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viernes, 19 de julio de 2019

El Evangelio Trae Salud Y Provisión


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Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que le piden?  (Mateo 7:11)
He sido acusado de ser uno de esos predicadores del “evangelio de la prosperidad” de salud y riqueza.  En realidad, no hay tal cosa como un “evangelio de prosperidad”.  Solo hay un evangelio y ese es el evangelio de Jesucristo.  A través de la obra terminada de Jesús en la cruz, tú puedes depender de Él para que Su vida de resurrección palpite y fluya en tu cuerpo físico desde la coronilla de tu cabeza hasta las plantas de tus pies.  Las enfermedades y las dolencias no son de Dios.  En la cruz, Jesús cargó no solo con nuestros pecados, sino también con nuestras enfermedades y dolores, y “por Sus heridas hemos sido sanados”. (Isaías 53:5)
Y eso no es todo, amigo.  ¡En la cruz, Jesús llevó la maldición de la pobreza!  Esto es lo que la Palabra de Dios declara: “Porque conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que siendo rico, sin embargo por amor a vosotros se hizo pobre, para que vosotros por medio de Su pobreza llegarais a ser ricos”. (2 Corintios 8:9)  Lee 2 Corintios 8 por ti mismo.  Todo el capítulo es trata sobre el dinero y sobre ser una bendición financiera para aquellos que lo necesitan.  Entonces, no permitas que nadie te diga que este versículo se refiere a las riquezas “espirituales”.  Déjame decirte esto: Es el diablo quien te quiere enfermo y pobre, ¡pero el Dios que yo conozco ha pagado un alto precio para redimirte de la maldición de la enfermedad y la pobreza!
Entendamos cómo trata Dios con nosotros desde el punto de vista de una relación.  Como padres, siempre buscamos las mejores cosas para nuestros hijos.  ¿Cuánto más querría nuestro Padre en el cielo las mejores cosas para nosotros, Sus preciosos hijos?  De la misma manera que tú quieres que tus hijos estén saludables, Dios quiere que tú disfrutes de Su salud divina.  Y de la misma manera que tú quieres que tus hijos siempre tengan más que suficiente, Dios quiere que tú disfrutes de Su provisión sobrenatural.  Cuando Él provee, prepárate para una carga que rompe las redes y es capaz de hacer hundir tu barca. (Lucas 5:6–7)  ¡Prepárate para 12 canastas llenas de sobras! (Juan 6:13)  La Biblia pone las cosas en perspectiva más claramente en Mateo 7:11 (NTV) —Si ustedes, como padres imperfectos, “saben dar buenos regalos a sus hijos, ¿cuánto más su Padre celestial dará buenos regalos a quienes le pidan?”
Viendo a través de los ojos de la fe,
Joseph Prince

jueves, 18 de julio de 2019

Con El Favor De Dios, No Puedes Evitar Prosperar


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Porque siete veces podrá caer el justo, pero otras tantas se levantará.  (Proverbios 24:16, NVI)
Cuando el favor inmerecido de Dios está sobre ti dondequiera que estés, como le sucedió a José, (1) tú no puedes evitar hallar favor, (2) no puedes evitar prosperar en todo lo que haces, y (3) no puedes evitar experimentar aumento y promoción, ¡más allá de lo que llega tu imaginación!
¿Notaste que este fue el patrón consistente en la vida de José?  No importaba que él fuera esclavo o prisionero.  Lo mismo se aplica a ti.  Cuando el favor inmerecido de Dios está sobre ti, tú eres como una pelota de goma en un charco de agua.  Las circunstancias naturales pueden tratar de empujarte hacia abajo y mantenerte oprimido bajo el agua, ¡pero el favor inmerecido de Dios siempre hará que seas empujado hasta la cima!
No te desanimes por tus circunstancias actuales.  Sé que las cosas a veces pueden parecer poco prometedoras, sombrías y quizás incluso devastadoras, pero aún no se ha terminado amigo.  Quiero que sepas que ¡no se ha terminado!  No creo ni por un momento que entre los millones de publicaciones en este momento, tú sostengas esta en particular, por casualidad o coincidencia.  Esta es una cita divina y creo que Dios te está diciendo esto: “No te rindas.  ¡No se ha terminado!”
En muchas ocasiones, los puntos más bajos de tu vida son, en realidad, plataformas de lanzamiento para el mayor ascenso que Dios tiene para tu vida.  ¡Fue así para José!  Rebobinemos la cinta y observemos las huellas de los dedos del Señor a través de los altibajos de la vida de José.  Si José no hubiera sido traicionado por sus hermanos, él no habría sido vendido como esclavo.  Si no hubiera sido vendido como esclavo, no habría estado en la casa de Potifar.  Si no hubiera estado en la casa de Potifar, no habría sido echado a una prisión egipcia destinada específicamente para los prisioneros del rey.  Si no hubiera estado en esa prisión en específico, él no habría interpretado los sueños de los oficiales de Faraón.  Si no hubiera interpretado sus sueños, él no habría sido convocado para interpretar el sueño de Faraón dos años después.  Si no hubiera interpretado el sueño de Faraón, ¡Faraón no lo hubiera promovido para que se convirtiera en su primer ministro sobre todo el imperio egipcio!
Esto es lo que el Faraón le dijo a José: “Puesto que Dios te ha hecho saber todo esto, no hay nadie tan prudente ni tan sabio como tú. Tú estarás sobre mi casa, y todo mi pueblo obedecerá tus órdenes; solamente en el trono yo seré mayor que tú… Mira, te he puesto sobre toda la tierra de Egipto”. (Génesis 41:39–41)  Cuando miramos hacia atrás, ¡está claro que el Señor había convertido la hora más oscura de José en su mejor momento!
La presencia de Dios con José y Su favor inmerecido hicieron que José fuera promovido del pozo al palacio, del lugar de los menospreciados al lugar de los gobernantes, del anexo externo de una casa a la casa de un principal.  Deja de mirar tus circunstancias y deja de permitir que estas te desanimen.  El mismo Señor que estaba con José está contigo ahora.  ¡Tú no puedes fallar!  ¡Solo puedes esperar ver buen éxito sobre sobre tus circunstancias actuales!
Viendo a través de los ojos de la fe,
Joseph Prince

