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sábado, 30 de mayo de 2020

Tú Eres Una Bendición Yendo A Algún Lugar Para Suceder


Inspiración de Gracia
Entonces verán todos los pueblos de la tierra que sobre ti es invocado el nombre del Señor; y te temerán.  (Deuteronomio 28:10)
Hoy, somos llamados por el nombre de Cristo —Cristianos.  Por lo tanto, la bendición de Deuteronomio 28:10, que dice: “Entonces verán todos los pueblos de la tierra que sobre ti es invocado el nombre del Señor,” ¡ya no es solo una promesa sino una realidad!
La segunda parte del versículo —“y te temerán” — también es verdad para ti.  Las personas van a respetarte.  Tu jefe te favorecerá e incluso tus competidores te apreciarán mucho.  ¡Ellos sabrán que hay algo especial en ti porque suceden cosas buenas cuando tú estás cerca!
Yo experimenté esta bendición cuando comencé a trabajar.  Trabajaba en una pequeña oficina del tercer piso que olía constantemente a pescado salado porque había un puesto de pescado salado en la planta baja.  Fue en esa pequeña y lúgubre oficina en donde me mantuve confesando que yo era bendecido por el Señor y en donde experimenté favor divino con mis clientes.  Mi jefe pudo ver que había algo diferente en mí.
El negocio de la compañía floreció y en poco tiempo, nos mudamos de esa pequeña oficina a un edificio que a mediados de los años ochenta se consideraba un centro de actividades de tecnología de la información.  Allí, ocupamos un par de oficinas y comenzamos a especializarnos en software y cursos.  ¡Pronto ocupamos todo el piso!  Así era lo mucho que Dios nos estaba prosperando.
Dios también me estaba bendiciendo tremendamente.  Yo estaba obteniendo un ingreso mensual muy bueno, disfrutando del favor de mi jefe y estaba en su círculo íntimo.  Unos años más tarde, decidí ingresar al ministerio a tiempo completo.  Cuando le di la noticia a mi jefe, él lloró.  Yo nunca supe cuánto significaba para él hasta entonces.  Fue solo entonces que me di cuenta de la bendición que por la gracia de Dios yo había sido para él.
Amado, debido a que tú también eres llamado por el nombre del Señor, donde quiera que vayas, tú eres una bendición.  Su bendición está en ti.  ¡Las personas alrededor de ti te mirarán y sabrán que tú eres una bendición yendo a algún lugar para suceder!
Viendo a través de los ojos de la fe,
Joseph Prince

viernes, 6 de abril de 2018

Convéncete A Ti Mismo, No A Dios

Porque decía: Si tan sólo toco Sus ropas, sanaré.
Marcos 5:28

Con una gran multitud a Su alrededor, Jesús fue tocado por muchas personas ese día (Marcos 5:31), pero solo el toque de una mujer provocó respuesta en Él.  Y su toque, desató sanidad instantánea en su cuerpo, liberándola de una enfermedad que la había atormentado durante 12 años.
¿Quieres saber cómo tocar a Dios y recibir el milagro que necesitas?
Cuando la mujer escuchó que Jesús venía a su aldea, se dijo a sí misma: “Si tan solo toco Sus ropas, sanaré.”  En el camino a ver a Jesús, ella probablemente se dijo a sí misma varias veces: “Si toco Sus ropas, sanaré.  Voy a ser curada.”  No sabemos durante cuánto tiempo ella se estuvo diciendo esto a sí misma, pero ella estaba convencida de que Jesús la sanaría.
Si tú estás enfermo, convéncete a ti mismo  que Jesús es tu sanador y que por Sus heridas tú eres sano.  No necesitas convencer a Dios.  No es Él quien necesita ser persuadido, ¡porque Su bendición ya está sobre ti!  Eres tú quien necesita ser persuadido de que Dios ya te ha dado tu milagro.  Esa es la razón por la que tú confiesas Su Palabra —para convencerte a ti mismo, no a Dios, para persuadir tu corazón, no el Suyo.
Algunas personas confiesan su fe a otros, para convencer a Dios indirectamente.  Por ejemplo, si están creyendo a Dios por sanidad, van por todos lados diciendo a sus amigos: “Yo estoy creyendo a Dios por sanidad.”  Ellos están realmente tratando de convencer o persuadir a Dios para que los sane.  Le están diciendo a Dios: “Le he dicho a muchas personas lo que estoy creyendo que recibiré de Ti.  Sería muy vergonzoso si Tú no haces que eso suceda.”  Su confesión procede de incredulidad y está siendo utilizada para manipular a Dios.
Está bien decírselo a otros si quieres, para que ellos puedan respaldarte en fe por tu milagro.  Pero no lo hagas para probarle tu fe a Dios y convencerlo.  Tú solo necesitas convencerte a ti mismo de que Dios te ama y que se deleita en bendecirte.  Di para ti mismo: “Por Sus heridas yo soy sano.  Yo no sufriré falta de ningún bien.  ¡Yo soy grandemente bendecido, altamente favorecido y profundamente amado!”  Y deja que Dios se haga cargo del resto.
Viendo a través de los ojos de la fe,
Joseph Prince

miércoles, 13 de mayo de 2015

Jesús Sobrepagó Nuestra Deuda.

