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miércoles, 18 de diciembre de 2019

“Ninguno Te Condena” Va Primero


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 “Porque Dios no envió a Su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por Él.”  (Juan 3:17)
El relato de la mujer atrapada en adulterio demuestra algo muy importante.  ¿Qué le permite a alguien tener el poder de vencer el pecado?  La amenaza de la ley obviamente no impidió que la mujer cometiera adulterio.  Pero recibir la aceptación de Jesús —sabiendo que a pesar de que ella merecía ser apedreada a muerte, Él no la condenó— eso le dio el poder de "ir y no pecar más".
Nota que Jesús salvó a la mujer con justicia.  Él no dijo: “No la apedreen.  Muéstrenle misericordia.”  Lo que dijo fue: “El que de vosotros esté sin pecado, sea el primero en tirarle una piedra”.  Y por su propia voluntad, los fariseos y la multitud religiosa se fueron.
Nota también que Jesús no le preguntó a la mujer: “¿Por qué pecaste?”  No, lo que Él le preguntó fue: “¿Ninguno te ha condenado?”  Parece cómo que Jesús estaba más preocupado por la condenación del pecado que por el pecado mismo.  Él se aseguró de que ella se fuera sin sentir condenación, ni vergüenza.  No invirtamos el orden de Dios.  Cuando Dios dice que algo va primero, esto debe ir primero.  Primero Dios dice “ninguno te condena” y luego tú puedes “ir y no pecar más”.
La religión cristiana tiene esto al revés.  Decimos: “Ve y no peques más, luego no te condenaremos.”  Lo que necesitamos entender es que cuando no hay condenación, las personas tienen el poder de vivir vidas victoriosas, vidas que glorifican a Jesús.  A través de la revelación de “ninguna condenación”, la gracia produce un empoderamiento que no requiere de nuestro esfuerzo.  Este es inmerecido y completamente infundado.  Pero nosotros podemos recibirlo —este regalo de ninguna condenación— porque Jesús pagó por él en la cruz.
A decir verdad, ninguno de nosotros podría haber lanzado la primera piedra.  Todos hemos pecado y hemos fallado.  En Cristo, todos estamos en igualdad de condiciones.  Si un hermano o una hermana se enredan en pecado, nuestra posición no debe ser juzgarlos, sino restaurarlos, guiándolos hacia el perdón y el regalo de “ninguna condenación” que se encuentran en Jesús.
La única persona que no tiene pecado y que podría haber ejercido un castigo judicial sobre la mujer era Jesús, y Él no lo hizo.  Jesús estaba en la carne para representar lo que estaba en el corazón de Dios.  No era un juicio.  Su corazón se revela en Su gracia y Su perdón.  Me gusta decirlo de esta manera cuando describo lo que sucedió mientras los fariseos esperaban para apedrear a la mujer: los fariseos lo harían si pudieran, pero no podían.  Jesús podría si quisiera, pero Él  no lo haría.  ¡Ese es nuestro Jesús!
Viendo a través de los ojos de la fe,
Joseph Prince

lunes, 16 de diciembre de 2019

“Ninguno Me Condena”


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Enderezándose Jesús, le dijo: “Mujer, ¿dónde están ellos? ¿Ninguno te ha condenado?” Y ella respondió: “Ninguno, Señor.” Entonces Jesús le dijo: “Yo tampoco te condeno. Vete; desde ahora no peques más.”  (Juan 8:10–11)
Ella nunca esperó ser atrapada en el acto de adulterio, mucho menos ser arrastrada hacia el Maestro y arrojada a Sus pies.  Los que lo hicieron, con aire de suficiencia esperaban que Jesús la condenara.  Ninguno de ellos estaba preparado para escucharlo a Él decir: “¡Que aquellos que nunca han pecado arrojen las primeras piedras!”  Sus conciencias recibieron punzadas y uno por uno, se fueron.  A solas con Jesús, ella lo escuchó decirle: “¿Dónde están tus acusadores? ¿Nadie te ha condenado?”
Jesús sabía cuán importante era para esta mujer darse cuenta y decir: “Ninguno me condena, Señor.”  Ya que el único que podía condenarla no lo hizo, porque Él iba a la cruz para ser castigado y condenado en su lugar.
Algo sucede cuando tú sabes que Dios no te condena hoy debido a la cruz.  La mujer recibió el poder de “ir y no pecar más (que era su problema)”.  De la misma manera, ¡tú vas a recibir el poder para vencer el pecado e incluso levantarte de tu lecho de enfermedad y no estar enfermo nunca más!
Viendo a través de los ojos de la fe,
Joseph Prince

