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jueves, 22 de marzo de 2018

Jesús Tomó Tu Lugar Para Que Tú Puedas Tomar El Suyo


Y alrededor de la hora novena, Jesús exclamó a gran voz, diciendo: “Eli, Eli, ¿lema sabactani?”  Esto es: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”
Mateo 27:46
¿Sabías que fue en la cruz que Jesús se dirigió a Su Padre como “Dios” por primera vez?  Él siempre se había dirigido a Su Padre como “Padre”.  Pero en la cruz del Calvario, Él se dirigió a Su Padre como “Dios”.
Jesús perdió la relación Padre-Hijo cuando Él estaba representándote a ti y cargando tus pecados en la cruz, para que hoy tú puedas llamar a Dios “¡Abba! ¡Padre!” (Romanos 8:15), y tengas una amorosa relación padre-hijo con Dios, para siempre.  Jesús fue abandonado por Dios y Su mundo se volvió muy oscuro en ese monte solitario, para que en tu hora más oscura, Dios pudiera siempre decirte: “¡Yo no te dejaré, ni te abandonaré!” (Hebreos 13:5)
En el momento en el que Jesús más necesitaba a Dios, Dios le dio la espalda.  Dios tuvo que darle la espalda a Su Hijo porque Sus ojos eran demasiado santos para contemplar todo el pecado que estaba en el cuerpo de Su Hijo.  Y debido a que Dios le dio la espalda a Jesús, Él nunca te dará la espalda a ti.  En cambio, ¡tú verás el favor del rostro de Dios brillando sobre ti todo el tiempo!
Jesús también tomó en la cruz tu lugar como desprotegido.  Por primera vez, Él entregó la protección divina para que tú pudieras tenerla cada uno de los días de tu vida.  Y debido a que Él se hizo pecado, Él tomó tu maldición en la cruz para que hoy mientras tú tomas Su regalo de justificación, recibas solamente las bendiciones de parte de Dios.
Jesús recibió todo el peso de la ira de Dios en Su cuerpo de una vez y para siempre, cuando Él llevó tus pecados.  Toda la ira y condenación de Dios cayeron sobre Él, consumiendo todos tus pecados, hasta que la ira de Dios fue extinguida.
Hoy, Dios no está enojado contigo.  El cuerpo de Jesús absorbió todo —tus pecados, las maldiciones, y la ira y condenación de Dios.  Así que, ¡vive la vida expectante de ver la bondad y las bendiciones de Dios, y no Su juicio!
Viendo a través de los ojos de la fe,
Joseph  Prince

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