedrear a esta clase de mujeres; ¿Tú, pues, qué dices?” (Juan 8:5)
Jesús respondió: “El que de vosotros esté sin pecado, sea el primero en tirarle una piedra”. (Juan 8:7)  Los escribas y los fariseos se fueron retirando uno a uno, hasta que no quedó ninguno.
Las personas en la multitud que querían condenar a la mujer no pudieron.  Pero Jesús, el único en la multitud que realmente tenía el poder de condenarla, no lo hizo.  Él luego le preguntó: “Mujer… ¿Ninguno te ha condenado?” (Juan 8:10)
Él habló estas palabras de gracia a ella, porque la amaba.  Además, al hacerle esa pregunta, Él le estaba dando la oportunidad de hablar palabras de no condenación para sí misma —“Ninguno [me condena], Señor.” (Juan 8:11)
Jesús no solo le habló palabras de gracia, Él también le dio el regalo de la no condenación —“Yo tampoco te condeno.  Vete; desde ahora no peques más.”  Fue cuando ella recibió el regalo de la no condenación, que tuvo el poder para “ir y no pecar más”.
Hoy, tú tienes el regalo de la no condenación porque el Hijo de Dios fue condenado por tus pecados. (Romanos 8:1)  Hoy, Dios no puede condenarte cuando pecas, porque Él es fiel y justo a lo que Su Hijo ha hecho.
Así que, si el diablo trata de convencerte de que Dios está enojado contigo cuando tropiezas y caes, solo dile: “¡Dios no me condena hoy, porque 2,000 años atrás Él ya condenó a Jesús en la cruz!”
Desafortunadamente, todavía escuchamos a las personas decir: “Vete y no peques más en primer lugar, luego, Yo no te condeno.”  Tal vez tú has estado diciéndote esto a ti mismo también.  Pero Dios dice: “Yo no te condeno.  Vete y no peques más.”  ¡Él te ha dado el regalo de la no condenación, para que tú tengas la fuerza para ir y no pecar más!
Viendo a través de los ojos de la fe,
Joseph Prince

sábado, 6 de enero de 2018

El Espíritu Convence De Justicia

… Él convencerá al mundo de pecado, de justicia… de pecado, por cuanto no creen en Mí; de justicia, por cuanto voy al Padre, y no Me veréis más.
Juan 16:8-10
Cuando fui salvo, siendo joven, recuerdo que justo después de hacer la oración del pecador, un consejero me preguntó: “¿Sabes lo que tienes dentro de ti ahora?”  Le dije: “No.”  Él dijo: “Una vez que eres salvo, tienes al Espíritu Santo dentro de ti.”
Luego, él me dijo: “El Espíritu Santo es la campanita que hace ding-dong dentro de ti.  Él está ahí porque cuando hagas algo que no está bien, hará: “¡Ding-dong! ¡Ding-dong!”   Y a partir de ese momento, sentí como que siempre había alguien vigilándome, no para atraparme haciendo algo bien, sino para atraparme cuando hacía algo mal.  Yo empecé a ver al Espíritu Santo, ¡como un criticón!
Estoy tan contento porque hoy lo entiendo mejor.  El Espíritu Santo no es una “campanita de ding-dong,” y ciertamente no es un criticón.  El no convence a los creyentes de sus pecados.  Por el contrario, ¡Él convence a los creyentes de su justicia en Cristo!
Los versos de hoy nos muestran que el Espíritu Santo convence al mundo (no creyentes) de un pecado en particular –el pecado de no creer en Jesús.  Nosotros, los creyentes no podemos ser convencidos de este pecado de incredulidad porque ya creemos en Jesús.  De lo que el Espíritu Santo nos convence es de nuestra justicia.  Dios nos dio al Espíritu Santo para recordarnos que somos justos en Cristo a causa de Su sacrificio.
Amado, agradece a Dios por que el Espíritu Santo está en ti para convencerte de justicia.  Cuando tú fallas, Él es la voz cálida y alentadora que apunta a la cruz y te dice: “La sangre de Jesús ha quitado este pecado.  Tú sigues siendo justo.”  Él te da la fuerza para ponerte de pie otra vez y seguir caminando con Dios.  ¡Y cuando tú comprendes que eres justo, vives una vida que le da honra a Dios! 
Viendo a través de los ojos de la fe,

