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domingo, 3 de mayo de 2020

Jesús Tiene La Última Palabra


Inspiración de Gracia
“Yo Soy el Alfa y la Omega, el Principio y el Fin” –dice el Señor Dios…  (Apocalipsis 1:8)
El médico te acaba de decir que tienes una enfermedad incurable.  Las radiografías y los análisis de sangre lo confirman.  Tus peores temores se hicieron realidad y sientes que tu futuro ha sido marcado.
Amigo, el informe médico no es definitivo.  Jesús te declara: “Yo Soy el Alfa y la Omega, el Principio y el Fin.” (Apocalipsis 1:8)  Él tiene la primera palabra y la última palabra en tu situación.  ¡Los expertos y los informes médicos no!
Alfa y Omega son la primera y última letras del alfabeto griego.  Pero Jesús no hablaba griego.  Él hablaba arameo o hebreo.  Así que, Él debía haber dicho: “Yo Soy el Aleph y el Tav”.  Aleph y tav son la primera y última letras del alfabeto hebreo.  De manera que lo que Jesús nos declara es esto: “Yo tengo la primera palabra en tu situación.  ¡Y Yo tengo la última palabra en tu situación!”
Cada letra hebrea tiene una imagen que le corresponde.  Curiosamente, aleph está asociada con un buey y tav, con una cruz.  Juntos, ambos crean una hermosa imagen de lo que Jesús hizo por nosotros —Él es el “animal” del sacrificio en la cruz.  Fue por nosotros que Él sufrió, sangró y murió.
Cuando Jesús colgó en la cruz, Él tomó nuestras enfermedades y cargó nuestras dolencias. (Ver Mateo 8:17)  Es por eso que tu enfermedad no tiene la última palabra en tu vida.  La tiene Jesús, porque Él tomó tu enfermedad sobre Su cuerpo y pagó por tu sanidad con Su sangre.
Cuando Jesús colgó en la cruz, Él tomó nuestra maldición. (Ver Gálatas 3:13)  Se suponía que nosotros fuéramos maldecidos por nuestros pecados, pero Él tomó nuestro lugar y la maldición cayó sobre Él.  ¡Hoy, nosotros tomamos Su lugar y Sus bendiciones caen sobre nosotros!
Entonces, ¿por qué conformarte con la maldición de la enfermedad o incluso la pobreza cuando Jesús pagó el precio por tu sanidad y provisión?  La enfermedad y la pobreza no tienen la última palabra en tu vida.  ¡La tiene Jesús porque Él te redimió de toda maldición!
Amado, cuando el hombre dice que es imposible, Jesús dice que es posible.  ¡El Alfa y la Omega, el Principio y el Fin, tiene la última palabra en tu situación!
Viendo a través de los ojos de la fe,
Joseph Prince

