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martes, 22 de octubre de 2019

Participa Tu Camino A La Plenitud


Medita En
La noche en que fue traicionado, el Señor Jesús tomó pan y dio gracias a Dios por ese pan. Luego lo partió en trozos y dijo: «Esto es Mi cuerpo, el cual es entregado por ustedes. Hagan esto en memoria de Mí.» De la misma manera, tomó en Sus manos la copa de vino después de la cena, y dijo: «Esta copa es el nuevo pacto entre Dios y Su pueblo, un acuerdo confirmado con Mi sangre. Hagan esto en memoria de Mí todas las veces que la beban».  (1 Corintios 11:23–25, NTV)
Cuando recuerdes cómo Jesús voluntariamente vino para salvarte y sufrió por tu sanidad en la cruz, esto echará fuera todo temor de no recibir sanidad de Él.
De eso se trata el participar de la Santa Cena.  Cuando sostengas el pan en tu mano, simplemente recuerda cómo el cuerpo de Jesús fue partido en la cruz para que el tuyo pueda ser sanado a plenitud.  Di: “Señor Jesús, gracias por llevar mi condición en Tu propio cuerpo en la cruz.  Cuando los latigazos cayeron sobre Tu espalda, mi condición murió.  ¡No tiene derecho a quedarse en mi cuerpo!
Del mismo modo, cuando participes de la copa, recuerda que Jesús derramó Su sangre para salvarte.  Di: “Jesús, gracias por Tu sangre derramada que lavó mis pecados y me hizo justo.  Debido a que soy justo ante tus ojos, la sanidad me pertenece.  Yo recibo Tu vida de sanidad resurrección para mi cuerpo ahora mismo”.
Amado, ¡recuerda al Señor y participa tu camino hacia la salud divina!
Viendo a través de los ojos de la fe,
Joseph Prince

miércoles, 2 de enero de 2019

No Es Qué Tienes Sino A Quién Tienes

Medita En
Cuando los mercaderes ismaelitas llevaron a José a Egipto, lo vendieron a Potifar, un oficial egipcio. Potifar era capitán de la guardia del faraón, rey de Egipto.  El Señor estaba con José, por eso tenía éxito en todo mientras servía en la casa de su amo egipcio.  (Génesis 39:1-2)
¿Considerarías al joven José, quien estaba a punto de ser vendido como esclavo, “un hombre exitoso”?
¡Por supuesto que no!
Sin embargo, Dios dice con Sus propias palabras que José era un hombre exitoso.
La definición de éxito de Dios es contraria a la definición del mundo.  Las corporaciones americanas miden el éxito pasado en lo que tú has hecho, lo que tú has alcanzado y lo que tú has acumulado.  Está basado completamente en ti, enfocando todo tu tiempo, energía y recursos, en merecer títulos y coleccionar logros.
Mi amigo, quiero animarte a comenzar a ver que el modelo de éxito del mundo es inestable y está construido sobre un fundamento quebrantable.  Puede tener la apariencia de una buena vida, pero es temporal, y todos nosotros hemos visto cómo la riqueza temporal del mundo puede disiparse como el humo y escurrirse fácilmente como las arenas movedizas en el desierto.
Desde Génesis 39:2, está claro que éxito no es lo que tienes, ¡sino a quién tienes!  José literalmente no tenía nada material, pero al mismo tiempo, él tenía todo porque el Señor estaba con él.  Las cosas materiales que has estado acumulando o que estás intentando fervientemente acaparar, no te hacen exitoso.  ¡Es la presencia del Señor en tu vida la que te hace exitoso!
Necesitamos aprender a dejar de perseguir las cosas y empezar a perseguirlo a Él.  Dios ve tu relación con Él como la única cosa que necesitas para cualquier éxito en tu vida.  Yo no puedo imaginarme empezar en un peor lugar que José.  Él estaba completamente desnudo.  ¡Él no tenía nada!  Ni cuentas de banco, ni formación escolar, ni conexiones naturales con personas influyentes, nada.  Gracias a Dios la Biblia registra una imagen de José, quién empezó con nada, para que tú y yo podamos tener esperanza hoy.  Si tú piensas que así como José, tú no tienes nada, pues, puedes comenzar creyendo en el poder de la presencia del Señor en tu vida.  ¡Comienza a buscar a Jesús y a reclamar para ti esa promesa en la escritura!
Di: “El Señor está CONMIGO y yo soy una persona exitosa.”
Di esto cien veces si tienes que hacerlo, y comienza a ver esto como tu realidad.  Coloca esta promesa en tu espejo y cada mañana cuando te laves los dientes, recuérdate a ti mismo que hoy, mientras vas al trabajo, mientras vas a la escuela, mientras comienzas el día cuidando de tus hijos en casa (o haces lo que tengas que hacer), el Señor está contigo.  Y debido a que Él está contigo, ¡TÚ YA ERES EXITOSO!   ¡Cuando tú tienes a Jesús en tu vida, ya no estás intentando ser exitoso, tú ya ERES exitoso!
Viendo a través de los ojos de la fe,
Joseph Prince

domingo, 18 de noviembre de 2018

No Satisfecho Con Solo Ser Salvado


Y el Señor se apareció a Abram, y le dijo: “A tu descendencia daré esta tierra”. Entonces él edificó allí un altar al Señor que se le había aparecido.
Génesis 12:7
Yo no sé ustedes, pero yo no estoy satisfecho con sólo saber que soy justo por la fe.  También quiero conocer a Aquel que me hizo justo.  ¡Quiero tener una relación íntima con mi Salvador!
Abraham era un hombre así.  Él era justo por la fe, pero también tenía una estrecha relación con Dios y fue bendecido por Dios en todas las cosas. (Génesis 24:1)  Su sobrino Lot, por otro lado, aunque justo también (2 Pedro 2:7-8), no tenía el corazón orientado hacia Dios.  Él terminó perdiendo mucho cuando Sodoma, la ciudad en la que habitaba, fue destruida junto con Gomorra.  ¡Él se salvó por poquito!
Mi amigo, ¿quieres ser un cristiano como Lot, justo, pero siempre metido en problemas, o quieres ser un cristiano justo y bendecido como Abraham?  Entonces, como Abraham, ten un corazón orientado hacia Dios.
Entre un lugar y otro, Abraham construyó altares para el Señor.  Y en medio de estos altares, ¡se hizo muy rico! (Génesis 13:2)  No hay ningún registro bíblico, sin embargo, de Lot construyendo un altar al Señor.
¿Qué es un “altar” en el contexto actual?  Es un lugar en donde sabes que tienes una estrecha relación con Dios.  Por ejemplo, cuando mi difunto padre estaba en el hospital, yo estaba preocupado y no sabía qué hacer.  Recuerdo ir manejando por la carretera, llorando.  Después de un rato, yo finalmente eché mis preocupaciones en el Señor.  Cuando llegué al hospital, puse mis manos sobre mi padre y le dije: “Se sanado en el nombre de Jesús.”  ¡Y él fue sanado!
Aún hoy, yo puedo recordar el lugar en donde eché mis preocupaciones en el Señor y me apoyé en Su amor por mí.  Ese es mi “altar.”  Y no es el único.
Tenemos que tener este tipo de relación con Dios, una relación llena de “altares” que nos recuerden de Su amor, Su bondad y Su fidelidad.  No vivamos la vida cristiana como Lot, salvados por poquito.  ¡Caminemos cerca de Dios como lo hizo Abraham y seamos ricamente bendecidos en cada área de nuestras vidas!
Viendo a través de los ojos de la fe,
Joseph Prince