Joseph Prince


jueves, 28 de diciembre de 2017

Engrandeced Al Señor

Engrandeced al SEÑOR conmigo, y exaltemos a una Su nombre.
Salmos 34:3

Cuando damos gracias al Señor –cuando le alabamos y adoramos– estamos engrandeciéndole. (Salmo 34:3)  ¿Por qué es esto importante?
Porque muchas veces, cuando somos atormentados ​​por los problemas, tendemos a insistir tanto en ellos hasta que en nuestra mente se convierten en ¡enormes monstruos peludos!  Les damos tanto peso que olvidamos que el Señor es mucho más grande que todos los problemas del Universo juntos.
Es por eso que en vez de ello necesitamos engrandecer al Señor (hacerlo grande en nuestra conciencia).  Al darle peso a Su presencia y a Su amor por nosotros, nuestras montañas se vuelven pequeñas.  Al darle peso a Su poder para disolver los problemas y obstáculos en nuestras vidas, ¡lo que esos problemas y obstáculos pueden hacernos se convierte en insignificante a la luz de lo que el Señor puede y va a hacer por nosotros!
Entonces, amado, si tienes una enfermedad, engrandece al Señor tu sanador.  Si estás sufriendo escasez financiera, engrandece al Señor tu proveedor.  Cualquier temor que tengas respecto a tus montañas se disolverá en Su presencia, ¡y allí encontrarás Su sabiduría divina, fuerza y gracia para superarlas sobrenaturalmente! 
Viendo a través de los ojos de la fe,

Joseph Prince


miércoles, 8 de noviembre de 2017

Lo Que La Luz Del Mundo Hace

Otra vez Jesús les habló, diciendo: “Yo Soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.”
Juan 8:12
A la mujer sorprendida en adulterio, Jesús le dijo: “Ni Yo te condeno; vete, y no peques más.” (Juan 8:11)  Él le dio el regalo de la no condenación, de modo que ella tendría la fuerza para “irse y no pecar más.”  Pero, ¿sabes lo que Jesús dijo luego?  Él dijo, “Yo Soy la luz del mundo...”
Muchos de nosotros, cuando oímos que Jesús es la luz del mundo, tenemos miedo de estar frente a Jesús porque creemos que Su luz expondrá todos nuestros pecados.  Tal vez has escuchado a predicadores decir: “¡No pienses ni por un instante que puedes ocultar tu pecado!  ¡Jesús, la luz del mundo, expondrá tu pecado ante todos!”  Muchos de nosotros pensamos que eso es lo que “la luz del mundo” hace –Él expone nuestros pecados.
Pero observa el contexto en el que Jesús declaró que Él es la luz del mundo.  Él acababa de salvar a la mujer, y exponer la hipocresía de los fariseos.  Esto me indica que la luz de Jesús en tu vida no te condena, te humilla o te avergüenza.  ¡La luz de Jesús en tu vida muestra cómo tú estás perfectamente limpio por Su sangre!  Muestra la eficacia de Su sangre, y la perfección de Su obra en el Calvario.
Amado, no tengas miedo de acercarte a la presencia de Dios.  Su luz no está ahí para exponer tus pecados.  ¡Está ahí para mostrar lo hermoso, lo radiante y lo glorioso que eres tú a causa de la obra terminada de Cristo!  Empieza a verte a ti mismo en esta luz, ¡y espera reinar en la vida porque tú has sido hecho justo y glorioso por lo que Cristo ha hecho! 
Viendo a través de los ojos de la fe,

