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sábado, 26 de abril de 2014

Jesús Es Todo Lo Que Necesitas

Medita En
… le dijo: “¿Quieres ser sano?”  El enfermo le respondió: “Señor, no tengo a nadie que me meta en el estanque cuando el agua es agitada; y mientras yo llego, otro baja antes que yo.”  Jesús le dijo: “Levántate, toma tu camilla y anda.”  Y al instante el hombre quedó sano, y tomó su camilla y echó a andar…
Juan 5:6-9


Me encanta la historia de cómo Jesús sanó al paralítico en el estanque de Betesda.  Este hombre, paralítico desde hacía 38 años, estaba acostado junto al estanque sin alguien que lo ayudara y sin mucha esperanza, esperando a que el ángel bajara para agitar el agua –se sabía que el primero que entrara al agua en ese momento, quedaba curado de cualquier enfermedad que tuviera.   Pero debido a su parálisis, el hombre nunca había podido ser el primero en entrar.  Así que él permanecía allí esperando, con la esperanza de su milagro.
Entonces un día, él tuvo un encuentro con un Hombre superior a los ángeles –Jesús– quien se encontró con él en el punto central de su necesidad.  Jesús vino al hombre paralítico y este hombre, que sufría desde hacía muchos años, se echó a andar completamente sano.
Hoy, Jesús quiere encontrarse contigo en el punto central de tu necesidad.  Tú no necesitas fechas especiales, situaciones especiales o ángeles, para ver la manifestación de tu sanidad.  Tú solamente necesitas al Señor, quien está aquí en este momento para sanarte.  ¡Él es tu pronto auxilio en las tribulaciones (Salmo 46:1)!
Bendiciones,

Joseph Prince

Salmo 46:1  "Dios es nuestro refugio y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones."

viernes, 26 de abril de 2013

Jesús Es TodoLo Que Usted Necesita



Medite En

… Jesús le dijo: “¿Quieres ser sano?”  El enfermo le respondió: “Señor, no tengo a nadie que me meta en el estanque cuando el agua es agitada; y mientras yo llego, otro baja antes que yo.”  Jesús le dijo: “Levántate, toma tu camilla y anda.”  Y al instante el hombre quedó sano, y tomó su camilla y echó a andar...
 Juan 5:6-7


Me encanta la historia de cómo Jesús sanó al paralítico en el estanque de Betesda.  Este hombre, paralizado desde hacía 38 años, estaba acostado cerca del estanque sin ayuda y sin mucha esperanza, aguardando a un ángel que viniera a agitar el agua –se sabía que el primero en entrar en el agua entonces, sería sanado de su enfermedad.  Pero debido a su parálisis, el hombre nunca podía ser el primero en hacerlo.  Así que seguía esperando allí, con la esperanza de un milagro.
Entonces, un día, él se encontró con un Hombre mayor que los ángeles –Jesús– quien se encontró con él en el momento de su necesidad.  Jesús se acercó al hombre paralítico, y este hombre, que había estado sufriendo durante tantos años, se fue caminando completamente sano.
Este día, Jesús quiere encontrarse con usted en el momento de su necesidad.  Usted no necesita temporadas especiales, circunstancias especiales o ángeles para ver la manifestación de su sanidad.  Usted sólo necesita al Señor, que está aquí justo en este momento para sanarle.  Él es su pronto auxilio en caso de necesidad (Salmo 46:1)!

Bendiciones,
Joseph Prince


Salmo 46:1  “46 Dios es nuestro refugio y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones”.


sábado, 19 de enero de 2013

Jesús Perdona Y Restaura!



Medite En

En El tenemos redención mediante Su sangre, el perdón de nuestros pecados según las riquezas de Su gracia.
Efesios 1:7


La restauración de Pedro por Jesús es una de las escenas más conmovedoras en el Nuevo Testamento.  El Señor no sólo perdonó a Pedro, quien le había negado no una vez, sino tres veces para salvar su propia vida, pero también lo restauró y le encomendó el cuidado de la entonces recién nacida iglesia.

Cuando Jesús resucitó de entre los muertos, Él instruyó al ángel en la tumba para que le dijera a María “id, decid a Sus discípulos –y a Pedro” (Marcos 16:7).  Pedro fue especialmente mencionado porque Jesús sabía que después de un error tan desgarrador, el discípulo probablemente estaba lleno de culpa y tristeza.

