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sábado, 26 de mayo de 2018

Dios No Te Juzga


¿Quién acusará a los escogidos de Dios?  Dios es el que justifica.
Romanos 8:33
Algunas personas ven a Dios como un juez que tiene demandas exigentes sobre el hombre.  Cuando se quedan cortos, o cuando las cosas van mal en sus vidas, piensan que es porque Dios los está juzgando.
Mi amigo, la verdad es que si tú eres un creyente, Dios no tiene ningún cargo contra ti.  Él te justifica por la sangre de Su Hijo.  De hecho, la Palabra de Dios continúa diciendo que Aquel que tiene derecho a condenarte, prefirió morir por ti, resucitó, y está a la diestra del Padre para justificarte. (Romanos 8:34)
Pero lo que el diablo intenta es hacerte creer que Dios te mira con un ojo crítico y te castiga cuando haces algo malo.   Ha engañado a muchos cristianos sinceros, haciéndoles creer que si han hecho algo malo, las cosas malas tienen derecho a venir sobre ellos y sus familias.  Y cuando estas cosas suceden, los convence de que están sufriendo el juicio de Dios a causa de sus malas acciones.  Mientras tanto, estos cristianos sinceros luchan con la condenación porque piensan que son ellos mismos la causa de sus problemas.
Nada puede estar más lejos de la verdad.  Desde la cruz, en donde Jesús fue juzgado en tu lugar por cada una de tus malas acciones, pensamientos y palabras, Dios ya no va a juzgarte a ti, Su hijo.  Tú no tienes por qué aceptar ninguna condenación porque Jesús llevó todo tu castigo en la cruz.
Así que, cuando comiences a sentirte condenado por tus acciones, o cuando experimentes circunstancias negativas, di: “Escrito está: Es Dios quien me justifica.  Yo soy completamente perdonado y hecho justo delante de Él.  ¡Me niego a aceptar la condenación y rechazo todos los síntomas de la maldición que estoy viendo en mis circunstancias!”
Luego, simplemente permanece firme en la verdad de la Palabra de Dios, y obsérvalo a Él liberarte y bendecirte.
Viendo a través de los ojos de la fe,
Joseph Prince

lunes, 30 de abril de 2018

Cubierto, Protegido, Liberado


El Señor iba delante de ellos, de día en una columna de nube para guiarlos por el camino, y de noche en una columna de fuego para alumbrarlos, a fin de que anduvieran de día y de noche.
Éxodo 13:21
Cuando los hijos de Israel anduvieron errantes en el desierto, Dios los guió yendo delante de ellos en una columna de nube durante el día y una columna de fuego durante la noche.
Durante el día, Dios extendía la columna de nube como una cobertura sobre Su pueblo en el desierto, para prevenir que el sol abrasador los hiriera y los debilitara.  El pueblo estaba cubierto por Su sombra y se mantenían frescos.  Hoy, tú también estás bajo Su cobertura.  Él no va a permitir que tú seas derribado (Salmo 121:3-8), ni que seas oprimido por el “calor” del día. (Isaías 54:14)
Durante la noche, cuando el desierto se volvía oscuro y frío, Dios le daba a Su pueblo la columna de fuego para iluminar su camino, y para mantenerlos cálidos y seguros.  Hoy,  mientras tú caminas con Dios, no serás abrumado por los lugares fríos y oscuros de la vida, porque la Palabra de Dios dice: “Porque todos vosotros sois hijos de la luz e hijos del día.  No somos de la noche ni de las tinieblas”. (1 Tesalonicenses 5:5)  Y no temerás el terror de la noche, ni la pestilencia que anda en tinieblas, porque Dios te librará de ellas. (Salmos 91:5-6)
Como los hijos de Israel, quienes solamente necesitaban dirigir su mirada hacia arriba y poner sus ojos en la columna de nube y la columna de fuego, todo lo que tú necesitas hacer hoy es dirigir tu mirada hacia arriba y poner tus ojos en Jesús.  Cuando necesites Su dirección en una situación, busca a Jesús quien tiene para ti palabras de vida eterna. (Juan 6:68)  Cuando veas síntomas de enfermedad en tu cuerpo, busca a Jesús quien llevó todas nuestras enfermedades y nuestras dolencias. (Mateo 8:17)
Cuando los hijos de Israel fueron mordidos por serpientes en el desierto, Dios le dijo a Moisés que hiciera una serpiente de bronce y la colocara en un poste —una figura de Cristo siendo juzgado en la cruz. (Juan 3:14)  Aquellos que pusieron su mirada en la serpiente de bronce en vez de ponerla en sus heridas, fueron sanados. (Números 21:9)  ¡Aquel que pone su mirada en Jesús vive!
Amado, pon tu mirada en Jesús.  ¡Él es tu cobertura, tu protección y tu liberación!
Viendo a través de los ojos de la fe,
Joseph Prince