Joseph Prince


jueves, 8 de diciembre de 2016

Constrúyete Tú Mismo —Espíritu, Alma y Cuerpo

El que habla en lenguas, a sí mismo se edifica…
1ª Corintios 14:4

Muchos carismáticos creen que cuando hablamos en lenguas, edificamos o construimos nuestro hombre espiritual.  Bueno, eso es sólo una tercera parte cierto.  La Biblia no dice que el hablante edifica su espíritu.  No, dice que el que habla en lenguas “se edifica a sí mismo.”  Esto significa todo su ser —espíritu, alma y cuerpo.  Así que, el que habla en lenguas construye no sólo su espíritu, sino su alma y cuerpo también.
Amado, si estás sintiéndote emocionalmente agotado o simplemente cansado físicamente por una semana agitada, comienza a orar en lenguas y permite que el Espíritu Santo te edifique.  El Espíritu de Dios en ti conoce exactamente lo que tú necesitas y va a darte descanso y va a recargarte —en espíritu, alma y cuerpo— mientras tú te rindes a Él y oras en lenguas.  Algunas veces, cuando estoy cansado después de un largo vuelo y todavía tengo que predicar en una conferencia, yo oro en lenguas para edificarme a mí mismo.  He descubierto que cuando hago esto, a pesar del desfase de horarios, yo tengo la fuerza y ​​la claridad de mente para predicar un mensaje ungido y hacer lo que necesite hacer durante el día.
Uno de los miembros de nuestra congregación, un hermano de 74 años de edad, decidió construir su cuerpo, específicamente, su corazón.  Él había descubierto que dos de sus arterias estaban 70 por ciento bloqueadas y cinco pequeños vasos más estaban 80 por ciento bloqueados.  Así que, durante un servicio religioso, cuando pedí a quienes querían ser sanados de problemas cardíacos que se pusieran de pie, él se levantó, puso su mano sobre su corazón y oró en lenguas.
Él nos compartió que en ese momento él creyó que el Espíritu Santo lo tocó y se convirtió en una persona diferente.  Cuando él fue a su chequeo médico, el cirujano halló que, ¡todos los bloqueos en sus arterias y vasos sanguíneos se habían ido!  Incluso la operación programada relacionada a su corazón fue cancelada, ya que no había ninguna necesidad para ella.  De hecho, él era una persona diferente.  Él literalmente tuvo un cambio de corazón, ¡un nuevo corazón de Dios!
Amado, puede ser que tú no tengas una enfermedad del corazón, pero también puedes orar en lenguas por él área de tu necesidad.  ¡Comienza a construirte tú mismo hoy —espíritu, alma y cuerpo— y disfruta la sanidad, el bienestar, el poder y la sabiduría que sólo el Espíritu Santo puede dar!
Viendo a través de los ojos de la fe,
Joseph Prince

Pensamiento Del Día

Orar en lenguas te edifica —espíritu, alma y cuerpo.


sábado, 3 de diciembre de 2016

Una Vía De Escape

Tú preparas mesa delante de mí en presencia de mis enemigos; has ungido mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando.
Salmos 23:5