jueves, 7 de noviembre de 2019

Tu Refugio Y Fortaleza


Medita En
Diré yo al Señor: “Refugio mío y fortaleza mía, mi Dios en quien confío.  (Salmos 91:2)
¿Qué estás diciendo del Señor hoy?  Si estás diciendo que Él te dio el problema en el que estás actualmente o una enfermedad para enseñarte humildad, es hora de cambiar lo que crees acerca de Él.  Si tú realmente crees que Dios es el autor de tus problemas, ¿en verdad correrías hacia Él en busca de ayuda?
Amigo, seamos como el salmista que declaró: “Diré yo al Señor: ‘Refugio mío y fortaleza mía, mi Dios en quien confío’”.
La palabra hebrea para “refugio”, machaceh, se refiere a un refugio contra tormentas y peligro.  Este refugio es como los bunkers que muchos judíos tienen en sus hogares en Israel hoy para protegerlos de los ataques a pequeña escala.  En sentido figurado, cuando tú dices que el Señor es tu machaceh, también estás declarando que Él es tu lugar de esperanza.
El Señor también es tu fortaleza.  En hebreo, la palabra usada para “fortaleza” es matsuwd.  Ésta se refiere a un castillo o fortaleza, un lugar de defensa y protección contra los ataques a gran escala.  ¿No es esta una imagen hermosa?  Lo que sea que tú puedas estar pasando ahora, puedes declarar que el Señor es tu refugio y tu fortaleza —tu protección tanto en ataques pequeños como en ataques mayores.
Quizás no has estado diciendo que Dios está detrás de tus problemas.  Quizás no estás diciendo nada en absoluto acerca del Señor.  Quizás Dios parece estar muy lejos y te sientes separado de Él.  Si ese eres tú, ¿puedo animarte a tomarte hoy un descanso de lo que tengas en tu lista de pendientes y simplemente tomar tiempo para habitar en Su dulce presencia?  Dios no está distante; a veces nosotros simplemente estamos bastante distraídos para escuchar Su voz o sentir Su amorosa presencia.
Toma un momento y mírate a ti mismo bajo Su abrigo.  Mora bajo Su sombra.  Saborea Su favor.  Recibe Su sabiduría.  Y halla descanso para tu alma angustiada.  El sentimiento de estar distante de Dios es solo un sentimiento, nada más.  Él ha prometido en Su Palabra que Él nunca te dejará ni te abandonará. (Ver Heb. 13:5)  Nuestro Señor Jesús pagó para que tú tengas acceso a la constante presencia de Dios.  En la cruz, Él gritó: ”Dios Mío, Dios Mío, ¿por qué me has abandonado?”  Cuando Dios le dio la espalda. (Mateo 27:46)  Él tomó nuestro lugar y fue rechazado por Dios cuando cargó nuestros pecados, para que hoy nosotros podamos tomar Su lugar de estar a la presencia constante del Padre y tomarlo como nuestro refugio y fortaleza.
Viendo a través de los ojos de la fe,
Joseph Prince

sábado, 21 de julio de 2018

Jesús Tiene La Última Palabra


Yo soy el Alfa y la Omega —dice el Señor Dios— el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso.
Apocalipsis 1:8
El doctor te acaba de decir que tienes una enfermedad incurable.  Los exámenes de Rayos X y de sangre, lo confirman.  Tus peores temores se han hecho realidad y sientes como que tu futuro ha sido marcado.
Mi amigo, el diagnóstico del doctor no es el fin.  Jesús declara para ti: “Yo soy el Alfa y la Omega, el Principio y el Fin.” (Apocalipsis 1:8)  Él tiene la primera palabra, así como tiene la última palabra en tu situación.  ¡Ni los expertos, ni los reportes médicos la tienen!
Alfa y Omega, son las primera y última letras del alfabeto griego.  Pero Jesús no hablaba griego.  Él hablaba arameo o hebreo.  Así que, Él hubiera dicho: “Yo soy el Aleph y el Tav”.  Aleph y Tav son la primera y última letras del alfabeto hebreo.  Así que, lo que Jesús está declarando para nosotros es esto: “¡Yo tengo la primera palabra en tu situación!  ¡Y también tengo la última palabra en tu situación!”
Cada letra hebrea tiene una imagen correspondiente.  Interesantemente, Aleph está asociada con un buey, y Tav con una cruz.  Juntas, ambas hacen una hermosa figura sobre lo que Jesús hizo por nosotros —Él es el “animal” sacrificial en la cruz.  Fue por nosotros que Él sufrió, se desangró y murió.
Cuando Jesús colgaba de la cruz, Él tomó nuestras enfermedades y llevó nuestras dolencias. (Mateo 8:17)  Es por eso que tus enfermedades no tienen la última palabra en tu vida.  Jesús la tiene, porque Él llevó tus enfermedades sobre Su cuerpo y pagó por tu sanidad con Su sangre.
Cuando Jesús colgaba de la cruz, Él tomó nuestra maldición. (Gálatas 3:13)  Nosotros estábamos supuestos a ser malditos a causa de nuestros pecados, pero Él tomó nuestro lugar y la maldición cayó sobre Él.  Hoy, nosotros tomamos Su lugar y Sus bendiciones cayeron sobre nosotros.
Entonces, ¿por qué conformarte con la maldición de tu enfermedad, o incluso pobreza, cuando el precio por tu sanidad y tu provisión ya fueron pagados por Jesús?  La enfermedad y la pobreza no tienen la última palabra en tu vida.  ¡Jesús la tiene porque Él te redimió de toda maldición!
Amado, cuando el hombre dice que algo es imposible, Jesús dice que es posible.  ¡El Alfa y la Omega, Él que es el Principio y el Fin, tiene la última palabra en tu situación!
Viendo a través de los ojos de la fe,
Joseph Prince