miércoles, 17 de julio de 2019

Confía En Dios, No En El Hombre, Ni El Esfuerzo Propio


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Maldito el hombre que en el hombre confía, y hace de la carne su fortaleza, y del Señor se aparta su corazón.  (Jeremías 17:5)
Hoy quiero mostrarte la diferencia entre un hombre bendito y un hombre maldito.  La Biblia es sorprendentemente clara sobre cómo puedes ser un hombre maldito y cómo es una vida maldita.  La Palabra de Dios también nos muestra la imagen de un hombre bendito y cómo tú puedes ser ese hombre.
Comencemos con cómo uno puede ser un hombre maldito.  Jeremías 17:5 nos dice que un hombre “que en el hombre confía” y no en el Señor, se convierte en un hombre maldito.
Un hombre que “hace de la carne su fortaleza” también es maldito.  En este contexto, la “carne” se puede parafrasear como el “esfuerzo propio”. En otras palabras, podemos leer el versículo cinco como “Maldito el hombre que en el hombre confía, y hace del esfuerzo propio su fortaleza”.
Amigo, hay esencialmente dos formas de vivir esta vida.  La primera es que dependamos y confiemos completamente en el favor inmerecido del Señor, mientras que la otra es que dependamos de nuestros esfuerzos, y luchemos y nos afanemos por el éxito.  Nunca podemos lograr el buen éxito que viene de Dios dependiendo de nuestros propios esfuerzos.  No importa de qué manera luchemos y trabajemos, nosotros no podemos hacer nada para ganar nuestra propia justicia, ni para alcanzar nuestro propio perdón.  Cualquier éxito que podamos lograr es solo un éxito parcial.
Por otro lado, el tipo de éxito de Dios es completo, integral y se impregna en cada faceta de nuestras vidas —espíritu, alma y cuerpo.  La Palabra de Dios dice: ”La bendición del Señor es la que enriquece, y Él no añade tristeza con ella”. (Proverbios 10:22)  Dios nunca nos da éxito a costa de nuestro matrimonio, nuestra familia o nuestra salud.  Como siempre digo a los empresarios de mi iglesia, ¡no uses toda tu salud para perseguir la riqueza, solo para más tarde gastar toda tu riqueza para recuperar tu salud!
La salud y el bienestar de tu cuerpo físico son parte de las bendiciones de Dios.  Si estás constantemente bajo un gran estrés y tienes regularmente ataques de pánico debido a la naturaleza de tu trabajo, entonces te animo a dar un paso atrás y buscar el consejo del Señor.  El estrés te roba la salud, mientras que el buen éxito del Señor hace que tu juventud se renueve.
Cuando tú dependes de tus esfuerzos, puedes luchar durante muchos años y obtener solo una cierta medida de éxito.  Pero cuando dependes del favor inmerecido de Dios, puedes experimentar bendiciones y promociones aceleradas que los años de esfuerzo y lucha nunca podrán lograr.
Mira la historia de José en Génesis 39.  Él no era más que un prisionero de baja categoría.  Sin embargo, a la hora de conocer al faraón, él fue promovido a la oficina de más alto rango en todo el imperio egipcio.  Amado, incluso si estás deprimido (como estuvo José) en este punto de tu vida, ¡el Señor puede promoverte sobrenaturalmente en un instante, cuando tú elijas poner tus ojos en Él!
Viendo a través de los ojos de la fe,
Joseph Prince