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sábado, 13 de junio de 2015

La Sangre Sola Salva

Éxodo 12:13
“Y la sangre os será por señal en las casas donde estéis; y cuando Yo vea la sangre pasaré sobre vosotros, y ninguna plaga vendrá sobre vosotros para destruiros..."
En la noche de la primera Pascua, muchos de los hijos de Israel probablemente estaban ansiosos.  Imagina a un israelita preguntando a otro, de manera nerviosa: “¿Has escuchado que el ángel de la muerte pasará sobre nosotros esta noche?”
“¡Si!  Se nos dijo que pongamos la sangre del cordero en los dinteles de las puertas de nuestra casa y todo va a estar bien.  ¿Será verdad?”
Como los israelitas, tú puedes estarte preguntando: “¿Será realmente posible que la sangre pueda protegerme?  ¿Cuánta sangre tengo que poner en mis dinteles?  ¿Me herirá el ángel de la muerte si siento temor?”
Mi amigo, no agregues nada a las condiciones que Dios ha dado.  Él dijo: “Cuando Yo vea la sangre pasaré sobre vosotros, y ninguna plaga vendrá sobre vosotros para destruiros.”  Él no dijo: “Cuando Yo vea la sangre, y vea su entendimiento, sus esfuerzos, su obediencia, su fidelidad y que se rehúsan a rendirse ante el temor, entonces pasaré sobre vosotros.”
Es solamente la sangre de Jesús la que te libera.  Si tú crees que es por tu fe, entonces siempre vas a estarte preguntando: “¿Tendré suficiente fe?”  No mi amigo, es solamente Su sangre la que salva.  ¡Y cuando Dios ve que tú ves que es solamente la sangre la que salva, Él llama a eso fe en la sangre, y toda plaga pasará sobre ti!
Dios quiere que sepas que es solamente la sangre de Jesús la que salva, porque cada vez que pienses que tu liberación depende en parte de Dios y en parte de ti, no tendrás paz en tu corazón.  Pero cuando tú sabes que es solo la sangre la que salva, tienes paz inquebrantable.
Fue la sangre la que salvó a los hijos de Israel del destructor esa noche de Pascua, y hoy sigue siendo la sangre la que salva.  Y todo lo que tú necesitas hacer para aprovechar la sangre es decir: “Padre, te doy gracias porque que la sangre de Jesús por sí sola, me cubre y cubre a mi familia.  ¡Ningún mal, plaga o desastre me sucederán a mi o a mi familia, a causa de la sangre!”
Pensamiento del Día

Cuando tú sabes que es solamente la sangre de Jesús la que salva, disfrutas de paz inamovible.


jueves, 26 de septiembre de 2013

¡Participe Esperando Liberación!


Medite En

Y de esta manera lo comeréis: ceñidos vuestros lomos, las sandalias en vuestros pies y el cayado en vuestra mano, lo comeréis apresuradamente. Es la Pascua del Señor.
Éxodo 12:11

Analice esta interesante verdad: En la noche de la primera Pascua, Dios le dijo a los israelitas en Egipto que comieran el cordero asado con sus cinturones y sandalias puestos, y con sus bastones en sus manos.  Una instrucción extraña, ¿no le parece?  ¿Por qué querría Dios que ellos comieran la Pascua de esa forma?  ¿Qué les estaba diciendo con esto?

Dios les estaba diciendo: “¡Prepárense!  ¡Prepárense para salir!”  En otras palabras, ellos debían comer el cordero pascual con una buena disposición para salir de Egipto, la tierra en que eran esclavos del Faraón.  Debían comer el cordero esperando su liberación de Egipto.  Todos debían estar vestidos y con un lugar a dónde ir!

Ahora, sabemos que la comida de la Pascua es una sombra de la Cena del Señor o la Comunión de la Santa Cena, que Jesús instituyó la noche en que fue traicionado.  Así que actualmente cuando participamos de la Cena del Señor, debemos participar de ella con la misma actitud que los israelitas tuvieron.  En otras palabras, cuando tomamos la Cena del Señor, Dios quiere que esperemos la liberación de todo lo que nos esclaviza, sea que se trate de depresión, una condición física o escasez financiera!

A partir de ahora, participe de la Cena del Señor con una buena disposición para su liberación.  Mientras medita en lo que Cristo ha hecho por usted en la cruz, espere a ser sanado.  Espere que la situación en su matrimonio mejore.  ¡Espere que le suceda lo mejor!  Y así como los israelitas salieron de la tierra de su cautiverio poco después de participar del cordero, ¡así usted experimentará su libertad!

Bendiciones,
Joseph Prince