domingo, 17 de julio de 2016

Mira A La Palabra, No A Los Hechos Naturales

Y Moisés hizo una serpiente de bronce y la puso sobre el asta; y sucedía que cuando una serpiente mordía a alguno, y éste miraba a la serpiente de bronce, vivía.
Números 21:9

“Pastor Prince, Yo se que Dios es mi sanador.  Pero ¿por qué esta enfermedad y este dolor están todavía en mi cuerpo?”  Si tú has estado viendo solo tu enfermedad y dolor todo este tiempo, para de verte a ti mismo y comienza a ver a Jesús.  ¿Llevó o no llevó Él sobre Sí Mismo tus enfermedades y dolores?
La Palabra de Dios declara: “Ciertamente Él llevó nuestras enfermedades, y cargó con nuestros dolores…” (Isaías 53:4).  Dado que Jesús ya llevó nuestras enfermedades y dolores en la cruz, Él ya no puede “no llevarlos”.  Incluso si tú hallas difícil de creer que Jesús ha pagado por tu sanidad, especialmente cuando el dolor es insoportable, la verdad es que incluso ese dolor ha sido pagado ya.  ¡Se trata de una obra terminada!
Dios no está diciendo que tu enfermedad no existe, tampoco te está pidiendo que pretendas que no está ahí.  Él te está pidiendo ver hacia otro lado, y no a la enfermedad, por doloroso que eso sea, y ver la verdad de que eso ya ha sido juzgado en la cruz, en el cuerpo de Su Hijo.
Una vez, mientras todavía estaban en el desierto, los hijos de Israel estaban siendo mordidos por serpientes venenosas.  Las serpientes eran reales.  Las mordeduras eran dolorosas y mortíferas.  Así que, Dios le dijo a Moisés que apuntara a las personas hacia la serpiente de bronce colocada en un asta —una representación de la cruz (Juan 3:14).  El bronce significa juicio.  En otras palabras, la serpiente —su problema— ya había sido juzgada en la cruz.
Aquellos que mantuvieron sus ojos en la serpiente de bronce, vivieron.  Aquellos que se enfocaron en sus heridas, murieron.  Así que, para de ver solo tu enfermedad.  En vez de ello, mira a la cruz y mira tu enfermedad ya juzgada en el cuerpo de Jesús.  ¡Ciertamente, Él llevó tu enfermedad y cargó tus dolores!  Esa es la verdad de la Palabra de Dios.  Y Su Palabra reemplaza los hechos naturales.
Mi amigo, eres tú quien permite que los hechos naturales dirijan o establezcan las verdades de Dios sobre tus problemas, al escoger en qué vas a enfocarte.  Así que, decide hoy no enfocarte en los hechos concernientes a tu problema.  Sino, establece la verdad de la Palabra de Dios y la obra terminada de Cristo sobre tu problema —¡y vive!
Viendo a través de los ojos de la fe,
Joseph Prince

Pensamiento Del Día

La verdad de la Palabra de Dios reemplaza los hechos naturales.