viernes, 1 de noviembre de 2019

Libertad De Hábitos Destructivos


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… Entonces Jesús le dijo: “Yo tampoco te condeno. Vete; desde ahora no peques más”.  (Juan 8:11)
He recibido muchos testimonios de personas que han sido liberadas de hábitos destructivos.  Son personas sinceras y preciosas que deseaban un rompimiento pero no sabían cómo hacerlo.  Sin embargo, una vez que aprendieron acerca de la justicia que proviene de Cristo, y no tiene que ver con sus propias obras, ellos comenzaron a confesar que seguían siendo la justicia de Dios cada vez que se sentían tentados.  ¡Y poco a poco, cuanto más creían que ellos eran justos en Cristo y más se negaban a aceptar la condenación por sus errores pasados y por la tentación presente, más se volvían libres de las adicciones que los ataban!
Un hermano de los E.E.U.U., que ha estado escuchando mis mensajes durante algún tiempo, escribió para compartir que había sido adicto a la pornografía y había vivido un estilo de vida de inmoralidad sexual desde que tenía 14 años.  Aunque había aceptado a Jesús cuando tenía 18 años, él continuó luchando con este aspecto de su vida.  Esto es lo que escribió:
Como resultado de algunas malas influencias y algunas de mis propias malas decisiones, me convertí en un adicto a la pornografía y comencé a llevar una vida sexualmente inmoral a los 14 años.  Fui salvo cuando tenía 18 años, pero aún luchaba con ese tipo de pensamientos y algunos viejos, malos hábitos.  Intenté todo para ser libre de la inmoralidad y los pensamientos lujuriosos
Entonces, escuché el mensaje del Pastor Prince titulado: “Las Cosas Buenas Le Suceden A Las Personas Que Creen Que Dios Los Ama”.  Lo escuché una y otra vez, y por primera vez, el amor de Dios se volvió consistentemente real para mí.  Me fue posible recibir el amor incondicional de Dios una y otra vez, y eso sanó mi corazón.
¡El amor de Dios me liberó!  Muchas gracias por el mensaje que su iglesia envía al mundo.  ¡Realmente está cambiando vidas!
La revelación de que Dios lo ama incondicionalmente a pesar de sus fallas e imperfecciones fue lo que ayudó a este hermano a liberarse de hábitos que lo habían dominado durante muchos años.  Amado, Dios no quiere que tú peques porque el pecado te destruirá.  Pero incluso si has fallado, debes saber esto: ¡No hay ninguna condenación porque tú estás EN CRISTO JESÚS y tus pecados han sido lavados por Su sangre!  Cuando Dios te mira, Él no te ve en tus fracasos.  Desde el momento en que tú aceptaste a Jesús como tu Señor y Salvador personal, ¡Dios te ve en el Cristo resucitado que está sentado a Su diestra!  Así como Jesús es, sin mancha y sin culpa, ¡tú también eres!  Dios envió a Su Hijo a morir en la cruz por ti, mientras tú aún eras un pecador.  Obviamente, Él no te ama solo cuando eres perfecto en tu comportamiento y pensamientos.  Su amor por ti es incondicional.  ¡Recíbelo de nuevo hoy y se liberado de todo pecado y adicción en tu vida!
Viendo a través de los ojos de la fe,
Joseph Prince

jueves, 10 de agosto de 2017

El Poder Para No Pecar Más

Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús…
Romanos 8:1


Hoy quiero hablarte acerca de cómo puedes tener una vida de pensamientos victoriosos.  Sé que puedes experimentar tentaciones y pensamientos pecaminosos de vez en cuando.  Pero aquí está el punto: Justo en medio de esa tentación, necesitas saber que “ahora, pues ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús.”  Nota que este versículo está en tiempo presente.   Justo ahora, incluso si en este mismo momento hay pensamientos pecaminosos pasando por tu mente, ¡no hay condenación porque tú estás en CRISTO JESÚS!
Tú no puedes evitar que las aves vuelen sobre tu cabeza, pero ciertamente puedes evitar que construyan un nido en ella.  Del mismo modo, tú no puedes evitar que las tentaciones, los pensamientos y deseos pecaminosos pasen por tu mente, pero ciertamente puedes evitarte a ti mismo actuar en base a ellos.  ¿Cómo?  ¡Confesando al momento de la tentación, que tú eres la justicia de Dios en Cristo Jesús y por lo tanto no hay ninguna condenación para ti!
El poder de Jesús para vencer toda tentación se activa cuando tú eres consciente de que incluso en el momento de la tentación, Jesús está contigo y que tú eres justo en Él, ¡y no por tus propias obras! (Romanos 4:6)  Cuando haces esto, tú rechazas la condenación de la tentación que estás enfrentando.  Ahora tú podrás descansar en tu identidad de justicia en Cristo, que no es por tus obras, y podrás liberar el poder de Cristo en ti, para levantarte por encima de la tentación.  ¡Esto, amado, es la vida victoriosa en Cristo!
Viendo a través de los ojos de la fe,

Joseph Prince