recibe pequeños mensajes de gracia todos los días

martes, 17 de abril de 2018

El Amor De Dios Te Hace Fuerte

“… conocer el amor de Cristo  que sobrepasa el conocimiento, para que seáis llenos hasta la medida de toda la plenitud de Dios.”
Efesios 3:19
Si tuvieras que dar gracias a Dios por algo hoy, ¿qué sería?  Para mí, sería dar gracias a Dios por darme a Jesús.  Porque cuando veo a Jesús en la cruz, veo el amor de Dios superando todo por mí.  Esto me provoca decir: “¡Gracias Jesús!  ¡Te amo Jesús! ¡Te adoro Jesús!  ¡Bendito seas Jesús!  ¡Aleluya!”
Y mientras adoramos y celebramos el amor de Jesús en nuestras vidas, vamos a hallar que somos transformados, y vamos a ver el gran poder de Dios manifestándose para nosotros y por medio de nosotros.
Este fue el caso en la vida de David.  Sus tiempos personales de adoración, estando absorto en el amor de Dios por él, lo transformaron de un sencillo pastor de ovejas, a un asesino de leones, asesino de osos, asesino de gigantes, y finalmente a ser rey sobre Israel.
Ahora, ninguna persona sobre la tierra, sin importar lo fuerte que sea, y mucho menos siendo un joven, puede venir en contra de un león, tomarlo por la quijada y abrir su boca para rescatar la oveja que se había llevado, a menos que la unción de Dios estuviera con él.  Y esto era en efecto lo que pasaba con David el pastor de ovejas que iba tras el león, lo tomaba por la barba, lo golpeaba y lo mataba, y así liberaba a la oveja de sus fauces. (1 Samuel 17:34-37)
Mi amigo, ningún hombre puede realmente disfrutar vivir en este mundo sin la fuerza de Dios en su vida, sin el favor de Dios en su trabajo y sus relaciones, sin la protección de Dios sobre él y su familia, sin el crecimiento de Dios en sus finanzas, y sin la salud de Dios en su cuerpo.  De igual manera, ninguna mujer puede sobrevivir emocionalmente, socialmente, ni físicamente, sin el toque tierno de Dios, Su presencia amorosa, Su dulce afirmación y Sus palabras de vida en tiempos de necesidad.
Amado, mientras te alimentas del amor de Dios por ti, vas a ser lleno con la plenitud de Dios.  Así como David, la unción de Dios comenzará a obrar poderosamente en tu vida.  Y cuando encuentres leones espirituales, incluso al mismo diablo —cuando él venga como un león rugiente en contra tuya, tus seres amados o tus posesiones— ¡tú vas a tomarlo por la boca y lo vas a despedazar!
Viendo a través de los ojos de la fe,
Joseph Prince

lunes, 16 de abril de 2018

¡Jesús Quiere; Se Sano!


