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domingo, 22 de enero de 2017

El Poder Del Cuerpo y La Sangre

 “Porque todas las veces que comáis este pan y bebáis esta copa, la muerte del Señor proclamáis hasta que El venga.”
1a Corintios 11:26

Hace tiempo, una miembro de nuestra iglesia desarrolló trombosis venosa profunda mientras iba en un vuelo hacia a Israel.  Cuando desembarcaba del avión, ella colapsó y fue trasladada de urgencia al hospital.  Pero en el camino, su corazón dejó de latir.  Aparentemente, el coágulo de sangre en su pierna había viajado hacia su corazón, provocando que dejara de latir.   Después de algunos intentos, los doctores lograron revivir su corazón, pero ella permaneció inconsciente.  
A los pocos días, cuando llegué al hospital con algunos de los líderes de la iglesia, me dijeron que su condición había empeorado.  Ella estaba en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI).  Mis líderes y yo decidimos tomar la Santa Cena en la UCI, proclamando que Jesús había llevado todas sus enfermedades, incluyendo la trombosis venosa profunda, y que Su sangre ya la había redimido de todas las maldiciones, incluyendo las enfermedades y la muerte. 
Al día siguiente, ¡ella recuperó la conciencia! Su recuperación fue tan sobrenatural que después de una semana de observación, fue dada de alta y pronto estaba de gira por Israel con el siguiente grupo que llegó.
En otro caso, la anciana madre de un miembro de la iglesia fue sometida a una serie de operaciones y su estado se deterioró hasta el punto en el que el médico le dijo a la familia que debían prepararse para lo peor.  La familia tomó la Santa Cena en la UCI.  Ellos incluso pusieron una pequeña miga del pan en la boca de su madre y también vertieron un poquito de jugo de uva.  Al tercer día, algo milagroso sucedido: ¡Su madre recobró la conciencia, ella se recuperó  y fue dada de alta poco tiempo después!
Observa que cada vez que comes el pan y bebes de la copa, estás proclamando la muerte del Señor por ti.  Es decir que Tú disciernes que el cuerpo del Señor fue quebrantado para que tu cuerpo pudiera ser sano.  Y disciernes que Su cuerpo saludable llevó tus enfermedades y dolores, para que tu cuerpo pudiera tener salud.  Así que, cuando comes el pan, tú estás declarando que por sus heridas eres sanado.  Y cuando  bebes la copa, estás bebiendo la vida de Jesús que está en Su sangre.
Amado, la vida de Jesús es sin dolor, sin enfermedad y sin pobreza.  Esta atrae el favor y las bendiciones de Dios.  Y como tú tienes esa vida en ti, ¡esto provoca que sucedan cosas buenas para ti!
Viendo a través de los ojos de la fe,
Joseph Prince

Pensamiento Del Día

Cada vez que comes el pan y bebes de la copa, estás proclamando la muerte del Señor por ti.


jueves, 8 de octubre de 2015

Proclama La Muerte Del Señor

1ª Corintios 11:26
Porque todas las veces que comáis este pan y bebáis esta copa, la muerte del Señor proclamáis hasta que El venga.
En el Antiguo Testamento, cuando los hijos de Israel sacrificaban un cordero para el holocausto mientras se enfrentaban a un enemigo poderoso, la victoria era suya.  Por ejemplo, en 1ª Samuel 7:7-11, cuando los filisteos vinieron contra ellos, el profeta Samuel ofreció un cordero en holocausto.  Mientras este era ofrecido, el Señor vino como un fuerte trueno sobre el ejército filisteo, confundiéndolos.  Esto llevó a la victoria a los israelitas.
Cada vez que algo malo le pasaba a los hijos de Israel, al ofrecer el sacrificio de un cordero, ellos estaban proclamando la muerte del Señor, y la batalla cambiaba a su favor.
Hoy, cuando nos enfrentamos a un enemigo, ¿cómo ofrecemos nuestro “holocausto”?  ¿Cómo proclamamos la muerte del Señor y salimos victoriosos?  ¿Le pedimos a Jesús que venga a donde estamos y muera en la cruz nuevamente?
Por supuesto que no.  Jesús murió una vez por todos nuestros pecados —pasados, presentes y futuros (Hebreos 10:12).  Su obra es perfectamente perfecta y completamente completa, por lo cual Él no tiene que morir por nosotros de nuevo.  Hoy en día, proclamamos Su muerte simplemente al participar de la Cena del Señor.
Cada vez que participamos del pan y el vino, declaramos a los principados y potestades de las tinieblas que la muerte del Señor vale para nosotros.  Cada vez que participamos, estamos diciendo que debido a que Jesús ha sido juzgado y castigado en nuestro lugar, nosotros no podemos ser juzgados, ni castigados.  Que debido a que Jesús murió joven en nuestro lugar, nosotros vamos a vivir una larga vida.  Y debido a que Él conquistó a la muerte y despojó al diablo de sus poderes, nosotros no seremos derrotados.  ¡La victoria ya es nuestra!
Es por eso que el salmista David dijo: “Tú preparas mesa delante de mí en presencia de mis enemigos…” (Salmo 23: 5).  La mesa del Señor está preparada para nosotros en presencia de nuestros enemigos, ¡porque cuando participamos del pan y el vino, veremos a nuestros enemigos temblar y dispersarse!  ¿Por qué?  Porque cuando anunciamos la muerte del Señor a través de la Comunión de la Santa Cena, ¡estamos recordándole al diablo y a sus cohortes, de su humillante derrota en la cruz del Calvario! (Colosenses 2:15).
Pensamiento Del Día

Cada vez que participamos del pan y el vino, declaramos a los poderes de las tinieblas  ¡que la muerte del Señor vale para nosotros y que la victoria ya es nuestra!