Pedro, por su parte, pensaba que con su traición y la muerte de Jesús, todo estaba probablemente acabado para él.  Así que volvió a su antiguo trabajo.  Y allí fue en  donde Jesús le halló, pescando en el Lago de Galilea.  La Biblia nos dice que Jesús le dio a Pedro y a los pescadores con él una pesca abundante, y también les hizo el desayuno en unas brasas de fuego (Juan 21:1-18).  La escena de hombres sentados alrededor de una fogata para mantenerse calientes en la madrugada debe haber recordado dolorosamente a Pedro lo que había hecho unos días antes (Juan 18:17-18, 25-26).  ¿Qué estaba haciendo el Señor?  Él le estaba mostrando a Pedro que Él no mantenía ese pecado en contra de él, y que Pedro no tenía que tener miedo de ese recuerdo nunca más!

¡Qué Salvador tan compasivo tenemos!  Él sabe todo acerca de sus fallas, pero no las mantiene en su contra porque Él le ha perdonado completamente y justamente por medio de Su muerte en la cruz.  Al igual que Pedro, permita que el perdón del Señor y su amor por usted, le restaure a plenitud y le impulse hacia su destino dado por Dios!

Bendiciones,
Joseph Prince 


Marcos 16:7 “Pero id, decid a sus discípulos y a Pedro: "El va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis, tal como os dijo.”




Juan 21:1-18  “1 Después de esto, Jesús se manifestó otra vez a los discípulos junto al mar de Tiberias, y se manifestó de esta manera: 2 Estaban juntos Simón Pedro, Tomás llamado el Dídimo, Natanael de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo y otros dos de sus discípulos. 3 Simón Pedro les dijo*: Me voy a pescar. Ellos le dijeron*: Nosotros también vamos contigo. Fueron y entraron en la barca, y aquella noche no pescaron nada. 4 Cuando ya amanecía, Jesús estaba en la playa; pero los discípulos no sabían que era Jesús. 5 Entonces Jesús les dijo*: Hijos, ¿acaso tenéis algún pescado? Le respondieron: No. 6 Y El les dijo: Echad la red al lado derecho de la barca y hallaréis pesca. Entonces la echaron, y no podían sacarla por la gran cantidad de peces. 7 Entonces aquel discípulo a quien Jesús amaba, dijo* a Pedro: ¡Es el Señor! Oyendo, pues, Simón Pedro que era el Señor, se ciñó la ropa (porque se la había quitado para poder trabajar), y se echó al mar. 8 Pero los otros discípulos vinieron en la barca, porque no estaban lejos de tierra, sino a unos cien metros, arrastrando la red llena de peces. 9 Entonces, cuando bajaron a tierra, vieron* brasas ya puestas y un pescado colocado sobre ellas, y pan. 10 Jesús les dijo*: Traed algunos de los peces que habéis pescado ahora. 11 Simón Pedro subió a la barca, y sacó la red a tierra, llena de peces grandes, ciento cincuenta y tres; y aunque había tantos, la red no se rompió. 12 Jesús les dijo*: Venid y desayunad. Ninguno de los discípulos se atrevió a preguntarle: ¿Quién eres tú?, sabiendo que era el Señor. 13 Jesús vino*, tomó* el pan y se lo dio*; y lo mismo hizo con el pescado. 14 Esta fue la tercera vez que Jesús se manifestó a los discípulos, después de haber resucitado de entre los muertos. 15 Entonces, cuando habían acabado de desayunar, Jesús dijo* a Simón Pedro: Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos? Pedro le dijo*: Sí, Señor, tú sabes que te quiero. Jesús le dijo*: Apacienta mis corderos. 16 Y volvió a decirle por segunda vez: Simón, hijo de Juan, ¿me amas? Pedro le dijo*: Sí, Señor, tú sabes que te quiero. Jesús le dijo*: Pastorea mis ovejas. 17 Le dijo* por tercera vez: Simón, hijo de Juan, ¿me quieres? Pedro se entristeció porque la tercera vez le dijo: ¿Me quieres? Y le respondió: Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero. Jesús le dijo*: Apacienta mis ovejas. 18 En verdad, en verdad te digo: cuando eras más joven te vestías y andabas por donde querías; pero cuando seas viejo extenderás las manos y otro te vestirá, y te llevará adonde no quieras.”




Juan 18:17-18  “17 Entonces la criada que cuidaba la puerta dijo* a Pedro: ¿No eres tú también uno de los discípulos de este hombre? Y él dijo*: No lo soy. 18 Y los siervos y los alguaciles estaban de pie calentándose junto a unas brasas que habían encendido porque hacía frío; y Pedro estaba también con ellos de pie y calentándose.”




Juan 18:25-26  “25 Simón Pedro estaba de pie, calentándose; entonces le dijeron: ¿No eres tú también uno de sus discípulos? El lo negó y dijo: No lo soy. 26 Uno de los siervos del sumo sacerdote, que era pariente de aquel a quien Pedro le había cortado la oreja, dijo*: ¿No te vi yo en el huerto con El?”