La mesa está servida.  El pan y el vino están allí, y Jesús te dice: “Ven, hijo Mío, participa.”  Pero tú le dices: “¡Señor, no soy digno!”  Tienes miedo de participar de la mesa del Señor tal vez porque te han enseñado que si tomas de ella en tu estado “indigno,” te encontrarás bajo el ardiente juicio de Dios.
Mi amigo, Jesús te ha lavado y te ha dejado más blanco que la nieve, y te ha autorizado con Su propia sangre, ¡por lo que eres tan digno como digno se puede ser!  La cosa más humilde que puedes hacer ahora es reconocer Su sacrificio perfecto y aceptar Su invitación con alegría.
En 1ª Corintios 11, Pablo dice a la iglesia cómo participar de la Cena del Señor, para que ellos no beban juicio para sí mismos.  La palabra “juicio” en los versículos 29 y 34 es krima en el texto griego original.  Esto se refiere a una sentencia divina.  Y en el contexto de este pasaje, la sentencia divina se refiere a la enfermedad.
Pero, ¿cuándo fue aprobada esta sentencia divina de enfermedad?  Fue aprobada cuando Adán pecó. (Génesis 3:19)  Cuando él pecó, la muerte entró en el mundo (Génesis 2:17), y el hombre crecería viejo y débil, se enfermaría y moriría.
Así que, no es que Dios esté pasando sentencias de enfermedad a las personas hoy en día.  ¿Cómo podría ser eso si Jesús dijo: “Porque Dios no envió a Su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por Él” (Juan 3:17)?  Dios no está en el negocio de la condenación sino en el de la salvación.  Y la palabra griega que significa “salvado,” sozo, también significa preservar, sanar y llevar a plenitud.
Dios no quiere que sufras la sentencia divina de la enfermedad que ya está en el mundo, así que Él te ha dado una vía de escape, pagada con la sangre de Su Hijo.  Él quiere que tú seas sano y tengas plenitud, sin las enfermedades del mundo, y Él ha hecho esto posible para ti, a través de la Comunión de la Santa Cena.
Así que, no dejes que te roben esta gran bendición por más tiempo debido a enseñanzas erróneas que han puesto temor en tu corazón.  ¡Acércate confiadamente a la mesa del Señor hoy y recibe una porción fresca de Su salud, fuerza, plenitud y vida!
Viendo a través de los ojos de la fe,
Joseph Prince

Pensamiento Del Día

Dios quiere que tú seas sano y tengas plenitud sin las enfermedades del mundo, y ha hecho esto posible para ti a través de la Comunión de la Santa Cena.


jueves, 17 de marzo de 2016

El Regalo De La No Condenación

… “Yo tampoco te condeno. Vete; desde ahora no peques más.”
Juan 8:11

Cuando Jesús estaba en la tierra, una mujer sorprendida en adulterio fue llevada delante de Él por los escribas y los fariseos, la mafia religiosa de esos días.  Ellos intentaban atraparle planteándole una pregunta difícil de responder: “En la ley, Moisés nos ordenó apedrear a esta clase de mujeres; ¿Tú, pues, qué dices?” (Juan 8:5).
Jesús respondió: “El que de vosotros esté sin pecado, sea el primero en tirarle una piedra” (Juan 8:7).  Los escribas y los fariseos se fueron retirando uno a uno, hasta que no quedó ninguno.
Las personas en la multitud que querían condenar a la mujer no pudieron.  Pero Jesús, el único en la multitud que realmente tenía el poder de condenarla, no lo hizo.  Él luego le preguntó: “Mujer… ¿Ninguno te ha condenado?” (Juan 8:10).
Él habló estas palabras de gracia a ella, porque la amaba.  Además, al hacerle esa pregunta, Él le estaba dando la oportunidad de hablar palabras de no condenación para sí misma —“Ninguno [me condena], Señor” (Juan 8:11).
Jesús no solo le habló palabras de gracia, Él también le dio el regalo de la no condenación —“Yo tampoco te condeno.  Vete; desde ahora no peques más”.  Fue cuando ella recibió el regalo de la no condenación, que tuvo el poder para “ir y no pecar más”.
Hoy, tú tienes el regalo de la no condenación porque el Hijo de Dios fue condenado por tus pecados (Romanos 8:1).  Hoy, Dios no puede condenarte cuando pecas, porque Él es fiel y justo a lo que Su Hijo ha hecho.
Así que, si el diablo trata de convencerte de que Dios está enojado contigo cuando tropiezas y caes, solo dile: “¡Dios no me condena hoy, porque 2,000 años atrás Él ya condenó a Jesús en la cruz!”
Desafortunadamente, todavía escuchamos a las personas decir: “Vete y no peques más en primer lugar, luego, Yo no te condeno.”  Tal vez tú has estado diciéndote esto a ti mismo también.  Pero Dios dice: “Yo no te condeno.  Vete y no peques más.”  ¡Él te ha dado el regalo de la no condenación, para que tú tengas la fuerza para ir y no pecar más!
Viendo a través de los ojos de la fe,
Joseph Prince

Pensamiento Del Día

Tú tienes el regalo de la no condenación porque el Hijo de Dios fue condenado por tus pecados.