jueves, 26 de abril de 2018

Dios Nunca Te Dará La Espalda


… El mismo ha dicho: “Nunca te dejare ni te desamparare”.
1 Juan 4:10
Por seis horas completas, el Hijo de Dios estuvo suspendido entre el cielo y la tierra.  Y al peso de Su sufrimiento en la cruz, Él clamó desde la oscuridad profunda: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” (Mateo 27:45-46)
Por primera vez, Jesús se dirige a Su Padre como “Dios.”  El Padre había abandonado al Hijo.  Como Juez del universo, Dios tuvo que darle la espalda a Su Hijo, quien estaba cargando la inmundicia de los pecados del mundo, porque Sus ojos son demasiado limpios para mirar el mal. (Habacuc 1:13)
Si el Padre no le hubiera dado la espalda a Su Hijo, Él tendría que darte la espalda a ti ahora cuando tú clamas a Él en el momento de tu necesidad.  ¡Pero debido a que Jesús tomó tu lugar, ahora, tú puedes tomar Su lugar y encontrar siempre el rostro de Dios sonriendo!
Justo ahora, el rostro de Dios está sonriendo para ti.  Su rostro está brillando sobre ti.  Yo puedo pararme delante de ti y declarar: “El Señor haga resplandecer Su rostro sobre ti”. (Números 6:25-26)  Y esto es porque Jesús pagó el precio para que Dios nunca te deje ni te abandone. (Hebreos 13:5)
Como Juez, Dios le dio la espalda a Su Hijo.  Pero como Padre, Él lloró.  Su corazón se rompió porque Cristo nunca fue más complaciente para Él, como cuando estaba en la cruz.  El sufrimiento de Cristo fue un aroma fragante para el Padre. (Efesios 5:2)
¿Recuerdas lo que Jesús dijo?  “Por eso el Padre Me ama, porque Yo doy Mi vida para tomarla de nuevo.” (Juan 10:17)  Si eres padre, amas a cada uno de tus hijos de igual manera.  Pero cuando uno de ellos hace algo especial para ti, por amor, eso toca tu corazón y solo quieres correr hacia él y abrazarlo.
Eso fue lo que pasó en la cruz, excepto que el Padre no pudo abrazar a Su Hijo.  En vez de eso, Él tuvo que darle la espalda a Su Hijo porque nuestros pecados tenían que ser castigados en el cuerpo de Su Hijo. 
Amado, cuando tú clames hoy al Padre por ayuda, debes saber que Él te escucha y ciertamente va a ayudarte.  ¡Debido a Jesús, Él nunca va a darte la espalda a ti!
Viendo a través de los ojos de la fe,
Joseph Prince