jueves, 10 de marzo de 2016

Discerniendo El Cuerpo Del Señor

Y después de dar gracias, lo partió y dijo: “Esto es Mi cuerpo que es partido para vosotros; haced esto en memoria de Mí.
1ª Corintios 11:24

¿Alguna vez has visto de cerca el Matzá, el pan que los judíos comen durante su cena de Pascua?  Este pan, que es sin levadura, es traspasado por hileras de pequeños hoyitos que forman rayas.  También es ligeramente quemado.  Muchas iglesias hoy en día utilizan este pan para la Comunión de la Santa Cena.
¿Sabes por qué el pan es traspasado, marcado con rayas y quemado?
Mi amigo, el pan que tú sostienes en tus manos cuando participas de la Cena del Señor, representa al cuerpo de nuestro Señor Jesucristo cuando Él llevó nuestros pecados y nuestras enfermedades en la cruz.
Así como el pan, Él fue traspasado en Su frente por la corona de espinas, y en Sus manos y pies, por los clavos.  Él fue también traspasado en Su costado por la lanza de un soldado.  El profeta Isaías dijo: “Él fue traspasado por nuestras rebeliones…” (Isaías 53:5, NVI)
Así como el pan, Él fue herido en Su espalda, hasta que Su carne estaba toda desgarrada y ensangrentada, y Sus huesos estaban expuestos, para que hoy, tú puedas decir: “¡Por Sus heridas yo he sido sanado!” (Isaías 53:5)
¿Y qué pasa con las marcas de quemadura del pan?  El fuego completo de la ira de Dios cayó sobre Jesús, quemando nuestros pecados hasta convertirlos en cenizas, y al mismo tiempo, liberando la fragancia de la ofrenda de Jesús.  ¡Hoy, nuestros pecados y maldades, no son sino cenizas, y tu Padre celestial ya no se recuerda de ellos! (Hebreos 8:12)
Así que, la próxima vez que participes del pan, durante la Comunión de la Santa Cena, recuerda que Jesús fue traspasado por tus pecados y herido por tu sanidad.  ¡Él llevó el fuego del juicio de Dios, para que tú nunca vuelvas a ser juzgado por tus pecados!  ¡Él también llevó tus enfermedades y cargó tus dolores para que tú puedas caminar en salud divina!
Cuando tú comprendes estas preciosas verdades sobre el cuerpo del Señor, tú estás participando de la Santa Cena de una manera digna.  Y no vas a ser débil, ni enfermizo, ni vas a morir antes de tu tiempo (1ª Corintios 27-30).  No, ¡tú vas a ser fuerte y saludable, y vas a vivir una vida larga!
Viendo a través de los ojos de la fe,
Joseph Prince

Pensamiento Del Día

¡Jesús fue traspasado por tus pecados y herido por tu sanidad para que tú puedas caminar en salud divina!


viernes, 26 de septiembre de 2014

Tú Tienes Al Verdadero

Medita En

Pero a ellos los sacó con plata y oro, y entre sus tribus no hubo quien tropezara.
Salmos 105:37
Ellos comieron su salida de la esclavitud y servidumbre.
En la noche de la primera Pascua, Dios le había dicho a Su pueblo que tomaran un cordero por familia, lo asaran, aplicaran su sangre en el marco de sus puertas y comieran el cordero asado en sus casas esa noche.  Al día siguiente, todos los israelitas, con “ninguno débil” entre ellos, salieran de Egipto hacia la libertad.
¿Por qué comer el cordero asado?  Porque este era una imagen de Jesús, el verdadero Cordero de Dios, apagando la ira ardiente de Dios por todos nuestros pecados y pagando el precio completo por nuestra sanidad en la cruz.
El cordero asado que los israelitas comieron era una representación. Hoy, tú tienes al verdadero.  Cada vez que participes de la comunión de la Santa Cena, mira al verdadero Cordero de Dios juzgado por tus pecados y enfermedades.  ¡Él te ha librado de todas las enfermedades! 
Bendiciones,

Joseph Prince