Hebreos 10:12
Pero El, habiendo ofrecido un solo sacrificio por los pecados para siempre, se sentó a la diestra de Dios.
¿Sabías que una vez nosotros tuvimos una gran deuda ante Dios?  No, no era una deuda de dinero, era una deuda por pecado.  Le debíamos a Dios una deuda de pecado, la cual nunca podríamos haber pagado.  Pero Dios nos amó de tal manera, que vino con un plan para pagar esa deuda —Él dio a Su Hijo para que muriera en la cruz por nuestros pecados.  Jesús no tenía pecado.  Así que, cuando Él fue a la cruz para llevar el castigo por nuestros pecados, Él pagó por nosotros la deuda que Él no debía.
Mi amigo, la verdad es que nuestra deuda por pecado ha sido más que pagada por completo.  De hecho, ¡Jesús la sobrepagó!  El sacrificio de Jesús fue un sobrepago por esa deuda, ya que no era solamente un buen hombre, venerado por Sus cualidades santas y Su buen carácter, el que murió por nosotros.  ¡Era el Hijo del Dios Viviente, el Creador del Universo, el Hombre Perfecto, el que murió por nosotros!
Ya que Jesús es Dios, Su sacrificio es mayor que los sacrificios de todos los hombres buenos —del pasado, presente y futuro— juntos.  Su sacrificio cuenta para todas las personas que han vivido en el pasado, todas los que vivimos actualmente y todas los que vivirán en el futuro.  Y Su sacrificio único, que dura para siempre, quitó todos nuestros pecados.
El sacrificio de Jesús fue también un sobrepago, porque Su sangre es de mucho más valor para Dios que la sangre de los toros y las cabras que se usaban en el pasado para expiar los pecados de los israelitas.  Su sangre es la sangre de Dios Mismo, no es sangre de animales.  Ya que Su sangre es eterna, Su sangre nos limpia para siempre, ¡así que tenemos perdón eterno!
Mi amigo, la próxima vez que recuerdes una mala acción, recuerda que Jesús, tu sacrificio por pecado, no solo pagó tu pecado al 100 por ciento, sino que Su sacrificio fue también un sobrepago.  Por lo tanto, tú puedes descansar verdadera y completamente en la presencia de Dios, sabiendo que Él está completamente satisfecho y completamente descansado, respecto a ti.  Él no va a encontrar algún pecado que tu hayas cometido, que la sangre de Jesús no haya cubierto.
Amado, ¡Dios puede darte Su bendición con justicia, y tú puedes esperar recibirla, porque Jesús sobrepagó tu deuda!
Pensamiento Del Día

Ya que Jesús sobrepagó tu deuda, tú puedes descansar verdadera y completamente en la presencia de Dios.


jueves, 26 de febrero de 2015

Convéncete A Ti Mismo, No A Dios

Marcos 5:28
Porque decía: Si tan sólo toco Sus ropas, sanaré.
Con una gran multitud a Su alrededor, Jesús fue tocado por muchas personas ese día (Marcos 5:31), pero solo el toque de una mujer provocó respuesta en Él.  Y su toque, desató sanidad instantánea en su cuerpo, liberándola de una enfermedad que la había atormentado durante 12 años.
¿Quieres saber cómo tocar a Dios y recibir el milagro que necesitas?
Cuando la mujer escuchó que Jesús venía a su aldea, se dijo a sí misma: “Si tan solo toco Sus ropas, sanaré.”  En el camino a ver a Jesús, ella probablemente se dijo a sí misma varias veces: “Si toco Sus ropas, sanaré.  Voy a ser curada.”  No sabemos durante cuánto tiempo ella se estuvo diciendo esto a sí misma, pero ella estaba convencida de que Jesús la sanaría.
Si tú estás enfermo, convéncete a ti mismo de que Jesús es tu sanador y que por Sus heridas tú eres sano.  No necesitas convencer a Dios.  No es Él quien necesita ser persuadido, ¡porque Su bendición ya está sobre ti!  Eres tú quien necesita ser persuadido de que Dios ya te ha dado tu milagro.  Esa es la razón por la que tú confiesas Su Palabra —para convencerte a ti mismo, no a Dios, para persuadir tu corazón, no el Suyo.
Algunas personas confiesan su fe a otros, para convencer a Dios indirectamente.  Por ejemplo, si están creyendo a Dios por sanidad, van por todos lados diciendo a sus amigos: “Yo estoy creyendo a Dios por sanidad.”  Ellos están realmente tratando de convencer o persuadir a Dios para que los sane.  Le están diciendo a Dios: “Le he dicho a muchas personas lo que estoy creyendo que recibiré de Ti.  Sería muy vergonzoso si Tú no haces que eso suceda.”  Su confesión procede de incredulidad y está siendo utilizada para manipular a Dios.
Está bien decírselo a otros si quieres, para que ellos puedan respaldarte en fe por tu milagro.  Pero no lo hagas para probarle tu fe a Dios y convencerlo.  Tú solo necesitas convencerte a ti mismo de que Dios te ama y que se deleita en bendecirte.  Di para ti mismo: “Por Sus heridas yo soy sano.  Yo no sufriré falta de ningún bien.  ¡Yo soy grandemente bendecido, altamente favorecido y profundamente amado!”  Y deja que Dios se haga cargo del resto.
Pensamiento Del Día

Eres tú quien necesita ser persuadido de que Dios y ate ha dado tu milagro.