jueves, 22 de marzo de 2018

Jesús Tomó Tu Lugar Para Que Tú Puedas Tomar El Suyo


Y alrededor de la hora novena, Jesús exclamó a gran voz, diciendo: “Eli, Eli, ¿lema sabactani?”  Esto es: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”
Mateo 27:46
¿Sabías que fue en la cruz que Jesús se dirigió a Su Padre como “Dios” por primera vez?  Él siempre se había dirigido a Su Padre como “Padre”.  Pero en la cruz del Calvario, Él se dirigió a Su Padre como “Dios”.
Jesús perdió la relación Padre-Hijo cuando Él estaba representándote a ti y cargando tus pecados en la cruz, para que hoy tú puedas llamar a Dios “¡Abba! ¡Padre!” (Romanos 8:15), y tengas una amorosa relación padre-hijo con Dios, para siempre.  Jesús fue abandonado por Dios y Su mundo se volvió muy oscuro en ese monte solitario, para que en tu hora más oscura, Dios pudiera siempre decirte: “¡Yo no te dejaré, ni te abandonaré!” (Hebreos 13:5)
En el momento en el que Jesús más necesitaba a Dios, Dios le dio la espalda.  Dios tuvo que darle la espalda a Su Hijo porque Sus ojos eran demasiado santos para contemplar todo el pecado que estaba en el cuerpo de Su Hijo.  Y debido a que Dios le dio la espalda a Jesús, Él nunca te dará la espalda a ti.  En cambio, ¡tú verás el favor del rostro de Dios brillando sobre ti todo el tiempo!
Jesús también tomó en la cruz tu lugar como desprotegido.  Por primera vez, Él entregó la protección divina para que tú pudieras tenerla cada uno de los días de tu vida.  Y debido a que Él se hizo pecado, Él tomó tu maldición en la cruz para que hoy mientras tú tomas Su regalo de justificación, recibas solamente las bendiciones de parte de Dios.
Jesús recibió todo el peso de la ira de Dios en Su cuerpo de una vez y para siempre, cuando Él llevó tus pecados.  Toda la ira y condenación de Dios cayeron sobre Él, consumiendo todos tus pecados, hasta que la ira de Dios fue extinguida.
Hoy, Dios no está enojado contigo.  El cuerpo de Jesús absorbió todo —tus pecados, las maldiciones, y la ira y condenación de Dios.  Así que, ¡vive la vida expectante de ver la bondad y las bendiciones de Dios, y no Su juicio!
Viendo a través de los ojos de la fe,
Joseph  Prince

sábado, 26 de marzo de 2016

Dios Nunca Te Dará La Espalda

… El mismo ha dicho: “Nunca te dejare ni te desamparare”.
1ª Juan 4:10

Por seis horas completas, el Hijo de Dios estuvo suspendido entre el cielo y la tierra.  Y al peso de Su sufrimiento en la cruz, Él clamó desde la oscuridad profunda: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” (Mateo 27:45-46)
Por primera vez, Jesús se dirige a Su Padre como “Dios.”  El Padre había abandonado al Hijo.  Como Juez del Universo, Dios tuvo que darle la espalda a Su Hijo, quien estaba cargando la inmundicia de los pecados del mundo, porque Sus ojos son demasiado limpios para mirar el mal (Habacuc 1:13).
Si el Padre no le hubiera dado la espalda a Su Hijo, Él tendría que darte la espalda a ti ahora cuando tú clamas a Él en el momento de tu necesidad.  ¡Pero debido a que Jesús tomó tu lugar, ahora, tú puedes tomar Su lugar y encontrar siempre el rostro de Dios sonriendo!
Justo ahora, el rostro de Dios está sonriendo para ti.  Su rostro está brillando sobre ti.  Yo puedo pararme delante de ti y declarar: “El Señor haga resplandecer Su rostro sobre ti” (Números 6:25-26).  Y esto es porque Jesús pagó el precio para que Dios nunca te deje ni te abandone (Hebreos 13:5).
Como Juez, Dios le dio la espalda a Su Hijo.  Pero como Padre, Él lloró.  Su corazón se rompió porque Cristo nunca fue más complaciente para Él, como cuando estaba en la cruz.  El sufrimiento de Cristo fue un aroma fragante para el Padre (Efesios 5:2).
¿Recuerdas lo que Jesús dijo?  “Por eso el Padre Me ama, porque Yo doy Mi vida para tomarla de nuevo.” (Juan 10:17)  Si eres padre, amas a cada uno de tus hijos de igual manera.  Pero cuando uno de ellos hace algo especial para ti, por amor, eso toca tu corazón y solo quieres correr hacia él y abrazarlo.
Eso fue lo que pasó en la cruz, excepto que el Padre no pudo abrazar a Su Hijo.  En vez de eso, Él tuvo que darle la espalda a Su Hijo porque nuestros pecados tenían que ser castigados en el cuerpo de Su Hijo. 
Amado, cuando tú clames hoy al Padre por ayuda, debes saber que Él te escucha y ciertamente va a ayudarte.  ¡Debido a Jesús, Él nunca va a darte la espalda a ti!
Viendo a través de los ojos de la fe,
Joseph Prince

Pensamiento Del Día

¡Debido a que Jesús tomó tu lugar en la cruz, el rostro de Dios está siempre sonriendo para ti!


