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jueves, 24 de enero de 2019

El Cordero De Dios

Medita En
He ahí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.  (Juan 1:29)
Te animo a comenzar cada día con este pensamiento: “Dios me ama y dio a Su Hijo único por mí.  Jesús es mi todo hoy.  Yo soy salvo, sanado, favorecido, justificado y aceptado en Cristo el Amado”.
Comienza tu día ocupando tu mente con Jesús.  Durante una temporada en mi vida, incluso antes de levantarme de la cama, repetía para mí mismo una y otra vez: “Yo soy la justicia de Dios en Cristo”.  Algunas mañanas lo decía más de cincuenta veces.  Quería que esta fuera una revelación latente en mi corazón, una creencia inquebrantable de que Dios es para mí y está conmigo.  Cuando ocupas tu mente con Jesús, ¡toda lucha, temor y esclavitud con la que estés enredado perderá su dominio sobre ti!
Hay una hermosa imagen de Jesús escondida en el Antiguo Testamento.  Bajo el Antiguo Pacto de la Ley, a aquellos que habían pecado se les dijo que trajeran al sacerdote una oveja que no tuviera mancha, arruga, ni defecto alguno.  El sacerdote no examinaba a la persona para ver si era perfecta (sin pecado), porque esta había pecado.  Así que, el sacerdote examinaba a la oveja.
Si la oveja era realmente perfecta, la persona que había pecado, ponía sus manos sobre la oveja en un acto para transferir sus pecados hacia la oveja inocente.  Al mismo tiempo, la inocencia y perfección de la oveja era transferida a la persona.  Seguidamente se mataba a la oveja y la persona se iba con su conciencia limpiada y la deuda por su pecado perdonada.  La persona se alejaba bajo un cielo abierto al favor y la bendición de Dios.
¿Puedes identificar a Jesús en esta práctica del Antiguo Testamento?  La oveja sin mancha, arruga, ni defecto, es una imagen del perfecto Cordero de Dios, Jesucristo Mismo, quien quita los pecados del mundo.  El sacerdote es una imagen de Dios.  Él no te examina por tus pecados.  En cambio, Él examina a Jesús y debido a que Jesús es gloriosamente perfecto, tú puedes vivir hoy con tu conciencia limpiada y tu deuda por pecado perdonada.  Puedes caminar bajo un cielo abierto y esperar el favor y las bendiciones de Dios en tu vida.  Qué hermosa imagen de la abundante y espléndida gracia de Dios.
¡Hoy, aparta tus ojos de ti mismo y detén tu propia introspección!  Mira a Jesús, el Cordero de Dios y ve Su perfección como tu perfección.  Ve Su inocencia como tu inocencia, Su justicia como tu justicia.  Mantente ocupado con Él y se transformado desde adentro hacia afuera.
Viendo a través de los ojos de la fe, 
Joseph Prince

miércoles, 6 de junio de 2018

¡Nada Te Hará Daño, De Ninguna Manera!


