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miércoles, 17 de septiembre de 2014

Permite Que Sea El Señor Quien Te Promueva

Medita En

Cuando le llegó a Ester, hija de Abihail tío de Mardoqueo, quien la había tomado por hija, el tiempo de venir al rey, ninguna cosa procuró sino lo que dijo Hegai eunuco del rey, guarda de las mujeres; y ganaba Ester el favor de todos los que la veían.
Ester 2:15
Cuando el Rey Asuero estaba en busca de una nueva reina, las mujeres más hermosas de la tierra fueron traídas al palacio.  A todas las mujeres se les dio la oportunidad de elegir lo que quisieran de la casa de las mujeres, para adornarse antes de ser llevadas a una audiencia con el rey.
Pero cuando fue el turno de Ester, ella “ninguna cosa procuró sino lo que dijo Hegai eunuco del rey, guarda de las mujeres”.  Y mire los resultados: “Ester ganaba el favor de todos los que la veían”, y el rey “amó a Ester más que a todas las otras mujeres, y halló ella gracia y benevolencia delante de él más que todas las demás vírgenes; y puso la corona real en su cabeza, y la hizo reina” (Ester 2:17).
Mientras que las otras mujeres probablemente trataban de superarse unas a otras confiando en sus propias fuerzas, Ester sabiamente se sometió a la persona que conocía mejor las preferencias del rey, y los resultados hablan por sí mismos.  Quiero que notes como Ester dependió del favor inmerecido del Señor.  Ella no luchó por ganar.  Ella descansó en el Señor y se humilló a sí misma, y el Señor la promovió y la exaltó por encima de todas las otras mujeres hermosas.
Mi amigo, cuando tú te humillas y dejas de esforzarte para ser promovido, y dependes solamente de Jesús, el Señor será tu promoción y tu aumento.  Como Ester, ¡tú sobresaldrás de entre la multitud y obtendrás gracia y favor con Dios y los hombres!  
Bendiciones,

Joseph Prince


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