“Y extendiendo Jesús la mano, lo tocó, diciendo: Quiero; sé limpio…”
Mateo 8:3
¿Sabías que es la voluntad de Dios para ti que seas sano?  De hecho, Jesús siempre sanó a los enfermos que se acercaron a Él.  El ciego, el cojo, el manco, el mudo, el sordo y el poseído por demonios —¡Él los sanó a todos!  (Mateo 8:16)
La Biblia nos dice que aquel que ha visto a Jesús, ha visto al Padre. (Juan 14:9)  ¿Quieres ver cómo es Dios?  ¡Mira a Jesús!  Él nunca le dio enfermedad a nadie.  Nunca vamos a encontrar que Jesús viendo a una persona en buena condición, le dijera: “Ven acá.  Estás muy saludable.  Recibe un poco de lepra.”  De hecho, cuando un leproso vino a Él por sanidad, Jesús, lleno de compasión le dijo: “¡Quiero; sé limpio!”
Desafortunadamente, hay algunos cristianos que dicen: “Es la voluntad de Dios para mí que esté enfermo.  Dios tiene algún propósito, un propósito misterioso para mi situación.  Todo es parte de Su plan divino y poco a poco sabremos el por qué.”  Pero estas mismas personas van al doctor para mejorar.  Toman sus medicamentos y descansan.  ¿Por qué hacen eso si ellos realmente creen que Dios los quiere enfermos?  ¿No tiene sentido, verdad?
Vamos, lo que si tiene sentido, perfectamente, es esto: Dios te quiere saludable.  Él te quiere completo, íntegro.  ¡Su voluntad para ti es que seas sano!  De hecho, ¡Él lo desea tanto, que llevó todas tus enfermedades y tus dolores sobre Su propio cuerpo, para que tú no tengas que llevarlos hoy!  Él permitió que se le golpeara y se le azotara, ¡para que por Sus llagas —por Sus heridas— tú seas sano!  (Isaías 53:5)  Y ya que Él ha llevado la enfermedad en tu nombre, ¿por qué deberías llevarla tú hoy?
Así que, mi amigo, si estás enfermo, debes saber que Dios no te dio la enfermedad.  Lee cada milagro de sanidad que Jesús hizo en los Evangelios, y mira cómo Jesús es el Señor tu sanador. (Éxodo 15:26)  Escucha Sus palabras llenas de gracia: “¡Quiero; se sano!”, y descubre que son para ti hoy, tanto como fueron para el leproso. 
Viendo a través de los ojos de la fe,
Joseph Prince

domingo, 15 de abril de 2018

El Poder De Tus Palabras


“Muerte y vida están en poder de la lengua, y los que la aman comerán su fruto.”
Proverbios 18:21
Muchas personas, cuando quieren algo desesperadamente, dicen cosas como esta: “¡Estoy muriendo por ese pedazo de pastel!”  Pocas dirían: “¡Estoy viviendo por ese pedazo de pastel!”
Lo que es peor es que somos rápidos para mencionar la muerte cuando las cosas van mal.  Las personas de Singapur, somos rápidos para decir cosas como: “¡Me muero! ¡Me muero!” en un abrir y cerrar de ojos.  Nadie dice: “¡Yo vivo! ¡Yo vivo!”
Aun así, la verdad es que cada palabra que tú hablas tiene poder —para construir o para destruir esperanzas y sueños, para restaurar o para causar pérdida, para sanar o para quebrar el espíritu, para traer alegría o desesperación, para bendecir o maldecir— porque la Palabra de Dios nos dice que muerte y vida están en poder de la lengua.
Así que, deja de alinear tus palabras a las situaciones negativas.  En cambio, comienza a alinear tus palabras a la Palabra de Dios y libera el poder de Su Palabra sobre ti.
Por ejemplo, en vez de hablar de escasez y pobreza, di: “La Palabra de Dios me dice que las cosas buenas ya están aquí.  Por lo tanto yo declaro que mi vida es bendecida.  Declaro que mi vida es exitosa.  Declaro que mi vida es grandiosa.  ¡La oscuridad y la tristeza, la pobreza y la enfermedad, la derrota y la depresión, no estarán en mi vida!”
En vez de hablar de enfermedad y muerte, di: “Yo voy a vivir mucho tiempo.  No voy a morir joven.  Jesús murió joven por mí, para que yo pueda vivir mucho tiempo por Él.  Yo soy la justicia de Dios en Cristo y la Palabra de Dios declara que ningún mal sobrevendrá al justo.  ¡Así que, ningún mal vendrá sobre mí, ni ahora, ni en el futuro!”
En vez de hablar temor por tus hijos, di: “La Palabra de Dios declara que la simiente del justo será librada.  Por lo tanto, mis hijos son librados de toda maldición, de todo poder de las tinieblas y de toda maldad.  ¡En el nombre de Jesús, yo llamo un futuro grandioso, brillante y bendecido, para mis hijos!”
Dios quiere que tú tengas una vida llena de días buenos y de abundancia de toda cosa buena.  Así que di: “¡En el nombre de Jesús, yo llamo que las bendiciones, el favor, la salud, la provisión, la protección, el dominio y el poder llenen mi vida!”
Viendo a través de los ojos de la fe,
Joseph Prince