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viernes, 20 de mayo de 2016

Permite Que Jesús Lave Tus Pies

Pedro le contestó: “¡Jamás me lavarás los pies!” 
Jesús le respondió: “Si no te lavo, no tienes parte conmigo.”
Juan 13:8

Quiero que te fijes en lo que el Señor le dijo a él: “Pedro, si no te lavo, no tienes parte conmigo.”  Lo que el Señor realmente le estaba diciendo a Pedro era: “Pedro, tú no puedes fluir junto conmigo, no puedes caminar junto a Mí en el ministerio, ni en el servicio, ni en efectividad, si no me permites lavar tus pies.”  Entonces Pedro le dijo: “Señor, [lávame] entonces no solo los pies, sino también las manos y la cabeza.” (Juan 13:9)
Pero Jesús le respondió diciendo: “El que se ha bañado no necesita lavarse, excepto los pies, pues está todo limpio; y vosotros estáis limpios...” (Juan 13:10)
¡Una vez que hemos aceptado a Cristo como nuestro Señor y Salvador, estamos bañados por completo, y limpios por Su sangre, de una vez y para siempre!  Su sangre nos ha perfeccionado para siempre, (Hebreos 10:14) así que, nosotros solo necesitamos lavar nuestros pies porque caminamos en el mundo y nuestros pies recogen polvo y suciedad, haciéndonos tropezar.
Así que, ¿cómo está Jesús lavando tus pies hoy?  Efesios 5:25-26 nos dice que “Cristo amó a la iglesia y Se dio a Sí Mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado por el lavamiento del agua con la Palabra.”
Nosotros, la iglesia, hemos sido limpiados con el lavamiento del agua con la Palabra.  Cuanto más nos ponemos bajo la enseñanza ungida que revela a Cristo por medio de la Palabra, más continuará la limpieza.  Y a medida que nuestros pies son lavados, ¡en vez de tropezar, estaremos caminando e incluso corriendo!
Hoy, levantado hasta lo más alto y exaltado en el cielo, Jesús está vestido con una túnica y un cinto de oro alrededor de su pecho. (Apocalipsis 1:13)  Como un siervo que utiliza su cinturón como una toalla para servir, Jesús quiere que nos sentemos y le permitamos a Él servirnos —lavando nuestros pies con una profunda revelación de Sí Mismo por medio de Su Palabra.  Amado, ¡esto es lo que nos da la victoria en nuestro diario caminar!
Viendo a través de los ojos de la fe,
Joseph Prince

Pensamiento Del Día

Mientras recibimos una profunda revelación de Cristo por medio de Su Palabra, ¡vamos a ver la victoria en nuestro diario caminar!


jueves, 19 de mayo de 2016

Comienza A Usar Tu Medida De Fe

… la medida de nuestra fe dada por Dios.
Romanos 12:3 (NTV)

Como hijos de Dios, nosotros nunca debemos decir: “Yo no tengo nada de fe.”  Decir esto es lo mismo que decir que Dios es un mentiroso porque Su Palabra nos habla sobre “la medida de nuestra fe dada por Dios.”
¿Por qué entonces la fe de algunos parece ser más fuerte que la de otros?
Bien, la fe es como los músculos.  Todos hemos nacido con una medida de músculos.  Pero algunos de nosotros desarrollamos nuestros músculos mejor que otros.  Los fisicoculturistas, por ejemplo, ejercitan sus músculos muy constantemente para hacerlos crecer grandes y fuertes.
De la misma manera, tu medida de fe crece cuando tú la alimentas y la utilizas.  Cada vez que tú escuchas o lees la Palabra de Dios, estás alimentando tu fe.  Cuando confiesas la Palabra de Dios y esperas que buenas cosas te sucedan, estás utilizando tu fe.  Y mientras más la uses, más crecerá.
Así que, utiliza tu fe.  Puedes comenzar con dolores de cabeza, por ejemplo.  Cuando tengas dolor de cabeza, en vez de ir corriendo hacia tus pastillas, utiliza tu fe.  Pídele a Dios sanidad, confía en Él y dale gracias por esa sanidad.
Ahora bien, no me mal entiendas, no hay nada de malo en tomar medicina.  Y si debes ir al doctor, tampoco te sientas condenado.  Solo comienza a utilizar tu fe en un nivel en el que te sientas cómodo haciéndolo.  Si necesitas ir al doctor, entonces ve con fe, orando: “Abba Padre, voy a ir al doctor.  Te pido a Ti en el nombre de Jesús que le des sabiduría al doctor, para darme un diagnóstico acertado.  Mi confianza no está en él, sino en Ti.”
Y cuando tomes tu medicina, no solo tragues las pastillas.  En fe, di: “Señor, santifica esta medicina,”  entonces tómala.  Esto es porque algunas medicinas tienen efectos secundarios negativos.  Así que, cuando tú le pides a Dios que la santifique, Él bendice esa medicina.  ¡Y lo que va a suceder en ti, haciéndose más grande y poseyendo tu cuerpo hasta que esté totalmente extendida, es salud divina!
Amado, te ha sido dada una medida de fe.  Comienza a usarla, creyendo que es esta medida de tu fe es la que hará que tú tomes del inagotable poder de un Dios fiel y amoroso.
Viendo a través de los ojos de la fe,
Joseph Prince