Mirad, os he dado autoridad para hollar sobre serpientes y escorpiones, y sobre todo el poder del enemigo, y nada os hará daño.
Lucas 10:19
Hace algunos años, mientras viajaba en un vuelo interno dentro de los Estados Unidos, estaba sentado al lado de una mujer cuyo cuerpo estaba completamente tenso por el miedo.  Preocupado, le pregunté si podía ayudarla de alguna manera.  Entre sollozos, ella me habló sobre su temor a volar.  Yo le dije: “No se preocupe.  Yo estoy a bordo.  Nada va a pasarle al avión.”  No lo dije con orgullo.  Lo dije consciente de que el Señor estaba a bordo del avión conmigo, y que yo tendría un viaje seguro porque Él prometió que “Nada nos hará daño.”
Una vez, cuando Jesús estaba en el barco con Sus discípulos, les dijo: “Pasemos al otro lado.” (Marcos 4:35)  Creyendo que pasarían al otro lado, Él se quedó dormido en la popa.  Una gran tormenta se levantó, pero no pudo despertarlo de Su sueño, solo los gritos de Sus aterrados discípulos lo lograron.  Ellos habían olvidado lo que Jesús había dicho acerca de que ellos pasarían al otro lado.  También habían olvidado que con Jesús en el barco con ellos, no había posibilidad de que se hundieran.  Nada podía hacerles daño, de ninguna manera, porque Jesús estaba con ellos.
Aún el ser echados en un horno de fuego ardiente, no pudo hacerle daño a tres jóvenes hebreos, porque ellos creían que Dios iba a librarlos.  Ellos habían proclamado al pagano rey Nabucodonosor: “… Nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiente; y de tu mano, oh rey, nos librará.” (Daniel 3:17)  Y en medio de la prueba ardiente, su libertador no solo caminó con ellos en el fuego, Él también los libro de todo daño.  El rey Nabucodonosor incluso dijo: “¡Mirad! Veo cuatro hombres sueltos que se pasean en medio del fuego sin sufrir daño alguno, y el aspecto del cuarto es semejante al de un hijo de los dioses.”  (Daniel 3:25)
Amado, en medio de tu tormenta o de tu prueba ardiente, ¡nada te hará daño, de ninguna manera, porque Jesús está contigo!
Viendo a través de los ojos de la fe,
Joseph Prince

viernes, 24 de abril de 2015

Permite Que Jesús Lave Tus Pies

Juan 13:8
Pedro le contestó: “¡Jamás me lavarás los pies!”  Jesús le respondió: “Si no te lavo, no tienes parte conmigo.”
¿Te puedes imaginar al Señor desando lavarte los pies?  Pedro no pudo.  Su reacción de sorpresa —“Señor, ¿cómo podrías tú lavarme los pies?”— probablemente sería la nuestra también.
Quiero que te fijes en lo que el Señor le dijo a él: “Pedro, si no te lavo, no tienes parte conmigo.”  Lo que el Señor realmente le estaba diciendo a Pedro era: “Pedro, tú no puedes fluir junto conmigo, no puedes caminar junto a Mí en el ministerio, ni en el servicio, ni en efectividad, si no me permites lavar tus pies.”  Entonces Pedro le dijo: “Señor, [lávame] entonces no solo los pies, sino también las manos y la cabeza” (Juan 13:9).
Pero Jesús le respondió diciendo: “El que se ha bañado no necesita lavarse, excepto los pies, pues está todo limpio; y vosotros estáis limpios...” (Juan 13:10).
¡Una vez que hemos aceptado a Cristo como nuestro Señor y Salvador, estamos bañados por completo, y limpios por Su sangre, de una vez y para siempre!  Su sangre nos ha perfeccionado para siempre (Hebreos 10:14), así que nosotros solo necesitamos lavar nuestros pies porque caminamos en el mundo y nuestros pies recogen polvo y suciedad, haciéndonos tropezar.
Así que, ¿cómo está Jesús lavando tus pies hoy?  Efesios 5:25-26 nos dice que “Cristo amó a la iglesia y Se dio a Sí Mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado por el lavamiento del agua con la Palabra”.
Nosotros, la iglesia, hemos sido limpiados con el lavamiento del agua con la Palabra.  Cuanto más nos ponemos bajo la enseñanza ungida que revela a Cristo por medio de la Palabra, más continuará la limpieza.  Y a medida que nuestros pies son lavados, ¡en vez de tropezar, estaremos caminando e incluso corriendo!
Hoy, levantado hasta lo más alto y exaltado en el cielo, Jesús está vestido con una túnica y un cinto de oro alrededor de su pecho (Apocalipsis 1:13).  Como un siervo que utiliza su cinturón como una toalla para servir, Jesús quiere que nos sentemos y le permitamos a Él servirnos —lavando nuestros pies con una profunda revelación de Sí Mismo por medio de Su Palabra.  Amado, ¡esto es lo que nos da la victoria en nuestro diario caminar!
Pensamiento Del Día

Mientras recibimos una profunda revelación de Cristo por medio de Su Palabra, ¡vamos a ver la victoria en nuestro diario caminar!