sábado, 21 de marzo de 2015

Dios Nunca Te Dará La Espalda

1ª Juan 4:10
… El mismo ha dicho: “Nunca te dejare ni te desamparare”.
Por seis horas completas, el Hijo de Dios estuvo suspendido entre el cielo y la tierra.  Y al peso de Su sufrimiento en la cruz, Él clamó desde la oscuridad profunda: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” (Mateo 27:45-46).
Por primera vez, Jesús se dirige a Su Padre como “Dios”.  El Padre había abandonado al Hijo.  Como Juez del Universo, Dios tuvo que darle la espalda a Su Hijo, quien estaba cargando la inmundicia de los pecados del mundo, porque Sus ojos son demasiado limpios para mirar el mal (Habacuc 1:13).
Si el Padre no le hubiera dado la espalda a Su Hijo, Él tendría que darte la espalda a ti ahora cuando tú clamas a Él en el momento de tu necesidad.  ¡Pero debido a que Jesús ha tomado tu lugar, ahora, tú tomas Su lugar y encuentras siempre el rostro de Dios sonriendo!
Justo ahora, el rostro de Dios está sonriendo para ti.  Su rostro está brillando sobre ti.  Yo puedo pararme delante de ti y declarar: “El Señor haga resplandecer Su rostro sobre ti” (Números 6:25-26).  Y esto es porque Jesús ha pagado el precio para que Dios nunca te deje ni te abandone (Hebreos 13:5).
Como Juez, Dios le dio la espalda a Su Hijo.  Pero como Padre, Él lloró.  Su corazón se rompió porque Cristo nunca fue más complaciente para Él, como cuando estaba en la cruz.  El sufrimiento de Cristo fue un fragante aroma para el Padre (Efesios 5:2).
¿Recuerdas lo que Jesús dijo?  “Por eso el Padre Me ama, porque Yo doy Mi vida para tomarla de nuevo” (Juan 10:17).  Si eres padre, amas a cada uno de tus hijos de igual manera.  Pero cuando uno de ellos hace algo especial para ti, por amor, eso toca tu corazón y solo quieres correr hacia él y abrazarlo.
Eso fue lo que pasó en la cruz, excepto que el Padre no pudo abrazar a Su Hijo.  En vez de eso, Él tuvo que darle la espalda a Su Hijo porque nuestros pecados tenían que ser castigados en el cuerpo de Su Hijo. 
Amado, cuando tú clames hoy al Padre por ayuda, debes saber que Él te escucha y ciertamente va a ayudarte.  ¡Debido a Jesús, Él nunca va a darte la espalda a ti!
Pensamiento Del Día

¡Debido a que Jesús tomó tu lugar en la cruz, el rostro de Dios está siempre sonriendo para ti!


domingo, 6 de abril de 2014

El Intercambio Divino

Medita En

Porque conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que siendo rico, sin embargo por amor a vosotros se hizo pobre, para que vosotros por medio de Su pobreza llegarais a ser ricos.
2ª Corintios 8:9


El apóstol Pablo nos dice en 2a Corintios 8:9 que por amor a nosotros Jesús se hizo pobre para que nosotros por medio de Su pobreza llegáramos a ser ricos.  En la cruz, Jesús tomó todo nuestro pecado y pobreza.  Él fue humillado, escupido y despojado.  Los soldados romanos incluso apostaron Sus ropas.
Aquel que alimentó a más de 5,000 personas, que dio a los pescadores una gran carga de pesca que les rompía la red y hundía la barca, y quien colocó los diamantes y rubíes en la tierra, tomó tu lugar de pobreza en la cruz, solo para que tú puedas tomar Su lugar de abundancia.  Un intercambio divino ocurrió en el Calvario –tu pecado por Su justicia y tu pobreza por Su provisión.
Mi amigo, Jesús es la razón de que tú puedas ser cabeza y no cola, estar por encima solamente y no debajo.  Él es la razón de que tú puedas ser bendecido para ser bendición.  Pon tu confianza en Su presencia en tu vida y lo que Su obra terminada ha alcanzado para ti!
Bendiciones,

Joseph Prince