Pensamiento Del Día

Tu medida de fe crece cuando tú la alimentas y la utilizas.


miércoles, 18 de mayo de 2016

Cuando Es Más Bendecido Recibir

… María ha escogido la parte buena, la cual no le será quitada.
Lucas 10:42

Si Jesús viniera a tu casa, ¿qué harías?  ¿Le pedirías que se siente y comenzarías a servirle?  ¿O te sentarías con Él y comenzarías a tomar de Él?  ¿Le permitirías servirte y llenarte?
Jesús llegó a la casa de dos hermanas, Marta y María. (Lucas 10:38)  Marta vio Su cansancio.  Ella sabía que Jesús había estado caminando varias millas, haciendo el bien, sanando a los enfermos y satisfaciendo las necesidades de las personas.  Obviamente, Él debe estar cansado, pensó ella, así que lo vio como a alguien de quien tenía que hacerse cargo.
María, sin embargo, vio más allá del cansancio externo de Jesús, ella vio Su divinidad.  Vio que Él era alguien de quien ella necesitaba tomar.  Y al hacer esto, ella lo hizo sentir a Él como Dios —el Salvador que había venido para servirla y no para ser servido por ella. (Mateo 20:28)  ¡Jesús incluso la elogió por haber escogido la mejor parte!
Nuestras mentes humanas simplemente encuentran esto difícil de creer.  Algunas personas me dicen: “Pero Pastor Prince, la Biblia dice que es más bienaventurado dar que recibir.” (Hechos 20:35)  Y cuando se trata de los hombres, esto es verdad.  Pero cuando se trata de Dios, Él quiere dar.  De hecho, a menos que tú aprendas a recibir de Dios, no vas a tener nada para dar a las personas.
¿Cuál de las hermanas le dio a Jesús el banquete más dulce, que lo llenó?  ¡Marta, que estaba muy ocupada preparando comida para Él?  ¿O María, que se sentó sin moverse, y tomó profundamente de Él?  Fue María.  Ella hizo que Jesús tuviera esa sensación de Su gloria divina.  Ella permitió que Jesús fuera el dador, para ser Dios.
Al igual que Marta, nosotros siempre confundimos los roles.  De alguna manera pensamos que Dios necesita nuestro servicio, pero Él realmente quiere llenarnos primero.  Los oídos y el corazón de María eran más preciados para Jesús, que las manos y pies de Marta.
Nosotros utilizamos nuestros oídos y corazones para tomar de Jesús.  Usamos nuestras manos y pies para servirle a Él, y hay lugar para eso.  Pero nuestro sentido y apreciación de la llenura divina de Dios, es más preciada para Él que todo el servicio que podamos rendirle.  Y cuando tú tomas de Él, no puedes evitar convertirte en un gran dador y siervo.
Viendo a través de los ojos de la fe,
Joseph Prince

Pensamiento Del Día

A menos que aprendas cómo recibir de Dios, no vas a tener nada que dar a las personas.