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viernes, 31 de agosto de 2018

La Sangre Sola Salva


"Y la sangre os será por señal en las casas donde estéis; y cuando Yo vea la sangre pasaré sobre vosotros, y ninguna plaga vendrá sobre vosotros para destruiros..."
Éxodo 12:13
En la noche de la primera Pascua, muchos de los hijos de Israel probablemente estaban ansiosos.  Imagina a un israelita preguntando a otro, de manera nerviosa: “¿Has escuchado que el ángel de la muerte pasará sobre nosotros esta noche?”
“¡Si!  Se nos dijo que pongamos la sangre del cordero en los dinteles de las puertas de nuestra casa y todo va a estar bien.  ¿Será verdad?”
Como los israelitas, tú puedes estarte preguntando: “¿Será realmente posible que la sangre pueda protegerme?  ¿Cuánta sangre tengo que poner en mis dinteles?  ¿Me herirá el ángel de la muerte si siento temor?”
Mi amigo, no agregues nada a las condiciones que Dios ha dado.  Él dijo: “Cuando Yo vea la sangre pasaré sobre vosotros, y ninguna plaga vendrá sobre vosotros para destruiros.”  Él no dijo: “Cuando Yo vea la sangre, y vea su entendimiento, sus esfuerzos, su obediencia, su fidelidad y que se rehúsan a rendirse ante el temor, entonces pasaré sobre vosotros.”
Es solamente la sangre de Jesús la que te libera.  Si tú crees que es por tu fe, entonces siempre vas a estarte preguntando: “¿Tendré suficiente fe?”  No mi amigo, es solamente Su sangre la que salva.  ¡Y cuando Dios ve que tú ves que es solamente la sangre la que salva, Él llama a eso fe en la sangre, y toda plaga pasará sobre ti!
Dios quiere que sepas que es solamente la sangre de Jesús la que salva, porque cada vez que pienses que tu liberación depende en parte de Dios y en parte de ti, no tendrás paz en tu corazón.  Pero cuando comprendas que es solo la sangre la que salva, tendrás paz inquebrantable.
Fue la sangre la que salvó a los hijos de Israel del destructor esa noche de Pascua, y hoy sigue siendo la sangre la que salva.  Y todo lo que tú necesitas hacer para aprovechar la sangre es decir: “Padre, te doy gracias porque que la sangre de Jesús por sí sola, me cubre y cubre a mi familia.  ¡Ningún mal, plaga o desastre me sucederán a mi o a mi familia, a causa de la sangre!”
Viendo a través de los ojos de la fe,
Joseph Prince

miércoles, 24 de septiembre de 2014

No Sacrifiques El Escuchar Por El Hacer

Medita En

Aquel, pues, que os suministra el Espíritu, y hace maravillas entre vosotros, ¿lo hace por las obras de la ley, o por el oír con fe?
Gálatas 3:5
Una vez, cuando yo había terminado de predicar, una joven pareja se acercó a mí para compartir su testimonio.  La señora había sido sanada de leucemia y de cuatro tumores que había en su cerebro.  Su novio, un médico recién graduado de una Universidad de Sídney, Australia, vio sus exámenes médicos y lo confirmó.  Le pregunté al novio cómo era que ella había sido sanada y me dijo que era simplemente por escuchar mis mensajes!
Mi amigo, el Dios que hace maravillas entre nosotros, ¿lo hace por el oír con fe o por las obras de la ley?  Es por el oír con fe –escuchando y creyendo.  Las obras de la ley no pueden darnos milagros, pero si el oír con fe.  La Biblia dice que por la locura de la predicación, Dios te sozos. Es decir, Él te salva, te sana, te bendice y te da plenitud (1a Corintios 1:21).
Por ejemplo, cuando Pablo estaba predicando en Listra un hombre lisiado que estaba escuchando al apóstol tenía fe para ser sanado.  Todo lo que Pablo tuvo que hacer fue decirle a gran voz: “¡Levántate derecho sobre tus pies!”  Y el hombre saltó y anduvo (Hechos 14:10).
Amado, no sacrifiques el escuchar por el hacer.  En el Antiguo Testamento, los israelitas hicieron el becerro de oro de pendientes de oro. El oro en la Biblia habla de divinidad, y los pendientes de escuchar.  Juntos hablan de audición divina.  El becerro es un animal de trabajo.  En otras palabras, al adorar al becerro de oro, los israelitas estaban adorando al dios del trabajo y sacrificando la audición divina por el hacer.  Eso es lo que muchos Cristianos hacen hoy día. Se enfocan en el hacer y sacrifican el escuchar.
Así que, no caigas en esta trampa.  Tus obras o esfuerzos propios no pueden salvarte o llevar a cabo el milagro que tú necesitas.  Sólo sigue escuchando y meditando sobre lo que Jesús ha hecho por ti.  Cree en el evangelio y descansa en la obra terminada de Jesús.  La fe te dará el poder para levantarse derecho sobre tus pies, caminar y saltar en victoria!
Bendiciones,

Joseph Prince