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viernes, 12 de enero de 2018

¡El Precio Ha Sido Pagado!

Él mismo es el sacrificio que pagó por nuestros pecados, y no sólo los nuestros sino también los de todo el mundo.
1 Juan 2:2

Cuando la culpa y la condenación pesan mucho en la conciencia, muchos sienten la necesidad de pagar por sus pecados.  Para apaciguar el sentimiento de que han fracasado, se castigan a sí mismos, reprendiéndose mentalmente de forma constante por sus errores, y algunos incluso llegan tan lejos como causarse lesiones o dañar su propio cuerpo.  Y cuando las cosas no salen bien en sus estudios, trabajo o relaciones, se dicen a sí mismos que merecen ese resultado negativo.  Ellos no sienten que merecen tener éxito en lo que hacen.
Mi amigo, la respuesta a nuestra conciencia de culpabilidad, fracaso o insuficiencia, es la cruz.  La cruz declara: “Jesús, el puro, inmaculado, amado Hijo de Dios, murió en tu lugar.  ¡Ahí está tu castigo!  Él fue traspasado.  Fue cortado.  Él fue herido por nuestras transgresiones.  Él fue pisoteado para que tú no tengas que ser pisoteado.  Él murió joven, para que tú no tengas que morir joven.”
Nuestra conciencia se satisface cuando vemos hacia la cruz y vemos a Jesucristo colgando ahí, suspendido entre el cielo y la tierra.  Él que no conoció pecado, se hizo pecado por nosotros, y llevó la totalidad de la santa y justa indignación de Dios en Su propio ser, en nuestro nombre.
Cuando vemos hacia la cruz y entendemos: “Ahí está mi castigo.  Ahí está mi muerte,” nuestra conciencia dice: “Paz.  Ha sido pagado.”  Nosotros no tenemos que herirnos a nosotros mismos.  No tenemos que golpearnos a nosotros mismos.  Jesús lo sufrió todo por nosotros para que podamos tener todas Sus bendiciones y reinar en la vida.  Él solo es el sacrificio que expía nuestros pecados.  ¡Aleluya! 
Viendo a través de los ojos de la fe,

Joseph Prince

viernes, 17 de noviembre de 2017

Perdonados y Justificados En Rectitud

… todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por Su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús.
Romanos 3:23-24
Dios no nos justifica y bendice por fundamentos de piedad o misericordia. Él lo hizo por un fundamento mucho mayor –el fundamento de indiscutible gracia y justicia.  Él entregó a Su Hijo, Jesucristo.  En la cruz, Dios a Él que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios Él. (2 Corintios 5:21)  Dios juzgó a Jesús, castigándolo a Él con nuestros castigos, enfermedades y maldiciones.  Jesús llevó todo sobre Sí Mismo y lo sufrió todo en Su persona, y exclamó: “¡Consumado es!” (Juan 19:30)
Jesús pagó el precio más alto, para que Dios pudiera legalmente y justamente perdonarnos, justificarnos y bendecirnos.  Hoy, si el enemigo te susurra: “Te mereces estar en este problema a causa de lo que hiciste el año pasado,” tú con audacia puedes declarar: “En la cruz, Jesús tomó todo lo malo que yo merecía, y me dio Su justicia y Sus bendiciones.  ¡A causa de lo que Él hizo por mí, mis pecados son perdonados, yo soy justificado, y por Su sangre tengo derecho de sanidad, salud, plenitud, provisión y éxito!”
Amado, si Jesús sufrió y murió para que tú tengas todas las bendiciones de Dios, ¡cree en Su obra terminada y echa mano de estas bendiciones!  Cree y declara sobre ti: “Yo soy perdonado, justificado, sanado y abundantemente bendecido en base al fundamento sólido de la gracia y justicia de Dios.” 
Viendo a través de los ojos de la fe,

Joseph Prince


lunes, 1 de febrero de 2016

Tú Tienes Justicia De Primera Clase

Al que no conoció pecado, le hizo pecado por nosotros,
para que fuéramos hechos justicia de Dios en El.
2a Corintios 5:21

Algunos cristianos creen que tienen que trabajar para llegar a ser más justos.  Y luego se lastiman a sí mismos cuando cometen un error.  No se dan cuenta de que haciendo esas cosas, ellos no están buscando la justicia de Dios, sino están tratando de establecer su propia justicia por medio de guardar la ley y una conducta correcta. 
La justicia de Dios no se relaciona a una buena conducta.  Esta es un regalo de Dios para nosotros, por medio de Jesús.  Y ya que es un regalo, nosotros no podemos ganarla por guardar la ley y la buena conducta.  ¡Nosotros solamente la recibimos!
¿Y cómo recibimos este regalo?  Lo recibimos por medio de la cruz.  Dios hizo que Jesús “que no conoció pecado, fuera hecho pecado por nosotros, para que fuéramos hechos justicia de Dios en Él”.  Así que, hoy nosotros somos la justicia de Dios en Cristo.  ¡Somos tan justos como lo  es Jesús!
Pero algunos de nosotros pensamos que en el cuerpo de Cristo hay diferentes clases de justicia, así como las diferentes clases de un viaje en avión.  Pensamos que algunos de nosotros tenemos justicia de clase económica, otros tienen justicia de clase ejecutiva, y unos pocos seleccionados tienen justicia de primera clase.
¡Esto no tiene sentido!  Cuando Dios nos dio a Jesús, Él se convirtió en nuestra justicia.  Así que nosotros tenemos Su justicia.  ¡Esto significa que somos 100 por ciento justos a los ojos de Dios!  ¡No podemos sino tener justicia de primera clase!
Puede que digas: “No entiendo, Pastor Prince. ¿Cómo puedo yo ser justo, cuando he obrado mal?”  Piensa en esto: Jesús, quien no conocía pecado, fue hecho pecado por nosotros.  Jesús no conocía pecado, no cometió pecado y en Él no había pecado.  Pero en la cruz, Él recibió nuestro pecado y se convirtió en pecado por nosotros.
De la misma manera, nosotros, que éramos pecadores, no conocíamos la justicia, no hicimos justicia, y en nosotros no había justicia.  Pero en la cruz, nosotros recibimos Su justicia y nos volvimos la justicia de Dios en Cristo Jesús.
En la cruz, el intercambio divino se llevó a cabo.  Jesús tomó nuestro lugar para que nosotros pudiéramos tomar Su lugar.  Él no merecía ser hecho pecado, pero fue hecho pecado en lugar nuestro.  Nosotros no merecíamos ser hechos justos, pero fuimos hechos justos porque recibimos Su justicia.  ¡Que buena noticia!  ¡Que gracia tan maravillosa! 
Viendo a través de los ojos de la fe,
Joseph Prince

Pensamiento Del Día


Nosotros tenemos justicia de primera clase, la cual hemos recibido como un regalo de Dios por medio de Jesús.